Category: ES

  • Resultados finales de DEMOCRAT ya disponibles: Herramientas para fomentar una ciudadanía responsable

    Por DEMOCRAT

    Tras tres años de trabajo conjunto en el proyecto DEMOCRAT, se llega al cierre oficial de esta etapa el 28 de febrero. Durante este tiempo, el Ágora ha sido un espacio de encuentro donde compartir con la comunidad educativa los frutos de esta investigación y acción colectiva.

    Desde el equipo de DEMOCRAT, como responsables de la dinamización de este espacio en castellano y catalán, os invitamos a explorar la biblioteca completa de entregables que ya están publicados en la web oficial del proyecto.

     

    ¿Qué recursos puedes encontrar?

    Para facilitaros la navegación por los resultados, aquí os resumimos los bloques de materiales más destacados:

    • Marco de Competencias RDC (Responsible Democratic Citizenship): El núcleo teórico del proyecto que define qué competencias necesitan los jóvenes hoy para ser ciudadanos activos.
    • Informes de Investigación y Evaluación:
      • Análisis sobre cómo las desigualdades socioeducativas afectan a la democracia.
      • Evaluación de los Proyectos Piloto (Living Labs) realizados en 6 países, donde se analizan qué metodologías funcionaron mejor en las escuelas y los resultados obtenidos.
    • Recomendaciones de Políticas Públicas: Documentos estratégicos destinados a gestores y administraciones para integrar la educación democrática en los currículos europeos.
    • La DEMOCRAT Toolbox (Caja de Herramientas https://agora.democrat-horizon.eu/toolbox.php): Una selección de recursos prácticos, guías para docentes y unidades didácticas listas para ser aplicadas en el aula o en entornos de educación no formal.

     

    Acceso directo a los materiales

    Podéis consultar y descargar todos los documentos en el siguiente enlace:

    👉 Resultados y Entregables DEMOCRAT

    Una herramienta que ha sido de mucha utilidad durante el proyecto ofreciendo un espacio de comunicación entre DEMOCRAT y la comunidad educativa ha sido la Ágora (https://agora.democrat-horizon.eu).  Este espacio en castellano, catalán, e inglés,  seguirá  abierto en los próximos años ofreciendo blogs, material educativo y el acceso a la toolbox.

    Desde el equipo de DEMOCRAT, queremos agradeceros vuestra participación en los debates, talleres y entrevistas que han dado vida a este Ágora. Vuestra visión a pie de aula y de entidad social ha sido la base para que estos materiales sean realmente útiles y transformadores.

  • Cómo la IA puede moldear la educación para la democracia: oportunidades y riesgos

     

    La IA ya está moldeando cómo los estudiantes encuentran información, forman opiniones y participan en la vida pública. Eso lo convierte en un tema de democracia, no solo de tecnología.

    A medida que las tecnologías digitales transforman el aprendizaje, la comunicación y la participación cívica, la importancia de Educación para la democracia(EfD) en fomentar el pensamiento crítico, contrarrestar la desinformación y apoyar una ciudadanía activa e informada está creciendo. El Proyecto Demócrat es pionero en enfoques para integrar valores, competencias y prácticas democráticas en entornos de aprendizaje en contextos educativos europeos en la educación primaria, secundaria y superior. Uno de los objetivos del proyecto es dotar a jóvenes aprendices y educadores de las habilidades necesarias para mantener y fortalecer las sociedades democráticas frente a desafíos modernos como la polarización, la desinformación y la disrupción digital.

    La inteligencia artificial (IA) está en el centro de esta transformación digital. La IA no es solo una herramienta para automatizar tareas o predecir tendencias, sino que también está transformando cómo fluye la información, cómo participamos en la vida pública y, cada vez más, cómo los estudiantes adquieren conocimientos y se encuentran con ideas sobre ciudadanía y participación. Aunque la integración de la IA en Educación para la Democracia muestra potencial, debe abordarse de forma reflexiva y ética, teniendo en cuenta los principios democráticos.

    Por qué la IA es importante en relación con la Educación para la Democracia

    En esencia, la EfD es un enfoque holístico y participativo que fomenta los conocimientos, habilidades, valores y actitudes necesarios para una ciudadanía activa y responsable. Va más allá de los libros de texto al enfatizar el aprendizaje experiencial e inclusivo que fortalece competencias democráticas como el pensamiento crítico, el diálogo, la agencia y la participación significativa en sociedades democráticas resilientes y sostenibles.

    Sin embargo, los estudiantes de hoy son ciudadanos digitales ante todo, encontrándose con IA en sus redes sociales, motores de búsqueda, sistemas de recomendaciones y herramientas de decisión automatizada. En tal contexto, la competencia democrática debe incluir una comprensión crítica de la propia IA. Los estudiantes deben reconocer cómo la IA influye en su exposición a la información y cómo los sesgos pueden estar incrustados en los sistemas, y cómo las herramientas automatizadas pueden potenciar o limitar la participación cívica.

    Contribuciones positivas de la IA a la Educación para la Democracia

    La IA puede desempeñar un papel positivo en Educación para la Democracia de varias maneras concretas:

    • Una de las mayores fortalezas de la IA en la educación es su capacidad para adaptar experiencias de aprendizaje. Los sistemas de aprendizaje adaptativo pueden personalizar el contenido para adaptarse a las necesidades individuales de cada alumno, ayudando a quienes tienen dificultades con ciertos temas cívicos y permitiendo que los estudiantes más avanzados profundicen más. Esta personalización puede reducir las barreras a la Educación para la Democracia, especialmente para estudiantes de diversos orígenes lingüísticos, culturales o educativos.
    • La IA también puede usarse como herramienta para enseñar pensamiento crítico. Por ejemplo, las plataformas impulsadas por IA pueden simular escenarios que involucran desinformación, permitiendo a los alumnos distinguir entre contenido creíble y engañoso. También pueden proporcionar retroalimentación en tiempo real sobre el razonamiento para ayudar a los estudiantes a analizar argumentos, identificar falacias lógicas y explorar múltiples puntos de vista. Estas habilidades forman la base del compromiso democrático. Al integrar la alfabetización en IA en Educación para la Democracia, los estudiantes hacen mucho más que consumir tecnología; Lo cuestionan, entienden cómo funciona e incluso pueden co-diseñarlo.
    • Las herramientas de IA pueden facilitar experiencias de aprendizaje participativas que reflejan procesos democráticos. Las plataformas virtuales de deliberación, los foros de discusión apoyados por IA y los entornos de simulación pueden ayudar a los estudiantes a practicar el diálogo, la negociación y la construcción de consensos, en lugar de simplemente memorizar hechos cívicos. Estos entornos interactivos dan vida a la democracia, lo que se alinea con los objetivos centrales de proyectos como Democrat, donde se enfatiza la participación activa por encima de la enseñanza pasiva.

    Riesgos de la IA en EfD

    A pesar de las oportunidades que ofrece la IA, también supone riesgos significativos, especialmente cuando están en juego valores democráticos.

    Los sistemas de IA pueden perpetuar involuntariamente los sesgos presentes en sus datos de entrenamiento, amplificando así estereotipos y perjudicando injustamente a ciertos grupos. En Educación para la Democracia, esto es especialmente preocupante. Si la IA apoya evaluaciones o recomendaciones que privilegian ciertas voces o perspectivas, puede socavar el mismo pluralismo e inclusión que Educación para la Democracia busca fomentar. Educación para la Democracia exige transparencia y rendición de cuentas en el uso de sistemas de IA. Los estudiantes deben entender cómo toman las decisiones los algoritmos, y los educadores deben asegurarse de que las herramientas de IA apoyen la equidad en lugar de distorsionar el aprendizaje cívico.

    Muchas aplicaciones de IA en la educación implican la recopilación y monitorización de datos. Aunque algunos datos pueden mejorar el aprendizaje, un seguimiento excesivo puede inhibir la autonomía y crear entornos en los que los alumnos se sienten vigilados en lugar de empoderados. Por tanto, Educación para la Democracia debe cultivar la agencia, no el cumplimiento, equilibrando la tecnología con el respeto a la privacidad y la libertad de expresión.

    Existe el riesgo de que estudiantes y educadores dependan demasiado de los resultados de la IA como referencia. La democracia prospera con el juicio humano, el debate y la reflexión, no con respuestas automáticas. Los sistemas educativos de IA deberían presentarse como tolos asistenciales que complementen, en lugar de reemplazar, las capacidades humanas de razonamiento y consideración ética de las que depende la democracia.

    Alineación de la IA con EfD

    Para aprovechar el potencial de la IA para la Educación para la Democracia y mitigar sus riesgos, la innovación tecnológica debe alinearse deliberadamente con los valores democráticos. Esto requiere la integración de la alfabetización en IA en los planes de estudio para asegurar que los estudiantes comprendan cómo los sistemas digitales moldean la vida cívica. También requiere el establecimiento de marcos éticos y de gobernanza claros para salvaguardar la inclusión, la privacidad y la agencia del alumnado. Además, deben adoptarse enfoques más participativos para involucrar a estudiantes, profesores y comunidades en las decisiones sobre el uso de herramientas de IA. Igualmente importante es una pedagogía crítica, que va más allá de las habilidades técnicas para fomentar la conciencia crítica. Esto permite a los alumnos cuestionar el poder, desafiar la desinformación y comprometerse de forma responsable tanto en línea como fuera de ella.

    La IA no es ni una solución ni una amenaza en sí misma; su influencia en el aprendizaje democrático depende de cómo se diseñe, implemente y aborde críticamente. En colaboración con iniciativas como el proyecto Democrat, la IA puede ayudar a crear entornos de aprendizaje en los que los valores democráticos se practiquen y reflexionen activamente, no solo se enseñen. Cuando se utiliza de forma responsable, la IA puede mejorar la comprensión, la colaboración y la participación cívica. Sin embargo, cuando se usa de forma inadecuada, puede distorsionar el discurso, reforzar desigualdades y debilitar el juicio crítico. El principal reto y oportunidad para educadores, estudiantes y responsables políticos es garantizar que la IA fortalezca la democracia apoyando el desarrollo de ciudadanos informados, reflexivos y comprometidos en la era digital.

  • Laboratorios escolares

     

    Por equipo DEMOCRAT de la Hochschule Düsseldorf – University of Applied Sciences

     

    Los Laboratorios escolares (School-Labs) ofrecen un formato práctico y práctico para integrar Educación para la Democracia en los horarios escolares tan ocupados.

    Los horarios escolares están llenos y planificados con antelación: ¿cómo podemos encajar EfD ¿Está contenida en el horario? ¡Con laboratorios escolares!

    Este artículo contiene una explicación de…

    • ¿Qué tipo de proyecto es un laboratorio escolar?
    • cómo está configurado (basado en un ejemplo) y
    • qué condiciones son necesarias para ello.

    Laboratorio escolar – ¿qué es?

    Los laboratorios escolares son proyectos cortos que permiten la implicación práctica y métodos “prácticos” en un determinado tema especializado. La duración puede ir desde un día hasta varios días, hasta una semana de proyectos de laboratorio escolar. Depende de cuánto tiempo se les permita ausencia a los estudiantes de sus clases habituales. Los laboratorios escolares ofrecen grandes oportunidades para que los estudiantes salgan de las rutinas habituales y experimenten algo nuevo. El núcleo del formato de laboratorio es permitir espacio para experimentar cosas. Alumnos y estudiantes pueden averiguar las cosas por sí mismos en lugar de que les digan cómo son las cosas.

    ¿Cómo montar un laboratorio escolar? Un ejemplo

    En primer lugar, debe haber un tema en una idea y un socio interesado en llevarlo a cabo como un enfoque participativo, para que el desarrollo del laboratorio escolar pueda adaptarse al grupo y a sus necesidades (edad, idioma, conocimientos y tamaño del grupo). En este ejemplo de Educación para la Democracia, se buscó una oferta de laboratorio escolar con un marco de duración de un día para estudiantes de 14 a 17 años. Las competencias de deliberación y resiliencia democrática están en el foco de este proyecto.

    Un equipo de educadores discutirá un esquema general del laboratorio escolar y su variedad de temas, y los métodos didácticos se ajustarán al rango de edad. Luego habrá pre-pruebas como primer paso. Se probará el material del laboratorio escolar y se añadirán más ideas. ¿Cómo puede ser eso en cuanto a contenido?

    El ejemplo de un laboratorio escolar que ya se ha probado servirá ahora para dar una impresión más detallada de cómo montar un proyecto así:

    El programa “Fundando una nueva sociedad” es una combinación de juegos de simulación y pedagogía teatral; los participantes pasan por fases plenarias y en grupos pequeños en las que aplican habilidades democráticas. En la sesión plenaria, cada participante se posiciona por su nombre y un movimiento característico.  En los juegos en círculo, los participantes aprenden sobre las similitudes y diferencias dentro del grupo. En la primera fase de grupos pequeños, los participantes acuerdan un principio de toma de decisiones (mayoría/consenso). Definen los tres valores más importantes en su nueva sociedad.

    La selección de cartas de recursos crea una situación socioeconómica específica. Cada grupo desarrolla un tableau que representa a la sociedad con sus valores y posibilidades. Tras presentar estas sociedades en una sesión plenaria, se extraen cartas de acción para enfrentar a cada sociedad a una situación desafiante específica, como una pandemia, amenazas de un estado vecino o una fuente de energía ilimitada y sostenible, etc. Utilizando sus recursos y debatiendo sus valores, los participantes en sus pequeños grupos crean otro cuadro que expresa el conflicto social.

    En la sesión plenaria se presenta una conferencia internacional basada en la solidaridad, situaciones sociales específicas y se desarrollan soluciones alternativas y cursos de acción utilizando elementos del teatro foro. Tras la parte activa, los participantes reflexionan sobre el proceso. Sus experiencias se clasifican según los aspectos de facilidad y resistencia en función de las habilidades democráticas de participación, juicio, deliberación y resiliencia democrática basadas en la solidaridad.

    Además de este contenido y considerando sus temas relacionados, también deben tenerse en cuenta los aspectos organizativos. Ningún proyecto puede llevarse a cabo sin que algunas personas se sientan responsables, creando las condiciones y el ambiente adecuados para que se lleve a cabo. Esto se analizará en el siguiente pasaje.

    Las condiciones favorables

    ¿Qué condiciones lo hacen más difícil y cuáles son necesarias para montar un laboratorio escolar?

    Los estudios del proyecto DEMOCRAT han demostrado que existen ciertos factores que dificultan y acogen a la hora de realizar los laboratorios escolares de forma práctica. Algunos de ellos se listarán aquí para ofrecer una visión general de lo que debe considerarse al comenzar un proyecto de laboratorio escolar:

    •  Horario escolar estricto: los horarios estrictos con contenido obligatorio dificultan añadir contenido nuevo al currículo habitual.
    • Falta de tiempo de profesores/educadores: los profesionales ya están muy ocupados y estresados por todas las tareas que tienen, por lo que es difícil convencerles incluso de hacer cosas adicionales como un nuevo proyecto. Aunque piensan en EfD como algo importante, no todo el mundo consigue encontrar un hueco.
    • Dependencia del director de escuela: Solo si el director está convencido o puede ser convencido, el proyecto puede llevarse a cabo y conseguir tiempo libre. El tema de una “asignación” puede hacer que sea mucho más difícil y prolongado planificarla. Siempre existe esta dependencia de los demás.
    • Fin de curso: nuevo trimestre, nuevos estudiantes o una nueva constelación de grupos puede complicarlo
    • Cooperación: si hay demasiados socios involucrados, puede complicarse y crear una sobrecarga de planificación debido a la gran necesidad de comunicación.
    • Responsabilidad de una persona: si solo hay una persona para organizar todo, no hay respaldo y esa persona requiere un gran esfuerzo. Tiene sentido trabajar en tándem.

    Factores acolledores, que facilitan su implementación

    • Personas motivadas al mando: Si las personas se comprometen voluntariamente a implementar proyectos, el éxito es mucho mayor.
    • Participantes motivados: Si los niños o estudiantes deciden formar parte del proyecto, ponen más esfuerzo en él (si es posible, siempre debería haber opción entre diferentes proyectos)
    • Contactos existentes: Si existe una buena relación entre socios/organizaciones de la red y colegas, es muy útil para facilitar la comunicación y para sacar adelante proyectos
    • Proyectos entre pares: hay más sostenibilidad en un proyecto si el conocimiento puede compartirse entre diferentes generaciones y transmitirse de los estudiantes a otros estudiantes
    • Co-Creación: terceros lugares: conectar con los socios locales de la región es útil. Los estudiantes pueden conocer a otras personas además de sus profesores o docentes y conocer nuevos lugares. Esto convierte la experiencia en una experiencia diferente y es importante ampliar el horizonte y ver a otros ‘Lebenswelt’.
    • Participación: si se pide a los estudiantes que aporten sus propios temas, están deseando unirse y trabajar con más entusiasmo.
  • 5º Taller nacional del proyecto DEMOCRAT: Propuesta de herramienta de evaluación de competencias de Ciudadanía Democrática Responsable

    Por Alba Molas

    Enmarcado en la idea central de educación para la democracia, el taller ofreció al personal docente un espacio de reflexión y aprendizaje sobre herramientas para evaluar las 4 competencias clave de Ciudadanía Democrática Responsable (CDR), definidas en el DEMOCRAT (participación solidaria, deliberación, juzgar críticamente, y resiliencia democrática)

    El objetivo principal de la sesión era profundizar sobre la implementación de los cuestionarios de evaluación de competencias democráticas en los diferentes niveles educativos.

    La primera reflexión giraba en torno a la necesidad de adaptar los cuestionarios a los diferentes niveles educativos con el fin de hacerlos más accesibles a estudiantes de primaria y a los primeros cursos de la etapa secundaria. Se hizo incidencia en la importancia de adaptar los cuestionarios de evaluación de las CDR a esta etapa educativa, abordando los desafíos de implementación y sugerencias para hacer los instrumentos más accesibles.

    La directora de la escuela rural de primaria Josep Nin de Salomó, presentó su proyecto piloto “Consejo de la Infancia y Adolescencia”, explicando cómo se involucraron los estudiantes proponiendo iniciativas para su municipio, en temas como , por ejemplo , el deporte, civismo y medio ambiente. También explicó cómo adaptaron los cuestionarios al nivel de primaria para hacerlo más práctico y comprensante. Varios docentes compartieron también su experiencia al simplificar el cuestionario original para hacerlo accesible a esta etapa educativa.

     

    Puntos clave del taller: Evaluación y adaptación de los cuestionarios:

    Para la etapa de primaria, se comenta que los cuestionarios no deberían enviarse directamente al alumnado, sino que habría que administrarlos con supervisión directa del profesorado, con el fin de apoyar y que se puedan trabajar en profundidad. También se señala la necesidad de hacer adaptaciones más visuales y de lenguaje para alinear mejor el contenido con las capacidades específicas de los y las estudiantes de primaria.

    En este sentido, la inclusión de elementos visuales en los cuestionarios se considera importante para ayudar a los y las estudiantes a comprender mejor los conceptos, especialmente en centros con un alto porcentaje de alumnado con necesidades educativas especiales. Se menciona una página llamada ARASAAC con pictogramas para resumir acciones relacionadas con la escuela y la comida, lo que resulta útil para niños con trastornos de atención o dificultades de lectura. Algún docente expresó su preferencia por mantener un marco genérico que permita al profesorado adaptar el trabajo previo según sus necesidades específicas, aunque reconoció la importancia de ofrecer opciones visuales adicionales.

    En cuanto a las herramientas digitales en el aula, los cuestionarios en formato Google aunque se consideran más ágiles que el formato en papel, en el caso de estudiantes de la primera etapa de la ESO resultan demasiado complejas y se ve necesario adaptarlos con ejemplos concretos y respuestas más cortas, sobre todo para estudiantes de primer y segundo curso de la ESO. En cuanto a estudiantes de tercero y cuarto de la ESO el cuestionario se considera adecuado a su nivel.

    En opinión de algún docente, se podría crear tres niveles de propuestas con diferentes grados de adaptación para facilitar la aplicación por parte de los y las docentes, dada la limitada disponibilidad de tiempo para la coordinación. Otro docente expresa que los instrumentos proporcionados son adecuados y que, en todo caso, la adaptación debería ser responsabilidad de cada grupo de profesores y profesoras, según sus metodologías y proyectos específicos.

    Se valora también la posibilidad  de que se compartan las adaptaciones realizadas en diferentes centros y que se mantengan los cuatro ejes fundamentales  de competencia cuando se desarrollen proyectos. En este sentido, el equipo del DEMOCRAT explica que la caja de herramientas está diseñada justamente para el intercambio de experiencias entre escuelas y profesorado, y que incluye funciones para evaluar tanto el éxito de los proyectos como las competencias democráticas de los estudiantes. Algunos participantes manifestaron que la evaluación debería ser formativa y continua, incluyendo una evaluación inicial, intermedia y final, y algunos docentes sugirieron realizar evaluaciones a mitad del curso para medir el progreso.

    Asimismo se propuso, que la herramienta de evaluación de competencias democráticas se incluyera en la programación general anual de los centros educativos y fuera utilizada durante todo el curso para  medir el progreso de los estudiantes. También se mencionó que las tutorías son un espacio adecuado para evaluar estas competencias y se subraya que el impacto es mayor cuando el centro y el equipo directivo apoyan el proyecto. Se puso énfasis en el Servicio Comunitario como buena herramienta para valorar si se han adquirido las competencias CDR y también se puso en valor, la autoevaluación y coevaluación del alumnado para medir el desarrollo de estas competencias.

    Finalmente, se explicó el progreso del proyecto DEMOCRAT implementado también en seis países europeos (Alemania, Finlandia, Estonia, Irlanda, Polonia, España) con 34 proyectos piloto en total, con  respecto al desarrollo de las cuatro competencias clave y las herramientas de evaluación correspondientes.

    Para compartir las experiencias y los aprendizajes conseguidos se invitó a los y las participantes a la conferencia final del proyecto DEMOCRAT programada para los días 20 y 21 de noviembre de 2025, que incluye la presentación de tres proyectos: DEMOCRAT, la AECED (enfocado en el aprendizaje corporal) y el Critical ChangeLab (enfocado en la enseñanza artística y el aprendizaje democrático). Este evento, constará de sesiones académicas y paralelas, y se presentarán los proyectos pilotos de las escuelas que participan en DEMOCRAT.

  • Abriéndonos camino hacia la democracia

    Por Maija Hytti y Niclas Sandstörm

     

    Por qué el trabajo emocional está en el corazón de la educación

    Cuando hablamos de democracia, a menudo pensamos en debate, participación y pensamiento crítico — pero ¿qué pasa con el sentimiento? Nuestro nuevo artículo, Trabajo emocional por una educación más holística y transformadora para la democracia, invita a educadores, responsables políticos y líderes escolares a profundizar: a ver las emociones no como efectos secundarios del aprendizaje, sino como el propio motor que impulsa la transformación democrática.

    La pieza que faltaba en la educación para la democracia

    Durante décadas, Educación para la Democracia (EfD) se ha centrado en las habilidades cognitivas — razonamiento, análisis, debate. Sin embargo, como señalan Hytti y Sandström, la democracia también es profundamente emocional: “Las emociones moldean cómo pensamos, nos relacionamos y actuamos.” Sin entender cómo las emociones guían nuestras elecciones, reacciones y relaciones, el aprendizaje cívico sigue siendo incompleto.

    Nuestro artículo propone situar el trabajo emocional, es decir, el compromiso reflexivo y encarnado con las emociones, en el centro de la EfD. Sostenemos que la verdadera transformación democrática ocurre en los micro-momentos de aprendizaje, cuando atendemos y trabajamos las emociones en lugar de dejarlas de lado.

    Cómo es el trabajo emocional

    Las emociones no son externas al aprendizaje, sino parte de su arquitectura interior: moldean la atención, la interpretación y la acción. Reconocer y relacionarse con las emociones a medida que se desarrollan permite a los estudiantes conectar el pensamiento y el sentimiento como dimensiones interdependientes de la comprensión. Cuando los educadores ayudan a los estudiantes a identificar, sentir, procesar, reflexionar y gestionar las emociones, el trabajo emocional se convierte en una práctica transformadora en lugar de incidental.

    La práctica reflexiva —por ejemplo, percibir, sentir y gestionar las emociones a medida que surgen en el aprendizaje— puede hacer que la educación democrática sea más duradera, práctica y humana. El trabajo emocional guiado y facilitado fortalece la empatía, el pensamiento crítico y el comportamiento prosocial, todas competencias clave para la participación democrática activa.

    Para llevar esto a las aulas, sugerimos:

    • crear espacios seguros donde la incomodidad señala aprendizaje en lugar de amenaza,
    • utilizando prácticas incorporadas — movimiento, reflexión artística, pausas conscientes — para aflorar y procesar emociones,
    • negociar normas emocionales para que voces diversas puedan participar con respeto,
    • priorizar la confianza y el cuidado junto con el rigor académico, ya que la pertenencia y la seguridad permiten un diálogo verdadero.

    La ciencia detrás de ello

    Basándose en la visión de Dewey de que la emoción es fundamental para la experiencia y el crecimiento, nuestro marco se basa en investigaciones contemporáneas que vinculan el trabajo emocional, la transformación y la competencia democrática. El aprendizaje transformador, al estar estrechamente vinculado a la educación cívica (Hoggan-Kloubert & Mabrey, 2022), proporciona la base para nuestro enfoque. Basándonos en Carter & Nicolaides (2023) y Sánchez & Sebastián (2024), mostramos que el compromiso encarnado con las emociones es inseparable de la transformación genuina en el aprendizaje democrático.

    Las emociones, desde esta perspectiva, no están separadas de la cognición, sino profundamente entrelazadas con ella — moldeando la percepción, la motivación y la creación de significado a lo largo del proceso de aprendizaje. Reconocer, sentir, navegar y reflexionar sobre las emociones no son habilidades periféricas, sino vías centrales para desarrollar la competencia y la agencia democráticas.

    También sintetizamos estudios sobre incomodidad y emociones de borde (Zembylas, 2013; Mälkki, 2011, 2019; Mälkki, Mäkinen & Forsell, 2022), que destacan que las emociones a menudo percibidas como desagradables pueden marcar en realidad momentos de aprendizaje profundo. Cuando se apoya en andamios sociales (Kong, Ding & Zhao, 2015), este compromiso emocional puede catalizar empatía, tolerancia y la capacidad de manejar la complejidad en la vida democrática (Caleon et al., 2019).

    ¿Y qué?

    En un momento en que las sociedades democráticas enfrentan polarización, desinformación y erosión de la confianza, argumentamos que aprender a sentir democráticamente es tan vital como aprender a pensar críticamente. La alfabetización emocional es la capacidad de reflexionar y regular las emociones de forma colectiva, y fortalece la resiliencia, la inclusión y la capacidad de actuar juntos por el bien común.

    En resumen: si la democracia depende de las personas, también debe depender de sus mundos emocionales.

     

    El artículo completo de acceso abierto (Hytti & Sandström, 2025) está disponible aquí:
    https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14681366.2025.2582164#abstract
  • Democracia más allá de la razón: cómo el afecto moldea la vida política

     

     

    El Proyecto DEMOCRAT ha entrado en una fase de reflexión sobre los resultados de sus actividades de investigación e innovación. En el desarrollo del esquema del Currículo Europeo para la Educación Democrática, la importancia de las emociones en el proceso de aprendizaje ya había sido identificada y posteriormente validada por programas piloto.

    La importancia de las emociones en el contexto del aprendizaje ha sido objeto de un considerable debate dentro del ámbito educativo. Esto es análogo al discurso sobre la importancia de las emociones en los procesos democráticos. Esto desafía el argumento de que la democracia es un proyecto de la Ilustración basado exclusivamente en la razón, guiado por una racionalidad comunicativa que intercambia argumentos. A la luz de experiencias pasadas (por ejemplo, dos guerras mundiales o regímenes fascistas gobernando países), las emociones políticas han sido y se consideran peligrosas porque bloquean los procesos de reflexión basados en la razón, dificultan un posible consenso social y fomentan la polarización social.

    Por el contrario, es ampliamente reconocido que los procesos de participación política y de la sociedad civil tienen un componente emocional. La decisión de unirse a un partido político, movimiento social u organización de la sociedad civil, como la Cruz Roja, Caritas, Greenpeace o Fridays for Future, rara vez se basa únicamente en motivos racionales. Además, los votantes no están obligados a proporcionar una justificación para sus decisiones de voto. Este principio es igualmente aplicable a los procedimientos parlamentarios, en los que los miembros de los parlamentos no están obligados a justificar sus decisiones, especialmente en el contexto de votaciones secretas. Además, las campañas electorales invariablemente apelan a las emociones de los votantes.

    La aparición de partidos populistas de derechas en Europa, junto con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, caracterizada por una retórica cargada de emoción, subraya el papel fundamental que desempeñan las emociones en los procesos políticos. No obstante, este fenómeno no es algo sin precedentes en los anales de la historia democrática. Además, la investigación sobre el tráfico en internet demuestra de manera similar que la información emocional y moral —sea verdadera o falsa— se difunde más rápidamente que otros tipos de información (Bardy et al 2020)[1].

    Los elementos no racionales desempeñan un papel importante en la deliberación democrática. El lenguaje corporal y la vestimenta juegan un papel importante en la deliberación cara a cara y en los debates políticos televisados. En la comunicación online, la información emocional-moral desempeña un papel importante.

    AECED y Critical Change Lab, dos proyectos hermanos de DEMOCRAT, destacan la relevancia de la comunicación no verbal para los procesos democráticos y la educación democrática. La primera examina la importancia del aprendizaje incorporado para la educación democrática, mientras que la segunda se centra en el lado artístico. Varios proyectos piloto realizados dentro de DEMOCRAT también se centraron en aspectos artísticos en forma de teatro como medio para aprender sobre la democracia.

    La investigación sanitaria demuestra claramente que suprimir las emociones puede provocar daños psicológicos y físicos, pero los casos de violencia doméstica demuestran las graves consecuencias de la falta de control emocional. Se puede suponer que suprimir las emociones, así como la falta de control emocional, afecta a los procesos democráticos.

    Esto pone en duda la idea de una democracia basada exclusivamente en la racionalidad. Lies & Slaby (2023)[2] señalan que esto ha sido debatido desde perspectivas neo-republicanas (véase Quentin Skinner, Cass Sunstein, Philip Pettit y Rainer Forst), radicalmente democráticas (Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Jacques Rancière), liberales y liberales deliberativas (Amy Gutmann, Dennis Thompson, Sharon Krause, Michael Morrell y Martha Nussbaum). En este sentido, el proceso de reflexión del proyecto DEMOCRAT pretende incorporar estos debates sobre las emociones en su visión de la educación democrática.

     

    [1] Brady W.J.; Crockett M.J. & Van Bavel JJ (2020) The MAD model of moral contagion: the role of motivation, attention, and design in the spread of moralized content online. Perspectives on Psychological Science. 2020, 15:978–1010, https://doi.org/ 10.1177/1745691620917336.
    [2] Liese, P. & Slaby, J. (2023) Emotionen der Demokratie – Ein unerschlossenes Potential in krisenhaften Zeiten. Philosophische Rundschau (PhR) 70/4:  382-406. DOI 10.1628/phr-2023-0034.
  • Educación en alfabetización digital: las familias, las escuelas y las comunidades como copilotos de la democracia

    Por Parents International

    Este artículo se basa en dos estudios recientes realizados por investigadores de Parents International —Eszter Salamon, Aristidis Protopsaltis, Judit Horgas y Luca Janka László— como parte de una investigación financiada por la UE. El papel del aprendizaje comunitario en el desarrollo de la alfabetización digital (de próxima publicación en una monografía de Educar) se basa en las pruebas de los proyectos DRONE, EFFEct y SAILS para explorar cómo las redes informales configuran las competencias digitales de los niños.

    Sailing Masters in the Digital Age: Supporting Families and Schools in Navigating Online Safety and AI Challenges (que aparecerá en el próximo volumen de IPCN) sintetiza los resultados de los proyectos PARTICIPATE y DRONE, destacando el papel fundamental de las familias y las escuelas en la educación para la ciudadanía digital. En conjunto, estos estudios proporcionan una base empírica completa para replantearse la educación en alfabetización digital en contextos democráticos.

    Introducción: Por qué la educación en alfabetización digital es importante para la democracia

    La democracia en el siglo XXI depende de ciudadanos capaces de navegar por el mundo digital con confianza, visión crítica y responsabilidad. A medida que la información fluye cada vez más a través de las plataformas de redes sociales, los motores de búsqueda y las herramientas impulsadas por la inteligencia artificial, la capacidad de evaluar, cuestionar y crear contenido digital es tan fundamental como lo era la capacidad de leer y escribir en épocas anteriores. Por eso, la educación en alfabetización digital ya no es una habilidad secundaria o un extra opcional: es la base de la participación ciudadana. Sin ella, las sociedades corren el riesgo de producir ciudadanos que sean consumidores pasivos de información en lugar de participantes activos y críticos en la vida democrática.

    Ecosistemas rotos: por qué las escuelas se quedan atrás

    Las pruebas de múltiples proyectos de la UE ponen de relieve una realidad preocupante: las escuelas siguen siendo marginales en la educación en alfabetización digital. Las encuestas realizadas en Hungría y los Países Bajos revelaron que ni un solo alumno de primaria o secundaria participante informó de que se le enseñaran habilidades básicas como la protección con contraseña, el uso seguro del correo electrónico o la evaluación de fuentes en línea. La unanimidad de estos resultados es sorprendente y sugiere no solo lagunas, sino también un descuido sistémico.

    Las razones son complejas. Los programas de formación del profesorado siguen centrándose en gran medida en la competencia técnica —cómo utilizar los dispositivos digitales o el software— en lugar de en competencias transversales como la resiliencia, la toma de decisiones éticas y el compromiso crítico con los medios de comunicación. Los planes de estudios suelen estar desactualizados, diseñados para una era predigital, y rara vez abordan cuestiones urgentes como la desinformación, la información errónea o las dimensiones éticas de la IA. En muchos casos, los propios profesores carecen de confianza en los entornos digitales, lo que les deja mal preparados para guiar a los alumnos en el desarrollo de las habilidades de orden superior que requiere la ciudadanía digital.

    Esta desconexión socava la confianza en la educación formal. Los padres perciben que las escuelas están desfasadas con respecto a la realidad y, por lo tanto, asumen ellos mismos la responsabilidad. Los niños, por su parte, recurren a sus compañeros o a sus redes familiares en lugar de a los profesores cuando buscan orientación. El resultado es que las mismas instituciones diseñadas para igualar las oportunidades y reducir las desigualdades terminan reforzándolas: los niños con padres con conocimientos digitales prosperan, mientras que los que no cuentan con ese apoyo corren el riesgo de quedarse atrás.

    Las familias como maestros de navegación en la era digital

    Ante la falta de programas escolares eficaces, las familias se están convirtiendo en los principales navegantes de los mares digitales. Las investigaciones muestran sistemáticamente que los padres son el primer punto de contacto cuando los niños se enfrentan a retos en línea. Tanto en los Países Bajos como en Hungría, más de la mitad de los estudiantes afirman que recurrirían a sus padres antes que a los profesores o compañeros si se enfrentaran al acoso en línea. Esto pone de relieve un profundo cambio en el equilibrio de la responsabilidad educativa: los padres no solo son modelos a seguir, sino también educadores de primera línea en la esfera digital.

    Sin embargo, esta responsabilidad conlleva importantes retos. Los padres suelen expresar que se sienten poco preparados para proporcionar una educación digital completa. Muchos recurren al autoaprendizaje, al ensayo y error o a las habilidades adquiridas en el trabajo. Puede que sean expertos en cuestiones técnicas, pero se sienten menos seguros a la hora de orientar a los niños en temas complejos como evaluar la fiabilidad de las fuentes de noticias, comprender el sesgo algorítmico o gestionar los riesgos en línea sin comprometer los derechos de participación.

    No obstante, las familias aportan ventajas que las escuelas a menudo no pueden ofrecer. El aprendizaje en el entorno familiar es personalizado, está integrado en las rutinas diarias y está moldeado por los valores culturales. Los padres pueden dar ejemplo de un comportamiento responsable, debatir cuestiones delicadas en su contexto y adaptar la orientación a la etapa de desarrollo de sus hijos. Las conversaciones informales sobre los medios de comunicación, incluso cuando parecen frívolas, suelen proporcionar a los niños sus primeras lecciones de evaluación crítica. Pero la distribución desigual de los recursos, los conocimientos y la confianza entre los padres crea importantes desigualdades. Sin un apoyo sistémico, confiar únicamente en las familias corre el riesgo de profundizar las divisiones entre los hogares digitalmente ricos y los digitalmente pobres.

    El poder del aprendizaje comunitario

    Las comunidades actúan como puente entre las familias y las escuelas, y su papel en la educación en alfabetización digital es cada vez más decisivo. Las bibliotecas, los programas extraescolares, las instituciones culturales y las organizaciones de base proporcionan espacios seguros e inclusivos donde los niños pueden explorar las herramientas digitales, aprender de forma colaborativa y acceder a un apoyo que ni las familias ni las escuelas pueden proporcionar por completo.

    Las pruebas del proyecto DRONE muestran que los entornos comunitarios son a menudo donde tiene lugar el aprendizaje digital más significativo. Los niños aprenden mejor cuando las habilidades digitales se vinculan a contextos del mundo real: verificar la veracidad de una noticia encontrada en las redes sociales, solucionar problemas de un dispositivo con amigos o crear contenido digital para un proyecto comunitario. El aprendizaje entre pares es particularmente poderoso. Cuando los niños se enseñan y se apoyan mutuamente, no solo adquieren competencias técnicas, sino que también desarrollan habilidades sociales y cívicas esenciales para la participación democrática.

    El aprendizaje comunitario también fomenta la inclusión. Contrariamente a lo que se suele pensar, las familias migrantes y los grupos minoritarios a menudo han demostrado ser muy ingeniosos en los entornos digitales. En lugar de quedarse atrás, muchos han aprovechado las redes comunitarias para superar las barreras del idioma o del acceso. Del mismo modo, las investigaciones sobre los niños con discapacidad sugieren que sus principales obstáculos son técnicos —la falta de tecnologías de apoyo— y no cognitivos. Por lo tanto, los enfoques comunitarios que proporcionan las herramientas adecuadas pueden lograr la inclusión sin recurrir a programas segregados.

    Al situar el aprendizaje digital en las redes sociales de la vida real, las comunidades ayudan a los niños y a las familias a desarrollar resiliencia, adaptabilidad y conciencia crítica. No solo actúan como espacios complementarios, sino como pilares esenciales de un ecosistema digital democrático.

    Profesorado y escuelas: de guardianes a socios

    A pesar de las deficiencias actuales, no se puede descartar a las escuelas. Siguen siendo las únicas instituciones con el mandato universal de llegar a todos los niños, y su potencial para reforzar el aprendizaje familiar y comunitario es considerable. El reto consiste en redefinir su papel. En lugar de guardianes de la información —una función que ha quedado obsoleta en la era digital—, las escuelas deben convertirse en socios de ecosistemas integrados de educación en alfabetización digital.

    Este cambio requiere una nueva visión de la profesionalidad docente. El profesorado necesita competencias que van mucho más allá de la capacidad de utilizar herramientas digitales. Deben ser capaces de fomentar el pensamiento crítico, cultivar la resiliencia digital y orientar la toma de decisiones éticas. También necesitan habilidades de colaboración con la comunidad: la capacidad de colaborar con los padres, interactuar con las organizaciones locales y valorar el aprendizaje entre iguales de los niños como parte del proceso educativo.

    Transformar las escuelas de esta manera no es una solución rápida. Requiere una inversión sostenida en la formación del profesorado, la reforma de los planes de estudio y la cultura institucional. Pero las pruebas son claras: cuando las escuelas trabajan en auténtica colaboración con las familias y las comunidades, los niños desarrollan habilidades digitales más sólidas, muestran una mayor resiliencia ante los riesgos en línea y participan con más confianza en la democracia.

    Las lagunas políticas y el papel de las empresas tecnológicas

    Hasta ahora, las respuestas políticas han sido fragmentarias. Los gobiernos han tendido a dar prioridad al hardware y la conectividad, a menudo en respuesta a crisis como el cierre de escuelas por la COVID-19, sin abordar cuestiones pedagógicas y estructurales más profundas. Esto deja a las familias y las comunidades la tarea de llenar el vacío, a menudo con recursos limitados.

    Mientras tanto, las empresas tecnológicas ejercen una enorme influencia. Las herramientas proporcionadas por Apple, Google y Meta dan forma a las experiencias diarias de los niños en línea. Mientras que algunas empresas, como Apple, han avanzado en el control parental centrado en la privacidad, otras se basan en modelos orientados a la vigilancia que dan prioridad a la recopilación de datos sobre los derechos de los niños. Esta tensión entre los intereses comerciales y los valores democráticos deja claro que la educación en alfabetización digital no puede separarse de la regulación y la rendición de cuentas.

    Los responsables políticos deben equilibrar la innovación con la protección, garantizando que se salvaguarden los derechos de participación de los niños junto con su seguridad. Para ello se necesitan marcos que reúnan a los gobiernos, las escuelas, las familias y los proveedores de tecnología en una responsabilidad compartida, en lugar de en una competencia. Sin esos marcos, las sociedades democráticas corren el riesgo de ceder el control de los entornos de aprendizaje digital a actores comerciales no regulados.

    La IA, la desinformación y el reto del pensamiento crítico

    La llegada de la IA generativa ha añadido una nueva dimensión al debate sobre la alfabetización digital. Las herramientas capaces de producir textos, imágenes y vídeos indistinguibles de las creaciones humanas ofrecen oportunidades, pero también riesgos. Los padres de toda Europa expresan actitudes contradictorias: las familias holandesas y alemanas ya utilizan herramientas de IA para apoyar el aprendizaje, mientras que los padres italianos y húngaros siguen siendo escépticos o desinformados.

    Al mismo tiempo, la desinformación y la información errónea siguen propagándose rápidamente por Internet, lo que socava la confianza en las instituciones y distorsiona el debate democrático. Las familias intentan responder, ya sea verificando los hechos, cotejando información o debatiendo las noticias en el seno del hogar. Pero sin un apoyo coordinado, estas estrategias siguen siendo desiguales e insuficientes.

    Para abordar estos retos es necesario integrar el pensamiento crítico en el núcleo de la educación en alfabetización digital. Los niños, y los adultos, deben comprender cómo los algoritmos dan forma al contenido que ven, por qué son importantes los sesgos y cómo verificar la información en un panorama en el que el material fabricado puede circular con la misma facilidad que los hechos. La alfabetización en IA, incluida la concienciación sobre las dimensiones éticas, sociales y cívicas, debería convertirse en un componente estándar de los planes de estudios, integrado en todas las disciplinas y no limitado a los cursos técnicos. Solo así las sociedades podrán dotar a los ciudadanos de las herramientas necesarias para participar de forma responsable en las democracias digitales.

    Creación de ecosistemas de aprendizaje integrados

    Lo que se desprende claramente de las pruebas es que ningún actor puede impartir por sí solo la educación en alfabetización digital. Las familias, las escuelas, las comunidades, los gobiernos y las empresas tecnológicas tienen cada uno una pieza del rompecabezas, pero solo la integración puede crear una imagen completa.

    Los ecosistemas integrados deben reconocer a los padres como socios iguales en la educación, valorar las contribuciones de las organizaciones comunitarias y reimaginar las escuelas como centros de colaboración. Deben contar con el apoyo de políticas que den prioridad a los derechos de los niños, y no solo a la prevención de riesgos, y deben financiarse de manera que se refuercen los espacios de aprendizaje tanto informales como formales. El proyecto «Alfabetización digital para todos los alumnos» de la Universidad de Illinois es un ejemplo de ello, ya que une a profesores, bibliotecarios, líderes comunitarios, padres y alumnos en redes compartidas. Europa puede basarse en modelos similares, adaptándolos a los contextos locales para garantizar la inclusión y la resiliencia.

    Recomendaciones para la acción

    Para pasar de la evidencia a la práctica, los responsables políticos y los educadores deben:

    • Crear conjuntamente políticas que traten a los padres como socios iguales en la educación en alfabetización digital.
    • Invertir en espacios de aprendizaje comunitarios, como bibliotecas, centros juveniles e instituciones culturales.
    • Reformar la formación del profesorado para dar prioridad a las habilidades transversales: pensamiento crítico, ciudadanía digital y creación de asociaciones.
    • Regular las empresas tecnológicas para promover un diseño que anteponga la privacidad y respete los derechos.
    • Integrar la alfabetización en materia de inteligencia artificial y desinformación en los planes de estudio de todas las disciplinas, vinculando los conocimientos técnicos con la conciencia ética y cívica.

    Conclusión: hacia una ciudadanía digital resiliente

    La investigación es inequívoca: hoy en día, los niños adquieren las competencias digitales principalmente fuera del entorno escolar formal. Las familias y las comunidades se han convertido en los verdaderos motores de la educación en alfabetización digital, mientras que las escuelas se quedan atrás. Este sistema fracturado no solo socava la seguridad de los niños, sino que también debilita el tejido democrático en un momento en que la IA y la desinformación están remodelando la vida pública.

    Pero este no es un resultado inevitable. Al reconocer a los padres como «maestros de navegación», empoderar a las comunidades como centros de inclusión y transformar las escuelas en socios colaborativos, las sociedades pueden reconstruir ecosistemas digitales que sirvan tanto a los niños como a la democracia. Hay mucho en juego: la alfabetización digital es la clave para una ciudadanía informada, una participación creativa y una resiliencia democrática.

    Este análisis se basa en dos contribuciones académicas del equipo de investigación de Parents International. El papel del aprendizaje comunitario en el desarrollo de la alfabetización digital (de próxima publicación en Educar) refleja el trabajo realizado en los proyectos DRONE, EFFEct y SAILS. Maestros de navegación en la era digital: apoyo a las familias y las escuelas para afrontar los retos de la seguridad en línea y la inteligencia artificial (de próxima publicación en IPCN) se basa en las conclusiones de PARTICIPATE y DRONE. En conjunto, estos estudios financiados por la UE proporcionan una sólida base empírica para replantearse la educación en alfabetización digital en contextos democráticos.

  • Fortalecimiento de la ciudadanía democrática: innovaciones educativas, políticas y de gobernanza

    Por DEMOCRAT

    En las sesiones conjuntas y el taller de la ECPR celebrados del 20 al 23 de mayo de 2025 en Praga, uno de los talleres abordó las implicaciones de los retos de la democracia para la educación en ciudadanía democrática, explorando enfoques innovadores. Este artículo ofrece una reflexión sobre cuatro de las 16 presentaciones de Suecia, Reino Unido, Bélgica, Alemania, Suiza, Austria y Estonia.

    L. Kalev, de la Universidad de Tallin, ofreció una visión general de las ideas y prácticas normativas y estructurales de la ciudadanía democrática. La ciudadanía se define como la relación entre el Estado (las instituciones) y sus ciudadanos, basada en marcos normativos que pueden ser nacionales, republicanos, neoliberales u orientados a la justicia social. Existen varias formas posibles de estructurar y utilizar de manera productiva las ideas y prácticas de la ciudadanía democrática en diferentes dimensiones sustantivas, como la horizontal, la vertical, la global, la transnacional y la nacional. En este proceso, la capacidad de acción de la ciudadanía es fundamental.

    Se puede distinguir entre una capacidad de acción normativa y cognitiva y los marcos de legitimidad estructural para desarrollarla, para lo cual es constitutiva la interrelación dinámica entre la política y los actores públicos. Por lo tanto, los objetivos deben deliberarse a partir de una pluralidad de voluntades. Una perspectiva performativa sobre lo público constata una interacción entre las instituciones democráticas/autoridades públicas y las actividades públicas. Esta interacción se caracteriza por el suspense y se expresa de forma constructiva, con el objetivo de mejorar la calidad de vida a través de una acción común intencionada.

    La capacidad de acción de los ciudadanos debe reforzarse mediante la educación en competencias democráticas, tal y como se clasifican en el proyecto DEMOCRAT como participación solidaria, deliberación, juicio y pensamiento crítico, y resiliencia democrática. La autonomía y la capacidad de acción de la ciudadanía democrática son reconocidas en la práctica por la autoridad estatal y facilitadas por actores sociales o transnacionales. Esta conexión permite reaccionar ante los obstáculos que surgen de forma iterativa, dado que los objetivos de las instituciones estatales no son fijos, sino que evolucionan en la interacción con los ciudadanos.

    J.Howard describió la creación de la ciudadanía a través de la investigación-acción participativa (IAP), que explora y aborda de forma crítica las experiencias vividas y las subjetividades, y permite un análisis colectivo orientado a la acción. La «capacidad de acción» de los ciudadanos está íntimamente relacionada con las estructuras de poder que la configuran y limitan, de las que dependen los ciudadanos y a las que se oponen, ya que están configuradas por normas y prácticas que escapan a su control.

    J.Howard propone un enfoque práctico para la formación de ciudadanos individuales y colectivos mediante el uso de la narración y la escucha de historias como herramientas de reflexión y empoderamiento para que los grupos marginados «rearticulen» su identidad en la sociedad. Cuando los participantes comparten experiencias de marginación, la formación del yo puede implicar un proceso colectivo de autorrecuperación y concienciación que les permite aprovechar la dolorosa experiencia de no pertenecer para crear un espacio ricamente educativo y una postura política consciente que alimenta su activismo en la esfera pública.

    La base de este enfoque lúdico es la combinación de dos elementos. En primer lugar, se centra en el proceso de aprendizaje inspirado en Dewey y Freire, que, en segundo lugar, se sustenta en el concepto de subjetivación de Foucault visto desde una perspectiva crítica del poder, como sugiere Butler. La síntesis de ambos se combina con la comprensión de la realidad social de Bourdieu. Bourdieu destaca que las relaciones jerárquicas y los conflictos (pre)existentes están arraigados entre diferentes campos y en diversas posiciones subjetivas. Son (re)producidos por estructuras objetivas y subjetivas en los campos debido a la distribución desigual de diferentes formas de capital.

    Nordberg, Rautanen y Hallik entienden la cocreación como la forma más comprometida de participación de las partes interesadas, que reúne a los ciudadanos y las autoridades. Abarca la identificación conjunta y colaborativa de retos y necesidades, la exploración de oportunidades de mejora, el desarrollo conjunto de soluciones y, en algunos casos, la participación en la gobernanza de su implementación. La cocreación se basa en un fundamento relacional que busca distribuir el poder de manera más equitativa y crear oportunidades significativas de influencia mediante la integración de elementos de democracia participativa y deliberativa de una manera que mejore los beneficios individuales y colectivos para la ciudadanía democrática.

    Este concepto participativo se combina con elementos lúdicos para dirigirse a los jóvenes y ponerlos en contacto con expertos civiles de la comunidad local. El encuentro con profesionales «reales», así como el uso de herramientas digitales, han demostrado ser un apoyo para la participación de los jóvenes. Dirigirse a los jóvenes en las escuelas permitió abordar toda la escala de la sociedad y no solo a aquellos que participan en ella por motivación intrínseca. La evaluación de la intervención se refirió a un conjunto de «bienes democráticos» como la inclusividad, la eficacia, la resiliencia, la transferibilidad y otros. Los problemas cotidianos, como la coordinación de horarios y la estructura jerárquica de la escuela, se identifican como los principales obstáculos y se recomienda un proceso de planificación a largo plazo con las escuelas y la administración cívica.

    A. Schmid se refirió al programa de educación Global Citizen de la UNESCO. El valor transnacional del conjunto normativo pluralista fomenta la participación solidaria y la resiliencia a través de un enfoque multiperspectivo que invita a las minorías a contribuir a un diálogo pluralista. En este contexto, los enfoques teatrales ofrecen la posibilidad de cambiar la relación entre los actores involucrados. Activan la dinámica entre los ciudadanos, los representantes de las instituciones públicas y otras partes interesadas, creando un diálogo creativo y apreciativo sobre cuestiones serias a nivel local, regional o incluso (trans)nacional.

    Los métodos basados en el teatro se utilizan para reducir la polarización mediante la construcción de nuevas experiencias dentro del grupo en un proceso de comunicación creativa que consiste en (1) elementos performativos, incluyendo la visualización y la sensualidad, (2) campos de simulación seguros, (3) espacio para la autorreflexión autobiográfica, (4) perspectiva tomada del juego escénico por el teatro foro, y (5) actuación y expresión a través de la voz. La integración de las convenciones manifestadas es evidente y, para cambiar la actitud de alguien, tenemos que ir a este nivel físico del gesto.

    El resultado de este diálogo creativo puede utilizarse para desarrollar el empoderamiento del grupo. Todas las formas de encuentro en vivo fomentan la confianza en uno mismo y la autoeficacia y, por lo tanto, tienen un fuerte impacto en la ciudadanía democrática global responsable.

    La co-creación fomenta el encuentro entre seres humanos dentro de las estructuras de poder establecidas y ayuda a superarlas utilizando la dinámica del encuentro en presencia y entre iguales. La investigación-acción participativa es una herramienta de empoderamiento para la agencia democrática que hace hincapié especialmente en el empoderamiento de las personas marginadas. El concepto de habitus de Bourdieu encaja en el análisis de los criterios de cambio de actitud. El término habitus puede emplearse para describir las convenciones y la actitud de las personas cuando se enfrentan a cuestiones democráticas.

    La presencia del habitus manifestado en los procesos de co-creación es evidente y la modificación de las actitudes es un objetivo explícito o implícito. Al fin y al cabo, las intervenciones descritas ponen en práctica la «reflexividad científica y la creatividad artística» propuestas teóricamente por Bourdieu como herramienta clave para el cambio del habitus (secundario) y el fortalecimiento de la ciudadanía democrática.

  • Promoviendo la democracia desde la infancia: dos experiencias en escuelas de primaria

    Por DEMOCRAT

    La finalidad esencial del proyecto DEMOCRAT es promover el conocimiento y la práctica de los valores democráticos. Con este objetivo, trabaja con escuelas de primaria y secundaria promoviendo intervenciones educativas que fortalezcan las competencias democráticas de los y las estudiantes, para participar de manera activa y comprometida en todos los ámbitos de la vida. Los y las alumnas se convierten en protagonistas de procesos democráticos reales dentro del centro educativo y reflexionan sobre su papel como miembros de una sociedad plural.

    Aquí os presentamos dos intervenciones enmarcadas en el proyecto DEMOCRAT en escuelas de primaria en Cataluña (España), donde los y las alumnas practican desde muy pequeños la democracia participativa. Por un lado, el proyecto “Read Right, Read Rights” profundiza en los derechos y deberes de la infancia a través de la lectura y las tertulias democráticas, siguiendo los principios del aprendizaje dialógico (diálogo igualitario, inteligencia cultural, transformación, dimensión instrumental, creación de sentido, solidaridad e igualdad). La propuesta también anima a toda la comunidad educativa a consolidar la responsabilidad democrática

    Por otro lado, el proyecto de creación de un Consejo de Infancia y Adolescencia, busca fomentar la participación de niños y jóvenes dentro y fuera de la escuela, colaborando y expresando sus opiniones en temas de su entorno que los afectan, creando espacios de encuentro de las diferentes comunidades, para trabajar juntos, fomentando el compromiso comunitario en la escuela y en su entorno.

     

    Read Right – Read Rights

    El proyecto: contexto, motivación y enfoque pedagógico

    En la Escola Carrilet, un centro de educación infantil y primaria de Palafrugell, la lectura ha dejado de ser una actividad exclusivamente instrumental para convertirse en una puerta de entrada a la ciudadanía. El proyecto “Read Right – Read Rights”, desarrollado durante el curso 2023-2024 con el apoyo del programa europeo DEMOCRAT, ha logrado integrar la lectura con la educación en valores y la participación democrática, implicando a toda la comunidad educativa: alumnado, docentes, familias y agentes del entorno.

    La iniciativa nace de un doble diagnóstico. Por un lado, la escuela detectó la necesidad de mejorar la competencia lingüística del alumnado, en particular la comprensión lectora. Esta preocupación llevó a Carrilet a integrarse en la Xarxa de Competència Lectora del Departament d’Educació, un espacio de trabajo colaborativo entre centros para reforzar la lectura como eje del aprendizaje. Por otro lado, el claustro se planteaba cómo dar contenido práctico y transversal al vector “democracia” del nuevo currículum de Catalunya. ¿Cómo formar niños y niñas críticos, activos, respetuosos y conscientes de sus derechos? ¿Cómo hacerlo desde edades tan tempranas como los tres años?

    La respuesta se materializó en un proyecto ambicioso, intergeneracional y transversal que conecta los derechos y deberes de la infancia con el Pla Lector de centro. Así, a lo largo del curso, los 380 alumnos del centro —desde I3 hasta 6º— trabajaron textos relacionados con los derechos infantiles mediante tertulias dialógicas, trabajo cooperativo, asambleas de aula, juegos democráticos y proyectos artísticos, todo ello bajo un enfoque de aprendizaje activo y participativo.

    La metodología empleada parte de la convicción de que el aprendizaje significativo requiere dar voz al alumnado. Las tertulias dialógicas, inspiradas en el aprendizaje dialógico y la pedagogía crítica, permiten que todos los niños y niñas —independientemente de su edad, nivel o bagaje— participen activamente en conversaciones en torno a temas como la igualdad, la justicia, el respeto o la diversidad. Este enfoque no solo mejora las habilidades comunicativas y de comprensión, sino que también fortalece la empatía, la argumentación y la conciencia colectiva.

    El proyecto se concibió con una clara voluntad de alinearse con el currículum oficial, basándose en las competencias democráticas definidas por DEMOCRAT. De esta manera se seleccionó cuidadosamente las competencias, saberes y tipologías textuales pertinentes a cada nivel. Asimismo, se diseñó un sistema de evaluación de competencias democráticas, adaptado el modelo sugerido por DEMOCRAT a las diferentes edades, para observar el impacto del proyecto más allá de lo académico.

    En definitiva, “Read Right – Read Rights” representa un esfuerzo por hacer de la lectura una herramienta de transformación: leer para comprender el mundo, leer para ejercer la ciudadanía.

    De la idea al aula: actividades, dificultades e impacto

    La implementación del proyecto ha sido tan rica como diversa. Cada grupo clase diseñó una secuencia de actividades en torno a los derechos y deberes de los niños, utilizando como punto de partida una selección de libros cuidadosamente escogidos. Estos textos, procedentes de la maleta pedagógica de la Fundación Rosa Sensat y otras recomendaciones, sirvieron como base para las tertulias y el trabajo reflexivo.

    Entre las actividades más destacadas cabe mencionar:

    • “¿Quién soy yo?”: una propuesta de autoconocimiento y expresión emocional orientada a trabajar la empatía, el respeto por las diferencias y la identificación de derechos básicos.
    • “Descubrimos nuestros derechos”: lectura y análisis colectivo de textos vinculados a la Convención de los Derechos del Niño.
    • “El poder de una canción” y “Every child a song”: proyectos musicales para abordar los derechos desde el arte y la sensibilidad.
    • “El juego de los CarriDrets”: actividad gamificada para reforzar la comprensión de los deberes y derechos en situaciones cotidianas.
    • “Molta merda!”: creación teatral protagonizada por el alumnado de 6º, centrada en los conflictos y dilemas que surgen cuando los derechos no se respetan.

    Además de estas propuestas, se diseñaron dinámicas para el patio, como juegos cooperativos e inclusivos, o espacios de deliberación más estructurados a través de las asambleas de aula. Todo ello se desarrolló bajo unas normas de convivencia construidas colectivamente y visibles en todas las aulas.

    Una de las claves del éxito ha sido la implicación del claustro, que recibió formación específica en educación democrática gracias al acompañamiento del equipo DEMOCRAT y la formación ofrecida por la XCL. Este aprendizaje se tradujo en la adaptación del proyecto a las distintas etapas educativas y en la revisión del Pla Lector con perspectiva democrática.

    No obstante, el proceso también presentó desafíos. El más señalado fue el relevo parcial del claustro, que obligó a dedicar esfuerzos adicionales a la cohesión interna. También se identificó la necesidad de disponer de más tiempo para sistematizar la evaluación, ya que no se pudieron realizar todas las mediciones previstas.

    Pese a ello, los resultados han sido notables. En el plano lector, las evaluaciones internas muestran una mejora clara en la comprensión lectora. En lo democrático, se observó una evolución positiva en las actitudes de respeto, participación y escucha activa. El alumnado expresó sentirse más escuchado y valorado, especialmente en los ciclos iniciales. En los niveles superiores, se detectaron inquietudes más complejas, como la necesidad de más espacios de expresión entre iguales o el deseo de incidir en decisiones colectivas.

    La evaluación de competencias de ciudadanía democrática responsable (CDR), diseñada con formularios y recursos visuales adaptados a la edad, permitió recoger datos valiosos sobre cómo los niños viven el respeto, la justicia, la participación y el cuidado mutuo, tanto en la escuela como en casa. Esta información sirvió para elaborar planes de mejora adaptados a cada grupo y detectar casos que requerían acompañamiento emocional específico. Por lo que los datos proporcionados ayudaron a los profesores a reflexionar sobre su intervención en el aula ayudándolos a mejorar y adaptar mejor a las necesidades del alumnado.

    Conclusiones y aprendizajes

    A lo largo del curso, “Read Right – Read Rights” ha consolidado su valor como proyecto integrador, transformador y transferible. Su principal fortaleza reside en su capacidad para alinear objetivos académicos (competencia lectora) con objetivos cívicos (competencia democrática), partiendo de una herramienta tan poderosa y accesible como la lectura.

    El proyecto ha demostrado que trabajar los derechos y deberes desde edades tempranas no solo es posible, sino necesario. El hecho de que el alumnado se sienta escuchado, seguro, respetado y capaz de expresar lo que piensa y siente es el primer paso para construir una escuela inclusiva y una sociedad más justa. Como se desprende del trabajo en las aulas, cuando se crean espacios de diálogo igualitario y se confía en la palabra del niño, se generan procesos de transformación personal, social y cultural.

    Entre los aprendizajes clave destacan:

    • La importancia de unificar criterios metodológicos y compartir buenas prácticas entre el profesorado.
    • El valor del trabajo en red con otros centros e instituciones.
    • La necesidad de formación docente específica en competencias democráticas, aún poco presentes en la oferta formativa habitual.
    • La utilidad de crear recursos propios (por ejemplo, una “caja de herramientas” con materiales y dinámicas) para facilitar la implementación sostenida del proyecto.

    Pensando en la transferencia a otros contextos, este proyecto ofrece un modelo adaptable que puede desarrollarse en distintos niveles educativos, materias y entornos. Lo esencial es mantener el enfoque dialógico, el protagonismo del alumnado y la conexión con el currículum y el entorno local.

    Desde la Escola Carrilet, el camino no se detiene aquí. La voluntad del centro es seguir consolidando el proyecto.

    En palabras de uno de los docentes implicados: “Si un niño aprende a decir lo que piensa, a escuchar con respeto y a cuidar a los demás, está aprendiendo a ser ciudadano. Y eso, al final, es también aprender a vivir”.

     

    Consejo de Infancia de Salomón

    El proyecto: contexto, motivación y enfoque pedagógico

    La escuela Josep Nin, es una escuela rural ubicada en la pequeña población de Salomó que cuenta con aproximadamente 500 habitantes, con un elevado porcentaje de población inmigrante. Más de la mitad de las familias del centro son de procedencia extranjera, por lo que la comunicación con las familias y su participación en la vida de la escuela y del municipio, a veces se hace difícil. Para dar respuesta a esta dificultad y favorecer la participación en la vida de la escuela y del municipio, la creación de un consejo de Infancia y Adolescencia se presenta, pues, como una herramienta clave y elemento de cohesión social.

    Los Consejos de Infancia y adolescentes son instrumentos al alcance de los niños y jóvenes, que les permite ejercer el derecho de ciudadanía con la participación infantil como derecho fundamental, implicarse y actuar con el objetivo de transformar su propia ciudad o pueblo. En este sentido, la participación es una oportunidad para que los niños profundicen en los valores democráticos y puedan plantear propuestas a los entes locales en decisiones que afectan directamente su vida en la escuela y en el municipio.

    En esta iniciativa dirigida al alumnado de ciclo superior de la escuela y de los dos primeros cursos de la ESO, han participado también otros alumnos de primaria y también 5 docentes.

    A través de este espacio de participación que es el Consejo de Infancia y adolescencia, los objetivos principales que se plantea la escuela Josep Nin son:

    • Crear una estructura válida y estable de participación de los niños y de comunicación de los mismos con las autoridades municipales.
    • Fomentar el trabajo colectivo en pro de un bien común y comunitario.
    • Desarrollar estrategias para trabajar la democracia participativa.
    • Conseguir que los niños tengan la posibilidad de manifestar y decidir cómo quieren que sea su pueblo, el entorno más cercano, su escuela y en general todo lo que les rodea en tanto que son parte de ella.
    • Conseguir que las personas adultas reconozcan los derechos de los niños, valorando y teniendo en cuenta su opinión de forma real, escuchándolos y poniendo en funcionamiento algunas de sus propuestas siempre que sean reales y con fundamento.

    A partir de ahí, se empieza a dibujar la estructura de lo que será el Consejo de Infancia, desde las competencias que se trabajarán, los objetivos, la evaluación y el desarrollo de todas las sesiones de aprendizaje.

    La metodología que apoya la intervención se fundamenta en un aprendizaje basado en competencias, cooperativo y activo, poniendo en práctica habilidades y competencias socioeducativas como la comunicación, la responsabilidad y el trabajo en equipo. Estas competencias se entrenan a través de actividades concretas, como: Debates y Asambleas, Proyectos Comunitarios, Encuentros con representantes del Ayuntamiento u otras instituciones.

    El proyecto tiene en cuenta el nuevo currículo oficial de Cataluña, especialmente con respecto al vector de Ciudadanía democrática y conciencia global. Así, pues, el Consejo de niños se integra en diversas áreas del currículo escolar y permite el desarrollo de competencias sociales, la mejora de las habilidades comunicativas, la empatía y la conciencia y el compromiso con el bien común.

    Teniendo en cuenta estas competencias, a través del Consejo de Infancia, el alumnado puede mejorar las habilidades lingüísticas participando en debates, redactando propuestas, y abordando cuestiones relacionadas con su entorno y proponiendo mejoras.

    Asimismo, cultivar valores como la solidaridad, la justicia y el respeto a los derechos de todos los miembros de la comunidad, se puede hacer a través de la colaboración, la resolución de conflictos y la responsabilidad social.

    De la teoría a la acción: Actividades, dificultades e impacto

    La implementación de la propuesta ha seguido una línea de trabajo tanto con el alumnado de la escuela como del instituto, perfectamente pautada a través de sesiones llevadas a cabo en el aula durante el primer trimestre del curso escolar. En el segundo trimestre se constituye el Consejo de Infancia en un acto en el Ayuntamiento del municipio, y seguidamente se establecen reuniones regulares para presentar las propuestas del alumnado y recibir la valoración de su viabilidad.

    En las sesiones de aprendizaje el alumnado ha podido conocer, comprender y reflexionar sobre temas como, por ejemplo, los valores de la sociedad democrática, los derechos y deberes de los niños y los derechos humanos. Aunque el conocimiento teórico es muy necesario, es en la práctica donde se aprende la democracia, como el camino que se aprende caminando.

    Por ello, competencias como la participación y la deliberación, se aprenden haciendo actividades prácticas como, debates y asambleas, proyectos comunitarios, encuentros con representantes del ayuntamiento u otras instituciones. En cuanto a las actividades más destacadas que se han realizado durante el proceso de creación del Consejo de Infancia, cabe mencionar:

    • El Parlamento de la Clase: simulación de una situación de democracia y toma de decisiones en grupo, donde los y las alumnas deben pensar propuestas, debatirlas, reflexionar sobre ellas y adquirir pequeños compromisos con los valores democráticos
    • El semáforo de los derechos: mediante cartulinas de colores opinar respecto a situaciones planteadas y trabajar la diversidad de opiniones, el derecho a decidir y la responsabilidad que implica tomar decisiones.
    • Presentación de los candidatos y candidatas al Consejo de Infancia y Adolescencia: los alumnos se encargan de escoger a sus representantes con la ayuda del/la profesor/a
    • Aspectos que puedo mejorar de nuestro pueblo: diagnóstico de cuál es el problema que tiene la ciudad y propuestas como: El deporte en el municipio y en la escuela, respetar el entorno, y civismo y responsabilidad como miembros de una comunidad
    • Primera sesión plenaria en el Ayuntamiento: el alcalde o alcaldesa hace la presentación del proyecto y el alumnado presenta propuestas de mejora del municipio.

    Con esta iniciativa educativa, los niños y niñas han conocido cómo funcionan las Instituciones Democráticas, han desarrollado el pensamiento crítico, la capacidad de trabajar en equipo, y el sentido de la justicia y la responsabilidad social. Para evaluar el nivel de consecución de estas competencias se ha diseñado un sistema de evaluación de competencias democráticas, a través de cuestionarios adaptados al modelo propuesto por DEMOCRAT. Aunque se reconoce la utilidad de esta herramienta de evaluación, el contenido se convierte en bastante complicado y la terminología es difícil de entender por parte del alumnado, por ello ha sido necesario el acompañamiento del profesorado para realizarla. La evaluación, se complementó con autoevaluaciones del alumnado y las reflexiones que aportó el profesorado por su parte.

    De los resultados de la evaluación, centrada en las competencias DEMOCRAT, “participación solidaria, deliberación, juicio crítico y resiliencia”, en su conjunto y en ciertos aspectos más que en otros, el alumnado manifiesta un –sí- claro, en relación a “sentirse parte del grupo o la comunidad”, “detectar las injusticias”, “respetar las opiniones” y “conocimiento de los derechos humanos y los derechos de los niños”. Aun así, gran parte del alumnado considera que sus propias opiniones no son tenidas en cuenta.

    Sin embargo, en otros aspectos de competencia ciudadana como “ayudar a los demás” “aportar ideas y resolver problemas para que todo funcione mejor”, responden muy a menudo sólo –A veces-. Lo cual manifiesta que estos aspectos no los tienen tan alcanzados.

    Valores como la justicia o la igualdad la mayoría del alumnado los defiende, pero no hay consenso de que estos valores ayuden a resolver problemas. La mayoría manifiesta que necesita ayuda para resolver sus problemas y en general ayuda a los demás cuando los tienen.

    En cuanto al pensamiento crítico, como es normal teniendo en cuenta la edad del alumnado, buena parte necesita ayuda para saber si la información que reciben es fiable o no.

    Por otro lado, solo una parte del alumnado ha desarrollado el pensamiento crítico en cuanto a la información recibida a través de la tele, la radio, internet o las redes sociales, y necesitan a menudo ayuda para ver si es fiable o no, lo cual es normal teniendo en cuenta la edad del alumnado, pero lo que es preocupante es que una cuarta parte no tiene tampoco el hábito de contrastar la información que le llega.

    Conclusiones y aprendizajes

    Inicialmente, la investigación inicial sobre los Consejos de Infancia en todo el país y especialmente la visita a la escuela El Carrilet de Palafrugell para conocer otras experiencias fue una fuente de inspiración para la escuela Josep Nin, tanto es así, que se plantean en un futuro, formar parte de una red de apoyo entre consejos para el intercambio de experiencias y buenas prácticas.

    En general la experiencia ha sido muy positiva y ha satisfecho a docentes, alumnado y equipo directivo y también a las familias. También ha tenido una gran implicación por parte del Ayuntamiento. Aun así, para que la participación del alumnado sea más efectiva, es necesaria la implicación de todos los docentes. Los adultos, como los niños, necesitan formación, herramientas pedagógicas participativas y recursos para apoyar y sacar adelante con seguridad el proyecto y fomentar los valores democráticos en la escuela y en la sociedad.

    Los resultados de esta iniciativa son muy estimulantes en cuanto a la implicación del alumnado que ha estado muy motivado en todo momento y contento de participar y explicar tanto al Ayuntamiento como al resto de los compañeros su experiencia del Consejo de Infancia y Adolescencia. Hecho que demuestra que desarrollar modelos proactivos, donde los niños y adolescentes lideren, decidan y trabajen temas significativos para ellos y ellas, forma parte de una experiencia educativa democrática y transformadora.

    No obstante, el proceso presenta también algunas incertidumbres. Por un lado, hay cierta preocupación en cuanto a los resultados de las propuestas del alumnado en el Consejo de Infancia, respecto a su efectividad, continuidad y resolución en el futuro. En cuanto a la continuidad del alumnado que ahora forma parte del Consejo, y que cambiará de nivel, se espera una respuesta positiva y que en el próximo curso sigan implicados.

    Es necesario también que el Consell tenga voz en el municipio y respuesta formal por parte del Ayuntamiento de manera continuada. Las reuniones con las entidades municipales son muy protocolarias y es necesario un acercamiento por parte de todos. Los y las participantes deben sentirse cómodos para exponer sus ideas y sentirse escuchados. Es un aprendizaje colectivo en tanto que los ayuntamientos tienen que acostumbrarse también a hacer política permitiendo que los niños y la juventud del municipio pueda decir la suya en cosas que también les afectan y tener en cuenta sus puntos de vista.

    En definitiva, a través del Consejo de Infancia y Adolescencia se quiere dar voz a los niños y adolescentes, sean de la procedencia que sean, para favorecer la participación activa del alumnado en la toma de decisiones que afectan directamente a sus vidas.

    Conclusiones

    A modo de síntesis, las experiencias desarrolladas en el marco del proyecto DEMOCRAT en las escuelas Carrilet y Josep Nin muestran de forma clara que es posible promover una educación para la democracia desde edades tempranas. Ambas iniciativas han logrado generar espacios reales de participación, deliberación y reflexión crítica, ofreciendo al alumnado la oportunidad de ejercer su ciudadanía en contextos de su vida cotidiana.

    Read Right – Read Rights demuestra cómo la lectura puede convertirse en una herramienta poderosa para fomentar valores democráticos, desarrollar competencias lectoras y fortalecer el sentido de comunidad dentro del centro educativo. La combinación de tertulias dialógicas, juegos cooperativos, actividades artísticas y evaluación formativa ha permitido un aprendizaje integral, que abarca tanto el plano académico como el personal y social. La implicación del claustro y de las familias ha sido clave para el éxito de esta experiencia, así como el alineamiento del proyecto con el currículum oficial y el acompañamiento metodológico del programa DEMOCRAT.

    Por su parte, el Consejo de Infancia y Adolescencia de Salomó pone de relieve la importancia de crear estructuras estables que reconozcan y potencien la voz de niños y niñas en la vida comunitaria. Esta iniciativa ha contribuido a fortalecer el tejido social en un contexto marcado por la diversidad cultural, a través de dinámicas cooperativas y espacios de deliberación. A pesar de algunos desafíos, el proyecto ha generado entusiasmo, sentido de pertenencia y aprendizajes significativos entre el alumnado.

    Ambas experiencias comparten una visión transformadora de la educación: formar ciudadanos y ciudadanas conscientes, comprometidos y capaces de contribuir al bien común. Para ello, destacan varios aprendizajes clave:

    • La necesidad de conectar la teoría con la vida real del alumnado, generando experiencias de participación significativas.
    • La importancia de metodologías activas, dialógicas y cooperativas que sitúen al alumnado como protagonista del aprendizaje y le den voz.
    • La relevancia de implicar a toda la comunidad educativa —docentes, familias, ayuntamientos— en la construcción de una cultura democrática en la escuela.

    Estas experiencias son inspiradoras y pueden ser transferibles a otros centros y contextos. A través de los diferentes entregables finales, DEMOCRAT ofrecerá la oportunidad de conocer mejor los elementos transferibles de estos y otros proyectos para fortalecer una ciudadanía democrática responsable.

     

     

    Nota: Desde el equipo DEMOCRAT agradecemos la ilusión y el esfuerzo de los docentes de la escuela Carrilet y de la escuela Josep Nin que han desarrollado estas dos experiencias. La información del articulo proviene de la documentación elaborada por los equipos docentes y del seguimiento de los proyectos que ha realizado el equipo de DEMOCRAT en España.

  • Haciendo memoria: Todo lo que he aprendido a lo largo de este intenso curso con el alumnado de secundaria

     

    Por María Esther Gutiérrez Expósito

     

    Cerramos un nuevo curso. Es momento de hacer memoria. Son muchos cursos ya, muchos viajes ¿Qué ha hecho que este sea tan especial, tan memorable? Sin duda, todo lo vivido en el aula ¡Cuántas veces nos hemos repetido: “Esto que sucede en nuestro mundo se aprende en la escuela…”!

    Hemos vivido cómo el ruido y la tensión bajan cuando todos saben que hay momento para que se escuchen todas las voces, cuando se abren espacios para el diálogo (esto es literal, porque hacemos hueco en el centro del aula empujando todo el mobiliario hacia los extremos) y nos sentamos en círculo, como en las tribus ancestrales alrededor del fuego, y vamos hablando mientras cuidamos por turnos de una pequeña planta que va pasando de mano en mano y de voz en voz. Es relato de vida.

    Nos hemos dado la oportunidad de preguntarnos sobre los retos y desafíos del mundo actual: ¿Qué nos parece? ¿Cómo lo vemos? ¿Cómo podríamos mejorar esta situación? ¿Qué está en nuestras manos hacer?

    Hemos analizado nuestro progreso, nuestras iniciativas, poniéndolas en valor: tres estrellas-para lo que mejor hemos realizado-, tres semillas -porque algunas se quedaron en proyecto, pero queremos darles continuidad-, un deseo -un nuevo proyecto a emprender-

    Ha habido tiempo para entender que de todos y con todas podemos aprender, incluso con el que acaba de asomar por nuestra clase ¡es tanta la escuela de vida que guarda en su mochila! La mejor de las acogidas es hacer y construir juntos. Podemos danzar juntos, hablar de un libro que estamos leyendo, y que nos acerca a sueños de otros tiempos que son los nuestros, interpretar piezas de música, versionar obras de arte y con todas ellas, montar nuestra propia exposición. Todos y cada uno de nosotros, somos una obra maestra. Nuestra escuela se hace escuela de los vínculos.

    Tenemos derecho a participar…a veces las instituciones nos resultan lejanas. Por nuestras clases han pasado personas que trabajan desde ellas por abrir procesos de paz, garantizar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y avanzar en el cumplimiento de los Derechos Humanos: Acercar las instituciones, visibilizar los espacios de participación con los que contamos, conocer ejemplos de activistas que a lo largo de la historia y desde sus territorios tejen el bien común.

    Tenemos derecho a saber, a estar bien informados. ¡Qué necesario estar atentos y centrados en los retos y desafíos clave! ¡Qué importante escudriñar las fuentes de información! Vivir muy conscientes

    Nos hemos cuidado. Sabemos de la importancia y necesidad de saludarnos, reconocernos, preguntarnos, agradecernos y abrazarnos. Cuidarnos, cuidar de los otros y de los espacios por los que transitamos y visibilizar nuestra deuda de cuidados.

    Y así, entrelazados, armando vínculos, sabemos que será más fácil vivir en emergencia e incertidumbre con la responsabilidad de dar respuesta a la realidad que nos interpela. A implicarse, como a tantas otras cosas, se aprende en la escuela.

    “He venido a pedir disculpas…” ¡Qué diferente transcurriría nuestra historia que es parte de la gran Historia desde este ejercicio de reconocimiento de lo que no estuvo acertado! Aprender a comunicar lo que pensamos, sentimos, hacemos y somos. Aprender a reconocer nuestras emociones. La vida y las persona en el centro de nuestra atención.

    Nos llevamos tres claves a modo de rúbrica final para tomar decisiones ¿Me dejo alguien fuera? Eso ¿se sostendrá en el tiempo? ¿tiene en cuenta a los que todavía no están, pero vendrán y estoy decidiendo por ellos? ¿Qué impacto global, además del local que ya veo, tendrá?

    Todo esto se aprende en la escuela. De la ciudadanía a la ciudadanía, hacia el bien común.