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  • Democracia más allá de la razón: cómo el afecto moldea la vida política

     

     

    El Proyecto DEMOCRAT ha entrado en una fase de reflexión sobre los resultados de sus actividades de investigación e innovación. En el desarrollo del esquema del Currículo Europeo para la Educación Democrática, la importancia de las emociones en el proceso de aprendizaje ya había sido identificada y posteriormente validada por programas piloto.

    La importancia de las emociones en el contexto del aprendizaje ha sido objeto de un considerable debate dentro del ámbito educativo. Esto es análogo al discurso sobre la importancia de las emociones en los procesos democráticos. Esto desafía el argumento de que la democracia es un proyecto de la Ilustración basado exclusivamente en la razón, guiado por una racionalidad comunicativa que intercambia argumentos. A la luz de experiencias pasadas (por ejemplo, dos guerras mundiales o regímenes fascistas gobernando países), las emociones políticas han sido y se consideran peligrosas porque bloquean los procesos de reflexión basados en la razón, dificultan un posible consenso social y fomentan la polarización social.

    Por el contrario, es ampliamente reconocido que los procesos de participación política y de la sociedad civil tienen un componente emocional. La decisión de unirse a un partido político, movimiento social u organización de la sociedad civil, como la Cruz Roja, Caritas, Greenpeace o Fridays for Future, rara vez se basa únicamente en motivos racionales. Además, los votantes no están obligados a proporcionar una justificación para sus decisiones de voto. Este principio es igualmente aplicable a los procedimientos parlamentarios, en los que los miembros de los parlamentos no están obligados a justificar sus decisiones, especialmente en el contexto de votaciones secretas. Además, las campañas electorales invariablemente apelan a las emociones de los votantes.

    La aparición de partidos populistas de derechas en Europa, junto con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, caracterizada por una retórica cargada de emoción, subraya el papel fundamental que desempeñan las emociones en los procesos políticos. No obstante, este fenómeno no es algo sin precedentes en los anales de la historia democrática. Además, la investigación sobre el tráfico en internet demuestra de manera similar que la información emocional y moral —sea verdadera o falsa— se difunde más rápidamente que otros tipos de información (Bardy et al 2020)[1].

    Los elementos no racionales desempeñan un papel importante en la deliberación democrática. El lenguaje corporal y la vestimenta juegan un papel importante en la deliberación cara a cara y en los debates políticos televisados. En la comunicación online, la información emocional-moral desempeña un papel importante.

    AECED y Critical Change Lab, dos proyectos hermanos de DEMOCRAT, destacan la relevancia de la comunicación no verbal para los procesos democráticos y la educación democrática. La primera examina la importancia del aprendizaje incorporado para la educación democrática, mientras que la segunda se centra en el lado artístico. Varios proyectos piloto realizados dentro de DEMOCRAT también se centraron en aspectos artísticos en forma de teatro como medio para aprender sobre la democracia.

    La investigación sanitaria demuestra claramente que suprimir las emociones puede provocar daños psicológicos y físicos, pero los casos de violencia doméstica demuestran las graves consecuencias de la falta de control emocional. Se puede suponer que suprimir las emociones, así como la falta de control emocional, afecta a los procesos democráticos.

    Esto pone en duda la idea de una democracia basada exclusivamente en la racionalidad. Lies & Slaby (2023)[2] señalan que esto ha sido debatido desde perspectivas neo-republicanas (véase Quentin Skinner, Cass Sunstein, Philip Pettit y Rainer Forst), radicalmente democráticas (Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Jacques Rancière), liberales y liberales deliberativas (Amy Gutmann, Dennis Thompson, Sharon Krause, Michael Morrell y Martha Nussbaum). En este sentido, el proceso de reflexión del proyecto DEMOCRAT pretende incorporar estos debates sobre las emociones en su visión de la educación democrática.

     

    [1] Brady W.J.; Crockett M.J. & Van Bavel JJ (2020) The MAD model of moral contagion: the role of motivation, attention, and design in the spread of moralized content online. Perspectives on Psychological Science. 2020, 15:978–1010, https://doi.org/ 10.1177/1745691620917336.
    [2] Liese, P. & Slaby, J. (2023) Emotionen der Demokratie – Ein unerschlossenes Potential in krisenhaften Zeiten. Philosophische Rundschau (PhR) 70/4:  382-406. DOI 10.1628/phr-2023-0034.
  • El informe ICCS

    El informe ICCS

    El 28 de noviembre se publicaron los resultados del ciclo 2022 del Estudio Internacional sobre Educación Cívica y Ciudadana (ICCS), un estudio llevado a cabo en 22 países y dos regiones de referencia alemanas. En la muestra se incluyen 19 países: 16 de la Unión Europea, dos de Sudamérica y uno de Asia.

    Solo tres países del proyecto Democrat fueron incluidos en el estudio. La región de Renania del Norte-Westfalia, en la que opera Democrat, es una de las dos regiones referentes de Alemania. En la encuesta de 2016 también participaron 14 países y 13 en la del año 2009. Entre ellos, Estonia, el único país Democrat.

    Los contextos nacionales de los países varían enormemente en sus características educativas, políticas y económicas, así como en su posición en el Índice de Democracia Liberal y el Índice de Percepción de la Corrupción. También se observan diferencias en el grado de autonomía de las escuelas y en los enfoques de la educación cívica.

    De modo resumido y sin entrar en su detalle, algunos de los principales resultados del estudio son:

    a) En la mayoría de los países, los tres objetivos más importantes de la educación cívica y ciudadana son: la promoción del pensamiento crítico e independiente del alumnado; la promoción del conocimiento del alumnado sobre los derechos y responsabilidades de la ciudadanía; y la promoción del respeto y la protección del medio ambiente por parte del alumnado.

    b) El conocimiento cívico del alumnado aumentó entre los años 2009 y 2016; luego disminuyó.

    c) La percepción de haber aprendido sobre cuestiones cívicas en la escuela tiende a asociarse negativamente con el conocimiento cívico del alumnado en muchos países.

    d) Solo existe una débil asociación entre el compromiso cívico y el conocimiento cívico, y una asociación moderada con el interés cívico.

    e) Las mujeres muestran niveles más altos de conocimientos cívicos, pero su participación política activa esperada es ligeramente inferior a la de los hombres.

    f) Los estudiantes con un estatus socioeconómico familiar más alto muestran un mayor conocimiento cívico.

    g) Un clima de apertura al debate en el aula y las experiencias del alumnado con la votación en el colegio tienden a relacionarse positivamente con el aprendizaje cívico y la participación prevista en la sociedad.

    Estas conclusiones son relevantes para Democrat y su concepto de Educación para la Democracia, pues demuestran que:

    1. La adquisición de conocimientos cívicos no conduce necesariamente a un compromiso cívico positivo.
    2. Es más probable que el compromiso cívico positivo sea promovido por la experiencia cívica en las aulas y escuelas que por la adquisición de conocimientos.