Tag: ciudadano digital

  • Fomentar un aprendizaje crítico, democrático y veraz en un mundo tecnológicamente acelerado

    Por Adrian Solis

    Vivimos en un mundo tecnológicamente acelerado donde los dispositivos electrónicos que nos conectan a internet cada vez tienen una importancia y dependencia en nuestras vidas más marcada. Un vivo reflejo de esta aceleración tecnológica la hemos vivido en los últimos años dentro de las propias aulas. Cada vez son más los centros que optan por incorporar los ordenadores portátiles como un elemento más del material escolar, con la incorporación de licencias digitales para el estudio de diversas materias curriculares. Independientemente de las ventajas e inconvenientes que tiene esta sustitución del estudio clásico de las materias por las licencias digitales con el ordenador, hay otra cuestión que deberíamos reflexionar sobre cómo afecta esto a[1] nuestras estudiantes en el aula. Dado que ya es una realidad esta incorporación de los ordenadores, ¿qué uso hacemos como docentes, y hacen nuestras alumnas, del propio ordenador en el aula?

    Nuestra misión como docentes es formar a personas críticas, con conocimientos sólidos y bien informados respecto a todas las materias. A veces pensamos que el pensamiento crítico es algo exclusivo de la materia de Filosofía, pero no debería estar restringido a ninguna materia. El pensamiento crítico no tiene que ver con simplemente “ir en contra de alguna idea”, sino que tiene que ver con una reflexión profunda hacia algún tema. Conocer críticamente quiere decir conocer de manera informada, y no simplemente dogmática, respecto a un tema (independientemente de cuál sea este tema). Como docentes, debemos ser capaces de transmitir un conocimiento reflexivo, veraz e informado de lo que enseñamos. En tanto que nuestras alumnas tienen un acceso continuo a información a través del ordenador a clase y también de sus propios dispositivos electrónicos a los que están en continua conexión a través de las redes sociales, una función importante del docente debería ser saber guiarlos en el embrollo que supone el acceso a información en internet. Las alumnas deberían ser capaces de desembozar la información que reciben y saber dónde pueden encontrar información veraz, contrastada y objetiva de los temas que quieren aprender o tener conocimiento. Que cuando reciban información parcial, sesgada y malintencionada para generar creencias falsas sobre temas de gran importancia social y política, sean capaces de reflexionar críticamente sobre esta información a través de la contrastación con datos objetivos a fuentes de información fiable y veraz.

    Como docentes tenemos una responsabilidad intelectual muy grande sobre los temas que se plantean, discuten y se enseñan en las aulas. No obstante, los docentes también somos personas con concepciones, inclinaciones e ideas sesgadas, y quizás podemos extralimitarnos en los contenidos que se explican en clase, ya sea de manera intencionada o inintencionada. Como muestra de ello, es posible que compañeros o compañeras docentes introduzcan contenidos subjetivos, no informados ni contrastados empíricamente con datos objetivos y veraces. Si formamos alumnos críticos, reflejitos y con capacidad de contrastar información a base de datos objetivos y veraces, entonces nuestras aulas serán realmente democratizadas, donde el conocimiento no será unidireccional y dogmático. Esto no quiere decir que todo conocimiento deba ser puesto en duda y nos deje en un relativismo absoluto, sino que el conocimiento debe estar guiado a la verdad, y eso se consigue siempre desde una base reflexiva y crítica. El docente debe guiar al alumno hacia la verdad y dar las herramientas para poder fomentar su conocimiento en bases sólidas. Como decía el filósofo José Ortega y Gasset “siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas”. Enseñar debe ser un ejercicio de descubrimiento de la verdad y no una imposición dogmática de una figura de autoridad, que a veces puede ser malintencionada y las alumnas pueden recibir una información sesgada respecto a temas de gran importancia social como son la inmigración, los estados totalitarios como el fascismo, los sistemas políticos alternativos al capitalismo… Todos estos temas pueden ser reproducidos por mensajes malintencionados sin una información objetiva y veraz y que como docentes debemos ser capaces de transmitir con claridad y de manera informada, además de saber orientar a las alumnas en la búsqueda de información veraz y no aceptar cualquier transmisión de conocimiento simplemente para que provenga de una figura de autoridad (sea cual sea). La democratización de la educación pasa por tener una base sólida de alumnos con capacidad crítica, que no acepten de manera dogmática la información transmitida por una figura de autoridad, sino que son capaces de reflexionar críticamente la información que reciben para así llegar a un conocimiento más profundo.

     


    Notas:

    [1] Utilizaré el femenino como género no marcado.

  • Una perspectiva global sobre la ciudadanía democrática responsable

    Una perspectiva global sobre la ciudadanía democrática responsable

    Por Georgios Kostakos*

    La noción moderna de “ciudadanía” está relacionada con el Estado nación y surgió en gran medida de la lucha por los derechos civiles en las sociedades occidentales. En los últimos años, el término “ciudadanía” o “ciudadano” suele utilizarse en un sentido más amplio: informalmente, como en “ciudadano del mundo”, o incluso formalmente, como en “ciudadano de la Unión Europea”. Sin embargo, ¿puede haber conceptos, actitudes y modalidades de ciudadanía con respecto a instituciones cuasisoberanas o supranacionales, tanto a nivel regional (por ejemplo, la UE) como mundial (por ejemplo, las Naciones Unidas) o los términos “ciudadano” y “ciudadanía” se utilizan metafóricamente en tales casos?

    Veamos algunos aspectos clave de la ciudadanía para explorar si también se aplican a instituciones más allá del Estado nación. El principal documento de referencia, con el que a menudo se presta juramento de ciudadanía y/o de servicio público, es la constitución del Estado. ¿Existe tal cosa en el contexto global de la ONU y en el contexto regional de la UE? En realidad, el documento fundacional de la ONU es la Carta de las Naciones Unidas, que tiene algo de evangelio, pero no se la suele tener muy en cuenta. Junto con la Carta, la Declaración Universal de los Derechos Humanos completa el dúo constitucional nuclear del sistema de gobernanza mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. Puede que la UE no cuente con una constitución como tal (los intentos de dotarla de una han fracasado hasta ahora), pero sus “acuerdos fundacionales”, incluidos los tratados de Roma, Maastricht y Lisboa, desempeñan este papel y son una referencia clara para sus ciudadanos.

    Una determinada historia de la creación o “mito fundacional” también forma parte de la herencia compartida que determina la ciudadanía en el nivel del Estado nación. Puede ser la lucha de liberación contra una potencia colonial o la lucha por los derechos del pueblo contra una monarquía o una oligarquía. La épica de la Segunda Guerra Mundial desempeña ese papel tanto para la ONU como para la UE, ya que su creación fue parte del esfuerzo por evitar que se repitiera tal carnicería y destrucción, tanto en el mundo en su conjunto como en el continente europeo.

    El sentido de identidad y solidaridad es otro aspecto clave de la ciudadanía a nivel estatal. Pero ¿es igual de evidente en los niveles regional y global? La respuesta es positiva, si se tiene en cuenta el “paquete de ciudadanía de la UE”, que incluye varios textos legales y disposiciones administrativas en apoyo de los derechos de las personas que ostentan la ciudadanía de cualquiera de los países de la UE, junto con un conjunto de programas de financiación que distribuyen dinero a agricultores, artistas, investigadores y muchos otros grupos en toda la UE. Los diversos instrumentos internacionales en materia  de derechos humanos, el trabajo de instituciones como el Consejo de Derechos Humanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, así como los mecanismos multilaterales de financiación del sistema de las Naciones Unidas, como el PNUD, UNICEF, el Banco Mundial, el  FIDA, el Fondo Verde para el Clima, etc., también desempeñan el mismo papel a nivel mundial, aunque con márgenes financieros mucho más estrechos.

    Otro nivel de gobernanza que ha surgido recientemente pero que no puede ser ignorado es el del ciberespacio. Un gran número de personas, en particular los jóvenes, pasan en línea gran parte de su tiempo, de sus vidas. El término “ciberciudadano” o “ciudadano digital”ha adquirido un significado de facto y también debe ser tenido en cuenta cuando se habla de ciudadanía más allá del Estado nación.  ¿Cuál es la fuente de legitimidad y “soberanía” en el ciberespacio? No existe ningún documento fundacional como tal, ni tampoco ningún mito fundacional unificador. Uno tiene que dirigirse a los “reinos cibernéticos” individuales para obtener los documentos fundacionales y las narrativas de las superpotencias digitales como Google, Microsoft, Facebook/Meta o X (anteriormente conocida como Twitter), o a los muchos “principados” más pequeños y comunidades de todo tipo que ofrecen un sentido de identidad y solidaridad a grupos de personas de ideas afines.

    En conclusión, los seres humanos de hoy tienen que lidiar con muchas identidades y ciudadanías superpuestas, que pueden considerarse complementarias, a menos que algo salga mal en las relaciones entre los diversos niveles de gobernanza en los que se basa cada una de ellas. Si bien la ciudadanía a nivel estatal sigue siendo la más definitoria para el individuo, sobre todo debido a los documentos de nacionalidad y a los acuerdos de aplicación que se mantienen a ese nivel, otras ciudadanías o “metaciudadanías” se están convirtiendo cada vez más en el “foco” de la lealtad y el compromiso. Ningún currículo de Educación para la Democracia (EpD), ni siquiera controlado por las autoridades estatales como parte de los sistemas educativos nacionales, puede ignorar las nociones y prácticas emergentes más amplias de ciudadanía a nivel regional, global y digital. Deben ser tenidas en cuenta y armonizadas para alcanzar el objetivo compartido del bienestar individual y social, la seguridad humana y la resiliencia en todos los niveles y fronteras.

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    * Basado en una presentación realizada por el Dr. Georgios Kostakos en la Conferencia General de la ECPR 2023, Universidad Carolina, Praga, 7 de septiembre de 2023.

    Georgios Kostakos es cofundador y director ejecutivo de la Fundación para la Gobernanza Global y la Sostenibilidad (FOGGS), con sede en Bruselas, que se centra, entre otras cosas, en la ética de la gobernanza mundial y en una nueva narrativa de la globalización, el establecimiento de un Consejo Mundial de Resiliencia y el replanteamiento de la educación para la era digital. Alrededor de la mitad de su experiencia laboral de treinta años se ha centrado en la ONU, incluida la Oficina Ejecutiva del Secretario General de la ONU, el Panel de Alto Nivel sobre Sostenibilidad Global y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).