Tag: Educación para la Democracia

  • Cuarto taller nacional del proyecto Democrat: Presentación de herramientas de evaluación de Competencias de Ciudadanía Democrática Responsable

    Por Alba Molas

    Impartido por el equipo Democrat en colaboración con el IDP (Instituto de Desarrollo Profesional), el dia 26 de noviembre de 2024 se realizó, en formato telemático, el segundo taller de formación. El taller, que iba dirigido al profesorado interesado en Educación Cívica y Educación para la democracia (primaria y secundaria), contó con la asistencia de 22 personas (de Cataluña, España y Latinoamérica), procedentes de centros educativos de primaria, secundaria, universidades y asociaciones educativas.

    Los objetivos del taller eran, por un lado, presentar las herramientas para evaluar el desempeño del alumnado en las cuatro áreas clave de competencias de la Ciudadanía Democrática Responsable descritas en el proyecto Democrat: participación solidaria, deliberación, juicio y pensamiento crítico y resiliencia democrática (Gráfico 1). Y, especialmente, fomentar el debate entre los y las participantes e intercambiar opiniones acerca de las herramientas presentadas.

    Se destacó la importancia de la participación de los centros educativos para el proyecto Democrat. Las escuelas son fundamentales para trabajar nuevos enfoques de educación para la democracia. Actualmente, hay más de 30 escuelas que están colaborando con el proyecto entre todos los países del consorcio. En España, concretamente, participan siete centros educativos de Cataluña, una escuela de la Comunidad Valenciana y otro centro educativo de Madrid.

    Estos encuentros ofrecen la posibilidad de compartir ideas, experiencias y metodologías utilizadas en el aula. En esta ocasión, se puso el foco en analizar y comentar las herramientas de Evaluación de competencias CDR (véase Gráfico 2) y cómo se pueden afinar y adaptar a los distintos niveles escolares.

    Las herramientas de Evaluación de competencias CDR se basan en dos cuestionarios:

    1. Herramienta de evaluación del profesorado: Esta parte está diseñada para ayudar a las y los educadores a evaluar las competencias de CDR del alumnado a nivel de clase o grupo, y, opcionalmente, a nivel individual.
    2. Herramienta de autoevaluación del estudiante: Esta sección proporciona a las y los estudiantes una herramienta de autoevaluación para evaluar sus niveles de competencia.

    Estas herramientas no son definitivas, están en progreso constante y se van adaptando y modificando a través del diálogo y la colaboración con la comunidad educativa. La experiencia y las opiniones del profesorado son necesarias para desarrollar y afinar la metodología de evaluación y valorar su eficacia para conseguir los resultados deseados.

    Si hay sugerencias de mejora o simplificación se abre el abanico de las propuestas que se pueden facilitar a la comunidad educativa, porque el objetivo es que esta herramienta sea flexible y adaptable a las escuelas y que sirva realmente para medir su progreso en la transmisión de las competencias.

    El taller combinó exposiciones teóricas con dinámicas grupales. Los participantes trabajaron separados en dos grupos: un grupo de educación primaria y otro de educación secundaria, para valorar y comentar la metodología y las herramientas presentadas.

    En este sentido y, siguiendo con la estrategia de cocreación del proyecto Democrat, se invitó a los y las participantes a expresar sus opiniones acerca de los cuestionarios, formulando preguntas sobre: “La utilidad de la herramienta de evaluación de las competencias para el alumnado”, “Problemas y obstáculos para implementar la herramienta de evaluación de competencias” o “El papel del alumnado en la autoevaluación de sus propias competencias”.

    De la puesta en común del trabajo en grupos, se desprende que la evaluación de las competencias democráticas del alumnado no es sencilla. Implica enfoques diferentes, especialmente en cuanto al contenido y la forma de llevar a cabo la evaluación y el nivel educativo al que se evalúa.

    Valoración de la herramienta del grupo de nivel de primaria

    La herramienta de evaluación presentada por Democrat se considera demasiado extensa y bastante compleja para el alumnado de primaria. Por ello, se ve necesario simplificar y adaptar el cuestionario a dicho nivel. Se puso como ejemplo la propuesta de una escuela de infantil y primaria adaptada a su alumnado.

    Sobre esta propuesta surgen comentarios en relación con el diseño de los cuestionarios y la importancia de la visualización. Utilizar símbolos (por ejemplo, caras) puede condicionar las respuestas. Los colores pueden dificultar el identificarse con las emociones. Una idea interesante que surge es implicar al alumnado en la elaboración del cuestionario, dialogar y reflexionar sobre sus necesidades.

    Se resalta que los cuestionarios, además de ser una herramienta de evaluación, pueden ser útiles como herramienta de trabajo dentro del aula para discutir temas relacionados con la democracia. Se considera una herramienta ambivalente en cuanto a que tiene la capacidad para recoger datos, pero también para fomentar la reflexión entre el alumnado.  Se trata de una herramienta flexible que, como una fotografía, muestra la situación del alumnado en un momento determinado; es un punto de partida, solo una pequeña parte de toda la evaluación.

    Además, algunas voces opinan que para valorar realmente las intervenciones que realizan en sus escuelas es necesario tener en cuenta la opinión de entidades que colaboran con ellas o, por ejemplo, hacer cuestionarios de satisfacción de las familias. Esto abre un abanico de posibles herramientas de evaluación adaptadas a la temática que trabaja cada centro educativo. Aunque para comparar las diferentes intervenciones entre todas las escuelas se necesita una cierta homogeneidad en cuanto a dichas herramientas.

     

    Valoración de la herramienta del grupo de secundaria

    El análisis de la herramienta se centró en distintas cuestiones. Por una parte, se considera que el planteamiento de los niveles de competencia es demasiado secuencial, del nivel más bajo al nivel más alto y se propone desordenar las opciones para evitar respuestas automáticas, sabiendo que la última opción es la mejor. Por otra, se sugirió utilizar un vocabulario más cercano al alumnado.

    Una aportación común con el grupo de primaria fue considerar que la propia herramienta de evaluación puede ser parte del proceso de aprendizaje; preguntando al alumnado por su opinión, y sugerencias de mejora. Siendo así que el propio grupo objetivo se convierte a su vez en codiseñador de las herramientas de evaluación.

    Una propuesta alternativa o complementaria a los cuestionarios, sugirió, como herramienta de aprendizaje, realizar una consulta que contenga todas las cuestiones que se quieren tratar, para generar algo que sea colectivo en grupo, y no tan individual.

     

    Principales conclusiones del taller

    De la puesta en común del trabajo en grupos, se desprende que la evaluación de las competencias democráticas del alumnado no es sencilla. Implica enfoques diferentes, especialmente en cuanto al contenido y la forma de llevar a cabo la evaluación y al nivel educativo al que se evalúa.

    Una primera conclusión del grupo de primaria es la necesidad de simplificar y adaptar el cuestionario al alumnado de primaria y centrar las preguntas, en la medida de lo posible, en el proyecto que lleva a cabo cada centro educativo. Asimismo, la visualización es importante para que el alumnado se sienta identificado y, por otro lado, el lenguaje debería ser sencillo y adaptado a las características del alumnado.

    Desde el grupo de secundaria, se propone desordenar las opciones y niveles de respuesta del cuestionario para evitar respuestas automáticas y favorecer la reflexión del alumnado.

    También, se propone implicar al alumnado y a las familias en la elaboración del cuestionario para facilitar el diálogo y la reflexión, haciéndolos codiseñadores de las herramientas de evaluación. Esto permitiría evaluar el nivel de complejidad y la familiaridad con el lenguaje de la herramienta.

    Una idea que destaca entre los distintos grupos es considerar el cuestionario en sí mismo como una herramienta de aprendizaje y discusión con el alumnado sobre la democracia que se trabaja y evoluciona a lo largo de la intervención. Esto plantea la cuestión de la flexibilidad de la herramienta, que puede cambiar y progresar constantemente. Sin embargo, es necesaria cierta homogeneidad del cuestionario para hacer una comparativa de las intervenciones de las diferentes escuelas que participan en el proyecto.

    Además de este, algunas escuelas plantean la necesidad de realizar evaluaciones complementarias, por ejemplo, a las familias y entidades que colaboran en su proyecto local, para valorar el funcionamiento real de las intervenciones. Sin duda, este trabajo que realizan estas escuelas sería muy beneficioso para el proyecto Democrat y la caja de herramientas final.

    Una aportación al debate fue la idea de que, como en las democracias participativas, se debe tender a la evaluación conjunta, grupal. Un ejemplo sería realizar una consulta colectiva en lugar de los cuestionarios, que son más individuales. Teniendo en mente que las competencias hay que evaluarlas, pensar más en términos de colaboración.

  • Detección y difusión de información falsa: Fortaleciendo las Capacidades Democráticas cruciales.

    Por Daniel Montolio i Karsten Krüger

    Detección de desinformación: Desafíos e impactos en las democracias

    La proliferación de desinformación en las plataformas de redes sociales representa una amenaza considerable para la calidad del discurso público y la integridad de los procesos democráticos (Reglitz, 2022; McKay & Tenove, 2021; Silva & Proksch, 2021). La capacidad de clasificar e identificar con precisión la desinformación es esencial para mitigar sus efectos adversos. De hecho, la interacción entre el conocimiento científico, el debate democrático y la proliferación del esoterismo, el pensamiento conspirativo y la desinformación ha surgido como un área crítica.

    Se supone que una desinformación política significativa puede influir en la orientación política de la población y, posteriormente, en el resultado de las elecciones. Sin embargo, hay una notable ausencia de estudios que analicen su impacto en la democracia. Un estudio reciente de Sato et al. (2023) aborda esta brecha analizando el impacto de la desinformación y la manipulación en los sistemas políticos, distinguiendo entre regímenes autoritarios y democráticos.

    Los resultados confirman el impacto perjudicial de la desinformación y las noticias falsas en la calidad de la democracia, independientemente del tipo de régimen democrático. Por el contrario, en los regímenes autoritarios, la desinformación se emplea como una herramienta para la propaganda gubernamental autoritaria, que sirve para mantener el régimen y reducir la probabilidad de democratización.

    A diferencia de las autocracias, se ha observado que la presencia de desinformación en las democracias da lugar a niveles crecientes de polarización política entre aquellos que creen en la información falsa y tienden a alinearse con movimientos antidemocráticos o antiliberales, y aquellos que no creen en la información falsa y tienden a alinearse con los movimientos democráticos. Esto conduce a mayores niveles de movilización en ambos lados, lo que a su vez hace que los resultados sean menos predecibles.

    Sato y cols. (2023) citó el ejemplo de Brasil, donde la tendencia iliberal se invirtió debido a la fuerte movilización de la sociedad civil democrática (véase también Tomini, Gibril, & Bochev, 2023).

    Difusión de información falsa: Patrones de Comportamiento y Factores de Influencia

    La encuesta se realizó en dos etapas durante un período de 12 días. En la primera ola, los encuestados evaluaron diez titulares. En la segunda oleada, se pidió a los encuestados que calificaran ocho titulares de la misma manera que en la ola inicial, y luego que respondieran preguntas relacionadas con sus inclinaciones socioeconómicas y políticas. La retroalimentación sobre la veracidad de los titulares no se proporcionó a los encuestados hasta la conclusión de la segunda oleada. La encuesta se llevó a cabo en cuatro países europeos: Alemania, Irlanda, Polonia y España. Toda la documentación de la encuesta se tradujo a los cuatro idiomas pertinentes, con algunas preguntas adaptadas a países específicos.

    El análisis de los datos de la encuesta arrojó dos resultados clave: la probabilidad de determinar con precisión la veracidad de las noticias y la probabilidad de compartir dichas noticias en las redes sociales. En primer lugar, examinamos quién es más probable que evalúe correctamente la veracidad de las noticias. Nuestros resultados indican que no hay una diferencia perceptible en la capacidad de los individuos para clasificar correctamente los titulares verdaderos o falsos.

    Los resultados demuestran que, en general, las personas son competentes a la hora de identificar con precisión si un titular es verdadero o falso. El porcentaje medio de acierto entre los encuestados es del 68,4%, lo que constituye un logro digno de mención.

    Cabe destacar que los encuestados demostraron una capacidad significativamente menor para clasificar las noticias con contenido político. Esto indica que los sesgos y preferencias políticas pueden desempeñar un papel importante a la hora de influir en la precisión de la clasificación de las noticias. Además, nuestros resultados sugieren que las personas que admiten haber confiado previamente en la desinformación no son tan hábiles como otros para detectar la naturaleza de los titulares a los que se enfrentan.

    En segundo lugar, evaluamos hasta qué punto los participantes estarían dispuestos a compartir los titulares que han leído en las redes sociales. Los resultados del experimento de desinformación demuestran que la mayoría de los adultos son capaces de identificar la desinformación y no se sienten inclinados a difundirla. Solo una minoría de este grupo está dispuesta a tomar medidas contra la fuente de desinformación y noticias falsas. Un segundo grupo de personas es capaz de identificar la desinformación y las noticias falsas, pero las comparten con otros en línea por diversas razones. Un tercer grupo de personas, que comparten información errónea sin identificarla como tal, debería aprender a evaluar la información de manera más efectiva, incluida su fuente.

    El estudio destaca la necesidad de obtener una comprensión más profunda de la compleja relación entre los factores socioeconómicos y la alfabetización mediática. A la luz del desafío actual que plantea la desinformación para el discurso público informado y los procesos democráticos, estas ideas son vitales para el desarrollo de estrategias efectivas para mejorar la comprensión pública y la resiliencia contra la desinformación.

    En investigaciones futuras debería estudiarse la eficacia de las iniciativas educativas y las medidas políticas adaptadas a los distintos grupos demográficos para reducir la propagación de la desinformación. Al identificar los factores que influyen en la detección y difusión de la desinformación, esta investigación contribuye al esfuerzo más general para proteger los valores democráticos y promover una ciudadanía bien informada en la era digital.

    Desarrollar la resiliencia frente a la desinformación: El papel de la competencia y la educación.

    Los resultados del experimento, junto con la bibliografía existente sobre desinformación y las noticias falsas, proporcionaron información para el diseño del proceso de aprendizaje sobre la competencia del juicio informativo, tal como se define en el proyecto DEMOCRAT financiado por la UE (véase la tabla 1). La evaluación de la información no solo debe referirse a la valoración de la fiabilidad y exactitud de las fuentes de información y de la propia información, sino que también debe incluir la reacción de las personas ante la información errónea o desinformación identificada. Esto coincide con investigaciones recientes sobre este tema.

    Tabla 1: Competencias clave de una ciudadanía democrática responsable.

    Conocimiento Habilidades Actitudes
    Ser competente para juzgar qué es información fiable y qué no lo es, saber evaluar la fiabilidad de los datos recibidos e interpretarlos. Conocer las herramientas para buscar, encontrar información y evaluar su fiabilidad y veracidad. Estar siempre dispuesto a volver a comprobar la veracidad y fiabilidad de la información

     

    Existen varios estudios que examinan la motivación detrás del intercambio de información errónea. Estos incluyen estudios sobre la señalización de la afiliación grupal (Brady et al., 2020), la autopromoción (Islam et al., 2021), el pensamiento conspirativo (Melchior & Oliveira, 2024), el extremismo político y la incitación al caos (Petersen, 2023), así como estudios que exploran los fines de entretenimiento (Jahanbakhsh et al., 2021; Acerbi, 2019; Tandoc et al., 2018; Waruwu et al., 2020).

    Además, se ha investigado la posible influencia de las plataformas de redes sociales en la amplificación de la desinformación (Ceylan et al., 2023; Lindström et al., 2021). Un estudio de Altay et al. (2020) sugiere que la preocupación por perder la propia reputación social y personal pueden ser un factor significativo para reducir la probabilidad de que la desinformación identificada se comparta sin marcarla como desinformación. El tercer grupo de personas, que comparte la desinformación sin identificarla como tal, debería aprender a evaluar mejor la información, pero también su fuente.

    La investigación sobre cómo los individuos evalúan la información y reaccionan a la desinformación ha puesto de relieve dos puntos clave. En primer lugar, existen limitaciones inherentes a la capacidad de una persona para evaluar la fiabilidad y exactitud de la información. En segundo lugar, es fundamental comprender cómo responden los ciudadanos a la información cuestionable y a la desinformación. Esto ha llevado a perfeccionar la definición de competencia informativa, haciendo mayor hincapié en la fase de reacción, ya que la reacción ante cualquier información, especialmente la dudosa, es fundamental para reducir la propagación de la desinformación.

     

  • Diseño de Proyectos Piloto Locales: una piedra angular del proyecto Democrat

    Diseño de Proyectos Piloto Locales: una piedra angular del proyecto Democrat

    Introducción

    El diseño de proyectos piloto locales (LPP, por sus siglas en inglés), un resultado fundamental del proyecto Democrat, se centra en la creación de intervenciones educativas que fortalezcan las competencias cívicas democráticas. Estos proyectos piloto son cruciales, ya que tienen como objetivo empoderar a los estudiantes y educadores de seis países de la UE (Estonia, Finlandia, Alemania, Irlanda, Polonia y España) para que participen activamente en los procesos democráticos. En el marco más amplio de la educación para la democracia, estos proyectos piloto ofrecen soluciones prácticas y escalables para mejorar la educación cívica. Al incorporar prácticas democráticas en las escuelas, el resultado busca cerrar la brecha entre la teoría y la práctica, fomentando una nueva generación de ciudadanos democráticos responsables.

    Desarrollo e implementación de proyectos piloto locales

    Los LPP están diseñados para crear intervenciones educativas reales que promuevan la acción democrática. Cada país participante tiene la tarea de desarrollar varias intervenciones, adaptadas a las necesidades específicas de sus sistemas educativos. Los proyectos piloto involucran a una variedad de partes interesadas, incluidos maestros, estudiantes, padres, ONG y funcionarios públicos, para garantizar una amplia base de apoyo y perspectivas diversas.

    Los componentes clave del diseño de los LPP incluyen:

    • Redes específicas de cada país: cada proyecto piloto requiere el desarrollo de una red local, que reúna a las partes interesadas que colaborarán para diseñar e implementar las intervenciones.
    • Selección y desarrollo de intervenciones: los proyectos piloto se seleccionan en función de su relevancia para el contexto específico del país y las competencias descritas en el marco conceptual del proyecto Democrat. Estas competencias se centran en la ciudadanía democrática responsable, la participación solidaria, la deliberación, el juicio crítico y la resiliencia democrática.
    • Evaluación y ampliación: cada intervención se evalúa en función de su eficacia para desarrollar competencias cívicas, y los proyectos piloto exitosos están diseñados para poder ampliarse para su implementación en toda la UE.

    Competencias básicas y niveles educativos:

    Los proyectos piloto están dirigidos a estudiantes de entre 8 y 16 años, pero algunos proyectos piloto pueden extenderse a estudiantes más jóvenes o mayores, según las necesidades del país. Las intervenciones se enmarcan en torno a competencias democráticas clave:

    • Participación solidaria: alentar a los estudiantes a participar en procesos democráticos y abogar por la inclusión de grupos marginados.
    • Deliberación: desarrollar la capacidad de participar en un diálogo reflexivo y respetuoso sobre cuestiones políticas y sociales.
    • Juicio: cultivar habilidades de pensamiento crítico para evaluar la credibilidad de la información, en particular en la era digital.
    • Resiliencia democrática: desarrollar la capacidad de responder a los desafíos sin abandonar las normas y valores democráticos, especialmente en tiempos de crisis.

    Estas competencias son fundamentales para formar ciudadanos responsables que puedan desenvolverse y contribuir a los sistemas democráticos de manera eficaz. Los proyectos piloto fomentan enfoques educativos innovadores, como el aprendizaje en acción y los métodos creativos del sector cultural, incluidos el multimedia y el teatro.

    Marco de evaluación y valoración

    La evaluación desempeña un papel crucial en el éxito de los LPP. El proceso de evaluación es multifacético y se centra en:

    • Desarrollo de competencias de los estudiantes: los docentes evalúan el progreso de los estudiantes en el desarrollo de las competencias democráticas previstas. Las evaluaciones previas y posteriores a la intervención miden la eficacia de las intervenciones.
    • Eficacia de la intervención: los docentes y los equipos nacionales colaboran para evaluar el éxito general de la intervención, incluida su relevancia, métodos y recepción por parte de los estudiantes.
    • Reflexión de los docentes: los educadores también evalúan sus propias prácticas, identificando áreas para un mayor desarrollo y capacitación.

    Los resultados de estas evaluaciones alimentan un análisis más amplio, que ayuda a refinar las intervenciones y orientar los futuros esfuerzos de ampliación. Se recomiendan encarecidamente las evaluaciones basadas en grupos de control, que proporcionan información comparativa sobre el impacto de las intervenciones.

    Conclusión

    El diseño de proyectos piloto locales es una piedra angular del proyecto Democrat, que ofrece un enfoque estructurado para integrar la educación para la democracia en los distintos sistemas educativos de la UE. Al centrarse en competencias democráticas fundamentales, como la participación solidaria, el pensamiento crítico y la resiliencia, los LPP proporcionan un marco práctico para generar ciudadanos responsables. El proceso de evaluación y valoración integral garantiza que las intervenciones exitosas puedan adaptarse y ampliarse, reforzando los valores democráticos en toda Europa. A medida que avance el proyecto Democrat, estos proyectos piloto desempeñarán un papel fundamental a la hora de dar forma al futuro de la educación cívica y empoderar a la próxima generación de ciudadanos democráticos.

    ¿Quiere saber más? Consulte el documento 5.1

  • Educación para la Democracia: calidad de la educación y evaluación

     Por Karsten Krüger

    En los debates sobre la gobernanza del sistema educativo nacional o regional, la calidad de la educación es una palabra clave que, como muchas otras palabras clave utilizadas en los debates y estrategias políticas, sigue sin explicarse bien.

    En la mayoría de los casos, la calidad de la educación está relacionada con indicadores cuantitativos como el número de docentes, la proporción de docentes por alumno, la financiación y la financiación por parte de los alumnos como factores de entrada, la cantidad de tiempo de instrucción directa, el grado de aprendizaje activo como indicadores de proceso o puntuación de exámenes, las tasas de graduación como indicadores de productos y la inserción en el mercado laboral como indicadores de resultados (véase Chapman,  D. y Adams, D. 2002).[1] Se supone que los indicadores cuantitativos tienen algo que decir sobre la calidad de la educación. Este es el supuesto básico del enfoque de clasificación, especialmente en la educación superior. Sin entrar en el debate sobre si los indicadores cuantitativos podrían utilizarse para medir la calidad, lo importante es la definición subyacente de calidad. Esto requiere aclarar primero, ¿qué significa calidad de la educación?

    Según la UNESCO, la educación de calidad empodera al individuo, pero no existe una definición unificada de la misma. «La educación de calidad es un concepto dinámico que cambia y evoluciona con el tiempo y los cambios en los contextos sociales, económicos y ambientales del lugar, pero un denominador común es que la educación “debe equipar a todas las personas, mujeres y hombres, para que participen plenamente en sus propias comunidades y también sean ciudadanos del mundo”».

    El primer paso es preguntarse por el nivel para el cual se define la calidad de la educación: por ejemplo, el sistema educativo en su conjunto, el contexto concreto de aprendizaje de los alumnos (las escuelas) o el impacto en los individuos. Este último se define actualmente a través de resultados de aprendizaje (véase la Figura 1).

    Los resultados del aprendizaje se miden y evalúan generalmente en términos de alfabetización, matemática y conocimientos de otras disciplinas escolares, como, por ejemplo, en el estudio PISA. Pero dicha evaluación no cubre los aspectos principales que se mencionan en la definición de la UNESCO: la plena participación en sus comunidades y como ciudadanos en el mundo. Tampoco cubre una amplia gama de competencias para la vida, incluidas las actitudes y los valores. Este es el desafío abierto de la medición de la calidad de la educación.

    Esta falta de medición de la calidad de la educación en términos de empoderamiento afecta directamente a la educación cívica y a la educación para la democracia. Emerge la cuestión de cómo se puede evaluar la ciudadanía democrática responsable y cuáles podrían ser los indicadores para medir la calidad de la educación en las áreas de educación democrática o cívica a nivel del contexto de aprendizaje y del sistema educativo. Aquí entra en juego el concepto de «competencia».

    Figura 1: Factores que influyen en la calidad educativa

    En las últimas décadas, la competencia se ha convertido en la palabra clave para el diseño de estrategias educativas internacionales y europeas. De acuerdo con Telling y Seapioni (2019), este proceso se inició a principios de la década de 1970 con la fase fundacional, que finalizó a finales de la década de 1990. La segunda fase de consolidación como término clave para las políticas educativas se inició en la década de 2000 con el impulso de la OCDE a su estudio PISA y en la UE con la aprobación de la llamada Estrategia de Lisboa y el desarrollo del Marco Europeo de Cualificaciones, y en Europa con la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, con la llamada Estrategia de Bolonia en su centro. En particular, la Estrategia de Lisboa hizo más hincapié en el valor económico de la educación, con el aprendizaje basado en competencias en su centro (CEDEFOP 2009a). La tercera fase comenzó en la UE tras la crisis financiera y económica de 2009, ampliando su ámbito de aplicación, introduciendo en el debate nuevos objetivos, como la cohesión social. Interculturalidad y habilidades sociales.

    El origen conceptual del concepto competencia es doble. Uno se encuentra en el trabajo psicológico de White (1959) y más tarde de McClelland (1973), que fue utilizado por Boyatzis (1982) para elaborar un enfoque de competencias para la gestión de recursos humanos en las empresas. Otro origen es la idea de Chomsky de las competencias lingüísticas y de un hablante ideal que domina perfectamente una lengua. De acuerdo con Telling y Serapioni (2019), el cambio de competencias en la gestión de recursos humanos fue uno de los impulsores de su adaptación a las políticas educativas en el primer período. Roegiers (2016) mencionó como un motor importante hacia el enfoque competencial, el enfoque de enseñanza por objetivos que propone tomar como referencia para el diseño curricular «lo que el alumno debe dominar, sobre la base de una división en objetivos operativos» (Roegiers 2019: 10). A pesar de su creciente relevancia para las políticas educativas, o probablemente su creciente relevancia política, su comprensión sigue siendo objeto de controversia, pero existe una comprensión central como resultado de un proceso de aprendizaje y un atributo individual que se revela en el desempeño (véase Telling y Seapioni, 2019).

    La aplicación del enfoque por competencias en la política educativa europea en la década de 1990, a pesar de que la UE no tiene competencia política en este ámbito, se produjo a través de la percepción de que la educación es un motor de crecimiento y empleo y el cambio hacia la concepción del aprendizaje permanente, delegando la responsabilidad a los ciudadanos en sus trayectorias profesionales, siendo la empleabilidad la segunda palabra clave (véase CE 1996).[2] Implica que la visión de la educación y la formación se extienda a todas las etapas de la vida, pero también a otros ámbitos del aprendizaje como el aprendizaje no formal e informal. El Libro Blanco sobre Educación y Formación (CE 1995) de la Comisión Europea, que allanó el camino para el enfoque del aprendizaje permanente, sigue utilizando el término «conocimiento» como referencia. Cinco años más tarde, enmarcado en la llamada Estrategia de Lisboa, el documento estratégico Hacer realidad un espacio europeo de aprendizaje permanente utilizaba el término «competencia» como referencia clave, pero aún combinado con «conocimiento».[3] También se habla de «competencias» en la Declaración de Bolonia del año 1999, que es el punto de partida de la creación del Espacio Europeo de Educación Superior y que se convirtió en su punto de referencia en los años siguientes para el esbozo del Marco de Cualificaciones para el Espacio Europeo de Educación Superior y el diseño de los planes de estudios de educación superior [4], y más tarde del Marco Europeo de Cualificaciones y de todo el sistema educativo europeo.

    La implementación del enfoque de competencias dio lugar al desarrollo de una amplia gama de competencias clave, que se consideran «necesarias para todos para la realización y el desarrollo personal, la empleabilidad, la inclusión social y la ciudadanía activa». La principal propuesta de competencias clave es el marco con ocho competencias: 1) competencia en lectoescritura; 2) competencia multilingüe; 3) competencia matemática y competencia en ciencia, tecnología e ingeniería; 4) competencia digital; 5) competencia personal, social y de aprender a aprender; 6) competencia ciudadana; 7) competencia emprendedora; y 8) competencia en conciencia y expresión culturales.

    Como señalaron Gordon et al. (2009), las tres primeras competencias pueden vincularse a las asignaturas escolares e integrarse en sus planes de estudio. Las otras cinco competencias son transversales, ya que no se pueden vincular fácilmente a una sola asignatura, lo que implica diferentes aspectos como el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la empatía, y la gestión de las emociones. Es decir, se deben implementar de manera transversal en todas las áreas temáticas. Sin embargo, la práctica escolar indica que a menudo se les asignan áreas temáticas específicas, tomando el ejemplo de las competencias ciudadanas y su vinculación con las áreas temáticas de ciencias sociales. En cualquier caso, como argumentamos a continuación, tomar en serio el enfoque competencial implica repensar los métodos de evaluación.

    Se asume que la implementación del enfoque competencial implica una ruptura con las estrategias centradas en el profesor poniendo el foco en los alumnos y los estudiantes, lo que implica un cambio de la enseñanza al aprendizaje. Este cambio debería tener implicaciones para la enseñanza misma y el papel de los docentes, lo cual queda reflejado en el creciente debate sobre el aprendizaje colaborativo[5], o aprendizaje cooperativo[6], como el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje por desafíos y el aprendizaje contextual, entre otros.[7]

    Lo que probablemente sea aún más importante es que los procedimientos de evaluación también se adapten al enfoque de competencias. Para ello, es necesario aclarar primero qué significa el término «competencia». Utilizamos aquí una comprensión holística de la competencia, lo que significa, en primera instancia, un compromiso con el objetivo general de la educación de apoyar los procesos de aprendizaje individuales para empoderar a las personas. Posteriormente, se relaciona con un área específica de la vida o del trabajo. Las personas competentes son aquellas que pueden actuar adecuadamente en situaciones concretas dando respuesta a la expectativa de los demás aplicando sus conocimientos, habilidades y actitudes aprendidas en entornos formales, no formales e informales para un área social específica.[8]

    La competencia es un potencial, que solo puede ser observado en un desempeño concreto y evaluado por un observador externo.[9] Esta complementariedad de competencia y desempeño no ha recibido suficiente atención en el debate sobre competencias, pero la evaluación de competencias depende necesariamente de los resultados. La evaluación de la idoneidad de una acción o de una competencia presupone siempre tener una idea de lo que debe evaluarse. Para ello es necesario establecer criterios de lo que se considera una acción adecuada, que en los sistemas educativos son fijados por evaluadores expertos (véase Pfadenhauer, 2014: 45) definiendo los resultados de aprendizaje esperados[10].

    A través de la definición de resultados de aprendizaje o criterios similares para la evaluación de la acción adecuada, el individuo se enfrenta a un esquema normativo de acción competente según el campo de acción, por ejemplo, un ciclo de formación profesional o una asignatura escolar. El individuo cuya competencia se evalúa, no tiene ninguna influencia ni en la definición de los criterios ni de la situación, que se ha preparado por su evaluación. Se trata de estándares de competencia que permiten concluir a partir del rendimiento el grado de competencia que ha alcanzado el alumno.

    Por esta razón, en el campo de la educación cívica el debate sobre la buena ciudadanía cobró relevancia preguntando qué tipo de ciudadanía esperamos. Sin embargo, como señalamos en el documento Conceptual Framework and Vision: Responsible Democratic Citizenship and Education for Democracy, del Proyecto DEMOCRAT, la ciudadanía es una figura que se encuentra en cualquier Estado-nación, sea democrático o no. Por esta razón, es importante definir qué significa el comportamiento democrático, definir los criterios de evaluación, ampliarlos para su evaluación en las escuelas y determinar cómo evaluar.

    Figura 2: Modelo del aprendizaje de competencias de ciudadanía democrática responsable

    La Figura 2 muestra un modelo básico de cómo una persona aprende (o no) a convertirse en un ciudadano democrático responsable, que incluye también a las personas que no son consideradas por el Estado como ciudadanos o sus hijos. Se basa en un modelo de trabajo propuesto por Hoskins et al (2008).

    La tercera columna representa las competencias de una ciudadanía responsable y democrática, que se conceptualizan, siguiendo el Marco Europeo de Cualificaciones, como conocimientos, capacidades y actitudes fácticas. El aprendizaje de estas competencias depende del entorno de aprendizaje formal, no formal e informal de las personas. Con entorno de aprendizaje formal nos referimos aquí al sistema de educación formal con educación primaria, secundaria y terciaria, a lo que añadimos aquí la posibilidad de experimentar la democracia en la vida cotidiana, incluido el sistema político, y los medios de comunicación masivos y sociales que informan a los ciudadanos sobre lo que sucede en la sociedad. Las oportunidades de aprendizaje, como es bien sabido, dependen en gran medida de los antecedentes socioeconómicos y culturales del alumno.

    Las competencias adquiridas por los alumnos determinan, como ya se ha explicado, únicamente el potencial de actuar democráticamente. Las competencias deben demostrarse en las prácticas. Existen barreras sociales, lo que facilita el ejercicio de las competencias o lo dificulta. Esto influye en el proceso de aprendizaje posterior, pero también en el proceso de aprendizaje de los hijos de los alumnos.

    Solo a través de la actuación, es posible observar si las personas actúan de manera competente aplicando sus conocimientos, habilidades y actitudes en situaciones dadas. El grado de idoneidad de una actuación no depende únicamente de las competencias y otros recursos personales de la persona que actúa, sino también de los recursos externos disponibles. Esto se puede ilustrar con el ejemplo de los consumidores que quieren comprar (o consumir) de forma sostenible. Para ello, los consumidores necesitan la información necesaria sobre los productos y servicios (como la huella ecológica u otras etiquetas ecológicas) para poder compararlos. Además, también necesitarían información sobre los certificados. Es decir, qué es lo que realmente está certificado y si el organismo de certificación es fiable.

    Una situación de desempeño está compuesta por la situación misma, por ejemplo, ser elegido delegado de clase y la expectativa social, cómo actuar apropiadamente como delegado de clase; por los recursos personales, en el ejemplo del delegado de clase se puede mencionar las competencias para actuar democráticamente, los recursos externos disponibles para la actuación y la situación personal de las personas.

    Según Le Boterf (2010), los actores necesitan saber: por un lado, cómo combinar y movilizar un conjunto de recursos personales y recursos externos adicionales disponibles en el entorno; y, por otro lado, cómo actuar en la práctica y gestionar adecuadamente situaciones concretas (véase la figura 3). Desde esta perspectiva, la competencia de las personas se basa en un conjunto de recursos personales/externos y en su capacidad para utilizar estos recursos en situaciones concretas, así como para buscar y utilizar recursos adicionales relevantes para hacer frente a la situación o a un conjunto de situaciones. También la situación personal del actor influye en la interpretación. Un ejemplo sencillo de esto es que una persona que, por alguna razón, no durmió la noche anterior, probablemente no se desempeñará de la misma manera que si hubiera descansado adecuadamente.

    Figura 3: Performance de la Competencia

    Para una evaluación de las competencias dentro del sistema de educación formal, no es suficiente un estándar general de adecuación. Una de las principales funciones del sistema educativo formal es, según el sociólogo alemán N. Luhmann, la selección para hacer posible el diseño de una vida o carrera profesional. Esto implica que cada competencia debe ser mapeada en una escala de adecuación con el fin de seguir el desarrollo de la competencia y tener la base para un procedimiento de selección detallado. Es decir, que el proceso de evaluación no solo debe determinar la idoneidad de la acción, sino también los diferentes grados de idoneidad. Por lo tanto, la evaluación de competencias siempre implica competencia. No se trata solo de actuar adecuadamente, sino también hacerlo mejor que los demás.

    En otras palabras, la evaluación de la competencia para una ciudadanía democrática responsable es un proceso muy complejo, que comienza con la creación de un ideal de ciudadano democrático responsable, pasa por determinar qué competencias se requieren y escalar el grado de adecuación en situaciones estándar, para luego diseñar situaciones de prueba estandar en la que se pueda observar y evaluar la aplicación de las competencias a través del desempeño. Dado que el desempeño democrático es, por naturaleza, la interacción social con otros actores y procesos en el tiempo, es difícil crear una situación de prueba. Una forma alternativa es una evaluación continua del desempeño. Por ejemplo, en el caso de los delegados de una clase, cómo actúan durante un período determinado. Esto también se puede aplicar al comportamiento democrático como transversal a las disciplinas, por ejemplo, en el curso del aprendizaje colaborativo o cooperativo.

    ¿Qué significa esto para la medición de la calidad de la educación en una escuela o en todo el sistema educativo? Indica que el enfoque de competencias dificulta la medición de la calidad de una escuela o de un sistema educativo, si nos tomamos en serio el concepto de competencia. Nuestro argumento era que las competencias como tales existen solo como un potencial y deben ser evaluadas por el desempeño. Esto es difícil en el caso de las competencias transversales, como explicamos aquí con el ejemplo de la competencia para una ciudadanía democrática responsable. Solo pueden ser observados a través de una performance, lo que: a) implica interacción social con otros actores, b) necesita tener una duración en el tiempo. Y su eficiencia a menudo no se produce en el mismo momento de la actuación, sino en una etapa posterior de la vida de los alumnos en forma de partidismo, votación, participación formal e informal. Como indica nuestro modelo de trabajo, la participación política está muy influenciada por la sociedad y el contorno de lo político, más concretamente por la capacidad de respuesta (percibida) del sistema político en combinación con la percepción individual de la posibilidad de influir en la decisión política en los diferentes niveles políticos, pero también en otros ámbitos sociales como la escuela. Por lo tanto, resulta difícil de medir la calidad de un sistema educativo en relación con las competencias transversales como la competencia para una ciudadanía democrática con las herramientas que se aplica, por ejemplo, en los estudios PISA.

    [1] Chapman, D. W., & Adams, D. K. (2002). La calidad de la educación: dimensiones y estrategias. Hong Kong: Banco Asiático de Desarrollo.

    [2] CE (1996) Libro Blanco sobre Educación y Formación. Enseñanza y aprendizaje. Hacia la sociedad del aprendizaje.

    [3] En el glosario del documento en inglés, la competencia se define como «la capacidad de utilizar eficazmente la experiencia, los conocimientos y las cualificaciones» (CE 2001: 31).

    [4] Véase, por ejemplo, el proyecto Tuning (https://www.unideusto.org/tuningeu), que se inicia en el año 2000 como un proyecto del programa Erasmus para impulsar el proceso de Bolonia y, posteriormente, para promover los objetivos del Proceso de Lisboa en la enseñanza superior.

    [5] «… collaborative learning was founded by humanity educators in higher education, based on theories of constructivism (Piaget and Vygotsky) and critical pedagogy (Freire), with the goal of shifting the structure of authority in education». (Yang, X. 2023: 719) A Historical Review of Collaborative Learning and Cooperative Learning. TechTrends (2023) 67:718–728 https://doi.org/10.1007/s11528-022-00823-9

    [6] «… cooperative learning was established by social psychologists and STEM educators to improve K-12 education in a culture of competition and individualism, based on theories of social interdependence (Lewin and Deutsch), constructivism (Piaget and Vygotsky), and behaviorist learning theories (Skinner and Bandura)». (Ibidem 719)

    [7] Ambos enfoques surgieron en la década de 1960, convirtiéndose en el campo de los estudios académicos en la década de 1970 y haciéndose más popular en las décadas de 1980 y 1990.

    [8] Se puede esperar que un mecánico de automóviles tenga las competencias para reparar un automóvil y actuar adecuadamente para resolver un problema del motor. No se puede esperar lo mismo de un trabajador social, de quien se puede esperar que actúe adecuadamente para resolver problemas sociales, por ejemplo, en las familias. Tanto el mecánico de automóviles como el trabajador social necesitan competencias holísticas en su campo de trabajo. No se puede esperar una acción apropiada en una situación dada si una persona solo ha aprendido un aspecto específico de la supuesta competencia.

    [9] También pueden ser los propios actores, quienes toman la posición de un observador y evalúan su propia actuación.

    [10] La referencia para la evaluación de competencias es el concepto de resultados de aprendizaje que, como se ha mostrado anteriormente, es clave para la Estrategia Europea de Educación y Cualificaciones.

  • Educación para la Democracia: Formando a ciudadanos conscientes y participativos

    Educación para la Democracia: Formando a ciudadanos conscientes y participativos

    Por Equipo Escuela Josep Nin

    En un mundo en constante cambio, donde la información circula rápidamente y las decisiones políticas afectan cada vez a más aspectos de nuestra vida cotidiana, la educación para la democracia se presenta como una herramienta esencial para el desarrollo de sociedades justas y equitativas. La educación para la democracia no trata solo de enseñar a los estudiantes los sistemas políticos y los procesos electorales, sino de inculcar valores fundamentales como la tolerancia, la responsabilidad y la participación activa.

    Uno de los pilares de la educación democrática es la formación de ciudadanos críticos y bien informados. En las aulas, los estudiantes deben ser animados a cuestionar, debatir y analizar diferentes perspectivas. Esto no solo enriquece su comprensión de los temas, sino que también les permite desarrollar habilidades de pensamiento crítico necesarias para evaluar la información y tomar decisiones informadas. En este sentido, el papel del docente es crucial, puesto que debe facilitar un ambiente de diálogo abierto y respetuoso, donde todas las voces puedan ser escuchadas.

    Además, la educación para la democracia fomenta la participación activa de los estudiantes en su comunidad. Esto puede conseguirse mediante proyectos que aborden problemas locales, involucrando a los alumnos en la búsqueda de soluciones y en la implementación de iniciativas comunitarias. Estas experiencias prácticas no sólo refuerzan los conocimientos adquiridos en el aula, sino que también ayudan a los jóvenes a entender la importancia de su papel en la sociedad y desarrollar un sentido de responsabilidad social.

  • Los Consejos Ciudadanos Infantiles

    Los Consejos Ciudadanos Infantiles

    Por Xavier Vallejo López

    ¿Cómo trabajamos los valores democráticos y la educación para la ciudadanía? Hay varias opciones, pero una que tiene mucha importancia y que puede replicarse fácilmente en cualquier territorio es la organización de los Consejos Ciudadanos Infantiles.

    ¿Qué es un Consejo Ciudadano Infantil?

    El Consejo Ciudadano Infantil es un órgano de participación que permite a las niñas y los niños expresar sus opiniones, preocupaciones y propuestas para mejorar su ciudad. Este consejo está formado por un grupo seleccionado de niños y niñas (por ejemplo, entre varias escuelas de una ciudad) para representar los intereses de los menores de la ciudad en cuestión.

    ¿Qué funciones principales adoptan?

    • Facilitan la participación democrática de las niñas y niños en la vida comunitaria, fomentando valores como la responsabilidad, la solidaridad y el respeto.
    • Promueven los derechos de los niños y niñas y la mejora de la calidad de vida, trabajando de forma colaborativa y reforzando las habilidades sociales y comunicativas.
    • Identifican problemas y proponen soluciones para conseguir una sociedad más justa e igualitaria.

    ¿Cómo se organizan?

    Los miembros del Consejo Ciudadano Infantil organizan reuniones regulares para debatir cuestiones importantes para la comunidad infantil. En estos encuentros, se abordan temas como el deporte y el ocio, la cultura, la educación, la salud o el entorno urbano, entre otros. En muchas ocasiones, estas reuniones se realizan en un pleno ordinario de los ayuntamientos. Es muy importante que las administraciones locales también participen en el consejo, recogiendo las propuestas y ejecutando las soluciones favorables para la ciudadanía.

    No solo se organizan reuniones, sino que también pueden participar en proyectos y campañas de sensibilización. Por ejemplo, una acción válida consistiría en organizar eventos y actividades, ya sea para reunir fondos para una buena causa o para concienciar a la ciudadanía sobre las problemáticas actuales.

    Un ejemplo de Consejo Ciudadano Infantil:

    Cada territorio puede tener uno o más de un consejo, pero, por poner un ejemplo cercano, hablaré del de la ciudad de Figueras, capital del Alto Ampurdán:

    • Fue constituido el 4 de diciembre de 2014.
    • Está formado por 42 alumnos de 5º y 6º de primaria y de 1º y 2º de ESO de diferentes centros educativos de la ciudad.
    • Son representantes que recogen las demandas y se las presentan al Ayuntamiento, que da respuesta escrita.
    • El consejo se reúne tres veces al año y se hacen dos plenos anuales (uno para nombrar a los consejeros y otro para exponer el trabajo realizado durante el mandato).
    • Cada año se renueva el 50% de los miembros del consejo.
    • Sitio web con más información: https://ccifigueres.wixsite.com/ccif
  • Participación democrática del alumnado en los procesos de evaluación interna del centro

    Participación democrática del alumnado en los procesos de evaluación interna del centro

    Por Carla Ruscalleda

    Los centros educativos configuramos sistemas óptimos para el desarrollo de valores democráticos tales como la responsabilidad individual y colectiva, la empatía, la participación, el diálogo, la comunicación no violenta, etc. De este modo, configuramos también un espacio común donde personas con diferentes funciones, intereses y responsabilidades debemos entendernos para alcanzar un objetivo común: el éxito académico del alumnado.

    Este “entendernos” implica conseguir unos principios rectores que guíen la actividad educativa desde un prisma que sitúe la toma de decisiones como una acción colectiva de la que toda la comunidad educativa es protagonista y responsable, así como una actividad educativa basada en procesos de comunicación interpersonal marcados por el respeto.

    ¿Cómo lo podemos hacer? Muchas son las posibilidades de participación democrática que nos ofrece el día a día de un centro educativo. Lo que expondremos es la propuesta que, desde hace años, estamos llevando a cabo en el Instituto Can Puig y en la que vemos claramente cómo se materializa el desarrollo de estos principios, competencias y valores democráticos entre el alumnado mediante su participación a través de las sesiones de evaluación y en la valoración de las metodologías y actitudes del profesorado.

    Con esta propuesta buscamos la intervención y formación del alumnado a través de procesos tan importantes como las mencionadas sesiones de evaluación, el aprendizaje de las normas y la participación democrática en situaciones importantes y reales.

    La intervención del alumnado en los procesos de evaluación interna del instituto tiene lugar en tres niveles de participación democrática:

    En un primer nivel de participación, el alumnado interviene en la evaluación de la metodología y de las actitudes del profesorado: al final de cada trimestre, todo el profesorado, en una de sus sesiones, pasa un documento de Valoración sobre las Metodologías y Actitudes del Profesorado a todos sus estudiantes, que, de forma anónima, valoran aspectos como el enfoque comprensivo del proceso de enseñanza-aprendizaje,  sus habilidades comunicativas y la motivación percibida, aspectos positivos de la manera de hacer que hay que mantener y aspectos que hay que corregir, etc. El profesorado hace un análisis de la información y, posteriormente, procede a una devolución de las conclusiones extraídas, se dialoga y, si procede, se establecen nuevos compromisos tanto por parte de los docentes como del alumnado.

    En un segundo nivel de participación, el alumnado interviene activamente en las sesiones de evaluación trimestrales de acuerdo con dos líneas de actuación:

    Por un lado, cada alumno o alumna hace una autoevaluación de sus actitudes y de su proceso de aprendizaje a partir de un formulario que se ha trabajado en tutoría. El coordinador de nivel expone los resultados en la sesión de evaluación para tener una visión global de aspectos como la motivación del alumnado, tiempo de estudio, relación con los compañeros, comunicación con los docentes…

    Por otro lado, tenemos la misma participación del alumnado en las sesiones de evaluación. Esta participación se prepara en las sesiones de tutoría, en las que los alumnos trabajan por grupos naturales sobre el documento de Preparación de las Sesiones de Evaluación, que se centra en las metodologías del profesorado y en el funcionamiento global del instituto. Posteriormente, el coordinador de nivel reúne a los representantes de cada grupo y elaboran un único documento acordado por todos los representantes de los grupos cooperativos del nivel educativo.

    En la sesión de evaluación, los alumnos exponen las conclusiones a las que se ha llegado sobre las metodologías de las diferentes materias, posteriormente el profesor comparte las aportaciones, explicaciones o compromisos que considera convenientes y, si procede, se insta a volver a tratar los temas en el aula. Posteriormente, los representantes del alumnado trasladan al grupo-clase las conclusiones y lo expresado en la sesión de evaluación.

    Finalmente, en un tercer nivel, y cerrando el ciclo de participación democrática, cada coordinador de nivel expone en el claustro final de cada trimestre los resultados cuantitativos y cualitativos, así como de los aspectos del instituto que deberían mejorarse y los que deberían mantenerse. De esta manera se recoge de forma global todo lo dicho en las sesiones de evaluación de los diferentes niveles educativos por parte de los alumnos y se hace extensivo a todo el profesorado.

    Es así como podemos definir este sistema de participación democrática en la evaluación interna del centro como un ciclo cerrado y transparente basado en la responsabilidad compartida, la comunicación interpersonal y el respeto. Y en el que el alumnado desarrolla habilidades para poder participar democráticamente en la sociedad mediante el desarrollo de competencias tales como el pensamiento crítico, la participación ciudadana, el diálogo y la negociación.

  • Tercer taller nacional del proyecto Democrat: presentación de proyectos piloto locales

    Tercer taller nacional del proyecto Democrat: presentación de proyectos piloto locales

    Por Alba Molas

    El pasado 15 de mayo, desde el proyecto Democrat, organizamos el primer taller de formación del profesorado en colaboración con el Instituto de Desarrollo Profesional (IDP/ICE). Este taller, realizado de manera telemática, reunió a alrededor de 20 personas de diferentes comunidades educativas de Cataluña, España y Latinoamérica.

    Los objetivos de la sesión eran reflexionar sobre los principios de la educación democrática, debatir enfoques transformadores, fomentar el intercambio de experiencias entre el profesorado y presentar los proyectos piloto de los centros educativos que forman parte del proyecto europeo Democrat.

    Durante el taller, se destacó la importancia fundamental de la educación en valores democráticos para la formación de los estudiantes como ciudadanos activos, críticos y comprometidos con la sociedad. Hoy en día, la democracia enfrenta serias amenazas debido a la desconfianza en las instituciones, la desinformación, el negacionismo científico y el discurso de odio. En este contexto, la educación para la democracia se presenta como una medida crucial para mitigar estos riesgos. Entendemos que la democracia no es solo un sistema político, sino una forma de vida basada en el respeto mutuo, la participación activa y el compromiso con los valores de libertad, igualdad y justicia.

    Nuestro enfoque sobre la educación para la democracia es dinámico y adaptable, construyéndose y evolucionando en función de la experiencia con la comunidad educativa. Creemos firmemente que las escuelas son la base sobre la que se construye la sociedad futura y que deben funcionar como laboratorios de práctica democrática, conectadas con los entornos local, global y digital.

    Con estos principios en mente, el taller se centró en los proyectos piloto que se llevarán a cabo en cinco centros educativos de Cataluña. Estos proyectos tienen como objetivo desarrollar intervenciones educativas que integren las competencias definidas en el marco del proyecto Democrat, fortaleciendo así la capacidad de las escuelas para fomentar una cultura democrática auténtica y sostenible.

    Ideas que destacan en las propuestas de los proyectos piloto: 

    • Proyecto “Read Right, Read Rights: Valores democráticos a través de la lectura”

    Este proyecto trata temas sociales, de respeto y sobre minorías, llevándolos a las aulas a través de los cuentos. En esta dirección, la escuela primaria que desarrolla esta iniciativa propone organizar tertulias democráticas sistematizadas como parte de este proyecto educativo. Su objetivo es profundizar en los derechos y deberes de la infancia, incentivando la lectura individual y colectiva, así como la educación en valores de carácter ético-cívico. Basado en los siete principios del aprendizaje dialógico (diálogo igualitario, inteligencia cultural, transformación, dimensión instrumental, creación de sentido, solidaridad e igualdad de diferencias), estas tertulias tienen el objetivo de reflexionar y dialogar sobre valores democráticos a partir de lecturas literarias y no literarias.

    • Proyecto “Consejo de la infancia”

    Este proyecto parte de la idea de que es en la escuela donde el alumnado aprende a convivir, se le enseña a mediar, a dialogar, etc.; y del reconocimiento de que la convivencia en sociedad a veces no es sencilla, especialmente entre comunidades con distintas culturas y formas de pensar. Por ello, con el objetivo de fomentar la cohesión, el sentido de arraigo y de comunidad, la escuela de un pequeño pueblo rural junto con el gobierno municipal, plantea la creación de un Consejo de la Infancia: un espacio de participación donde el alumnado, a través del diálogo y la escucha, tome conciencia de las decisiones que les implican, tanto a ellos como al pueblo en general. El Consejo de la Infancia también tiene el reto de reunirse periódicamente para exponer los problemas y hacer propuestas a nivel de escuela/municipio.

    • Proyecto “Participación democrática del alumnado”

    Partiendo del convencimiento de que la democracia empieza en el aula, surge en un instituto de secundaria un proyecto de participación del alumnado en las sesiones de evaluación y la valoración de las metodologías y actitudes del profesorado, en el que llevan trabajando desde hace muchos años. La finalidad es mejorar la practica tutorial y docente a través de la mejora de las habilidades comunicativas y las competencias emocionales del profesorado y el alumnado. Se trata de escuchar sus opiniones y demandas, estableciendo un dialogo con el profesorado para mejorar la convivencia y el proceso de enseñanza-aprendizaje. El alumnado tiene mucho peso tanto en la sesión de evaluación como en las metodologías docentes porque constantemente está interactuando.

    • Proyecto “KAOS”

    Este proyecto interdisciplinario tiene el objetivo de fomentar el espíritu crítico frente a situaciones políticas, sociales, económicas y culturales antidemocráticas, pues considera que es más necesario que nunca en el clima actual. Es por ello que trabaja en los valores democráticos de justicia, igualdad y solidaridad, dando a conocer situaciones de crueldad humana en el siglo XX y en la actualidad. A su vez, el alumnado trabaja la ciudadanía responsable participando y tomando conciencia ante un problema global o local, comprometiéndose en diversas actividades vinculadas con la memoria histórica, compartiendo este conocimiento con la ciudadanía, abriendo la escuela al barrio, a las entidades y realizando charlas con las asociaciones. En otras palabras, se promueven actitudes e ideales democráticos al relacionar el conocimiento adquirido a la práctica dentro y fuera de la escuela.

    • Proyecto “Memoria histórica”

    Como algunos profesionales docentes apuntan, las “actitudes antidemocráticas, que se observan entre el alumnado en buena parte se deben al desconocimiento que tienen acerca del pasado”. Es por ello que el centro de secundaria que lidera el proyecto implementó hace años un proceso de adquisición de la memoria histórica a través de la memoria oral y las generaciones del franquismo, y la ética, cultura y valores desde la filosofía. Ahora quieren dar un paso más allá con este trabajo que se ha ido realizando desde las tutorías, impregnando todo el centro para que el alumnado participe de forma activa en la transmisión del conocimiento adquirido y la propia experiencia en valores democráticos y lo comparta con el resto de la comunidad.

    Para dar soporte y afianzar el proyecto sobre memoria histórica, y que no dependa del mayor o menor grado de interés y compromiso (del equipo directivo o profesorado), se ha buscado la complicidad y la alianza con otros centros educativos del municipio, con personas expertas en este tema, con asociaciones y entidades, a fin de divulgar experiencias y hacer visibles fenómenos democratizadores a toda la ciudadanía

    • Proyecto “Delegados medioambientales”

    Existe un nexo de unión entre democracia y sostenibilidad. La democracia es participativa y colaborativa y puede favorecer el tránsito hacia una sociedad sostenible que adopte un estilo de vida sostenible y ecosocialmente responsable.

    A ello quiere contribuir el alumnado de un instituto de secundaria a través de la figura de los delegados medioambientales, fomentando el compromiso y la responsabilidad mediante la toma de decisiones sobre cómo actuar ahora y en el futuro ante los grandes desafíos medioambientales. Las experiencias sobre las diversas actuaciones que se llevan a cabo tanto en el centro educativo como en el municipio, se presentan en Foros intercentros organizados por la Agenda 21 Escolar y la Red de Escuelas para la Sostenibilidad de Cataluña (XESC).

    En conclusión, ante un escenario preocupante, de situaciones antidemocráticas, injusticia social, violación de los derechos humanos y cambio climático, entre otros desafíos, el aprendizaje de valores democráticos y el compromiso cívico entre los estudiantes es muy necesario. En este sentido, las propuestas presentadas en este taller van dirigidas a fomentar la participación del alumnado, el pensamiento crítico y el compromiso comunitario dentro y fuera de la escuela, porque la democracia se aprende practicándola en el día a día y es a través de la experiencia como los estudiantes pueden experimentar el impacto de sus acciones.

    En el trasfondo de las acciones está formar ciudadanos activos y comprometidos en sus comunidades y más allá de ellas, aprendiendo derechos y deberes de la infancia a través de la lectura, participando democráticamente en el aula, valorando el propio proceso de enseñanza-aprendizaje, creando un consejo de la infancia como espacio de encuentro entre distintas comunidades, conociendo y valorando de forma crítica el pasado para cambiar actitudes antidemocráticas y considerando la conexión que hay entre democracia y sostenibilidad para abordar los desafíos ambientales de forma responsable.

    En los próximos meses se planificarán nuevos talleres en los que se mostrarán los avances y los resultados de estos proyectos. Además, se presentarán otros proyectos piloto que se están desarrollando en los otros cinco países en los que Democrat está trabajando en el fomento de la Educación para la Democracia.

  • Fomento de la Educación Democrática: conclusiones clave del taller transnacional Democrat en Dublín

    Fomento de la Educación Democrática: conclusiones clave del taller transnacional Democrat en Dublín

     

    Descripción del taller transnacional Democrat

    Los días 6 y 7 de junio de 2024 se celebró en la Dublin City University (DCU) el taller transnacional Democrat, cuyo objetivo era mejorar la educación democrática en Europa reuniendo a educadores, investigadores y responsables políticos para debatir y perfeccionar estrategias de promoción de la democracia a través de la educación. Este taller, financiado por las Acciones de Coordinación y Apoyo del programa Horizonte Europa de la Unión Europea, en virtud del Acuerdo de Subvención N.º 101095106, presentó enfoques innovadores y fomentó la colaboración para mejorar las competencias democráticas en los entornos educativos.

    Resumen del día 1: jueves 6 de junio

    Sesiones innovadoras sobre educación democrática

    El primer día estuvo repleto de sesiones centradas en el fomento de la educación democrática a través de diversos enfoques innovadores. El evento comenzó con un cálido discurso de bienvenida a cargo de la profesora Charlotte Holland, vicedecana del Instituto de Educación de la DCU. A continuación, el equipo irlandés presentó la agenda del día, asegurándose de que los participantes estuvieran bien preparados para las sesiones colaborativas que se avecinaban.

    La mañana se estructuró en tres sesiones grupales paralelas, cada una centrada en diferentes aspectos de la educación democrática:

    Grupo 1: Formación de profesores y Educación medioambiental

    • Formación de profesores: Emma Kostiainen, Saara Tujula y Matti Rautiainen, de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia), hablaron sobre métodos innovadores en la formación de profesores.

    • No hay democracia sin…: Piotr Walda presentó los elementos fundamentales necesarios para la democracia.

    • ​​Delegados medioambientales: Joan Martorell Masó, del instituto Dolors Mallafrè i Ros (Villanueva y Geltrú), y Notus, también de España, destacaron el papel de la educación medioambiental en el fomento de los valores democráticos.

    • Una educación que apoya la democracia: una presentación en vídeo de la Universidad de Tallin (Estonia) mostró diversas perspectivas sobre la integración de los principios democráticos en la educación.

    Grupo 2: Alfabetización y derechos humanos en la educación

    • Leer bien, leer derechos: Claudia Soler Laborda, de la escuela Carrilet (Palafrugell), y Notus hicieron énfasis en la alfabetización como piedra angular del compromiso democrático.

    • Derechos humanos y democracia: Olga Klotz habló sobre la intersección de la educación en derechos humanos y la participación democrática.

    • Y la historia es…: Graham Carroll y el equipo irlandés discutieron técnicas narrativas en la enseñanza de la democracia.

    • ​​Un ejemplo de aprendizaje basado en proyectos desde Estonia: Maarja Hallik, de la Universidad de Tallin, compartió un ejemplo práctico de aprendizaje basado en proyectos que apoya la educación democrática.

    Grupo 3: Enfoques interdisciplinares de la democracia

    Proyecto interdisciplinar KAOS: Gemma Saladrigues Roselló, del colegio El Carme (Lérida), y Notus exploraron los enfoques interdisciplinares de la educación para la democracia.

    • ​​Presupuestos participativos escolares: Anna Dela analizó cómo los presupuestos participativos en las escuelas pueden enseñarnos procesos democráticos.

    • Empatía en acción: Derek Cleary y el equipo irlandés presentaron la importancia de la empatía en la educación democrática.

    • “Línea de opinión”: Maarit Jõemägi, de la Universidad de Tallin, presentó una plataforma para las opiniones de los estudiantes y la participación democrática.

    Actividades vespertinas: Mejorar los proyectos de educación democrática

    La tarde se dedicó a perfeccionar los proyectos de promoción de la educación democrática. Después de una pausa para tomar café, los participantes se reunieron en sus grupos paralelos para afinar sus proyectos. Esta sesión permitió profundizar en los debates y perfeccionar las ideas, garantizando que cada proyecto estuviera bien desarrollado y listo para su presentación.

    Presentación de proyectos y retroalimentación

    Los participantes presentaron sus proyectos destinados a fomentar la educación democrática. Tras el almuerzo, la persona a cargo de cada grupo presentó su proyecto ante toda la asamblea. Estas presentaciones se dividieron en dos sesiones, con retroalimentación de los ponentes para mejorar el proceso colaborativo.

    • Primera sesión: se presentaron y discutieron los primeros seis proyectos.

    • Segunda sesión: se compartieron los proyectos restantes, seguidos de una sesión de retroalimentación.

    Reflexiones clave sobre educación democrática

    Los ponentes principales destacaron la importancia de integrar la educación democrática en las escuelas. La jornada concluyó con interesantes debates dirigidos por el Dr. Aidan Clifford, que relacionó los proyectos con el Marco de Competencias Democráticas del Consejo de Europa. A continuación, la profesora Amelia Lopes, asesora internacional del proyecto Democrat, ofreció una charla en la que compartió su experiencia sobre educación cívica y reforma educativa en Portugal.

    Eventos sociales y networking

    Por la noche, los participantes tuvieron la oportunidad de relajarse y hacer contactos durante una cena optativa en un restaurante local, seguida de una copa en un pub cercano.

    Perspectivas de futuro

    El taller transnacional Democrat celebrado en Dublín proporcionó una rica plataforma para el intercambio y la colaboración. Subrayó la importancia de integrar los principios democráticos en la educación y mostró una variedad de enfoques innovadores de toda Europa. A medida que los proyectos continúan evolucionando, mantienen la promesa de fomentar comunidades más democráticas, inclusivas y comprometidas.

     

     

     

     

     

     

     

  • Laboratorios vivientes: un camino hacia la educación democrática

    Laboratorios vivientes: un camino hacia la educación democrática

    Por Ebru Eren y Benjamin Mallon

    En un mundo que cambia tan deprisa, fomentar los valores democráticos y el compromiso cívico entre los jóvenes es más importante que nunca. A medida que las sociedades enfrentan desafíos complejos, como el cambio climático, la pobreza, las violaciones de derechos humanos, las amenazas a la ciberseguridad, las desigualdades educativas, el aumento de la población y la contaminación, las crisis migratorias y de refugiados, la inestabilidad y los conflictos políticos, las pandemias, la inteligencia artificial, la pérdida de biodiversidad y otras, resulta vital dotar a las personas, especialmente a las jóvenes, de herramientas para participar activamente en la democracia. Los laboratorios vivientes (living labs) son un método prometedor. Pero ¿qué son y cómo pueden promover la educación democrática? Exploremos este concepto y el papel que pueden desempeñar en Irlanda.

    Entendiendo los laboratorios vivientes

    Los laboratorios vivientes son plataformas dinámicas para la innovación y la resolución colaborativa de problemas. Abordan entornos del mundo real en los que diversas partes interesadas trabajan juntas para desarrollar, probar y mejorar soluciones a desafíos complejos. Estos entornos actúan como laboratorios vivos, permitiendo la aplicación práctica de ideas, fomentando el aprendizaje mutuo y permitiendo la mejora continua.

    En el contexto de la educación, los laboratorios vivientes ofrecen una oportunidad única para reinventar la experiencia de aprendizaje y cultivar valores democráticos entre los estudiantes. Al reunir a expertos, profesionales y jóvenes, estos laboratorios facilitan el diálogo, la colaboración y la innovación. Los participantes pueden involucrarse en actividades prácticas, intercambiar ideas, explorar nuevos enfoques pedagógicos y reflexionar sobre sus roles como ciudadanos activos en una sociedad democrática.

    El contexto irlandés: un plan para los laboratorios vivientes

    La Dublin City University es el socio irlandés del proyecto “Democrat: Educación para una ciudadanía democrática responsable” (financiado por el programa Horizonte Europa), que explora la integración de la “Educación para la democracia” en los sistemas educativos de la UE. Como parte del proyecto, se ha creado un laboratorio viviente irlandés en la Dublin City University. El proyecto, que se desarrollará entre 2023 y 2026, llevará a cabo seis talleres de tipo laboratorio viviente centrados en diferentes aspectos de la educación para la democracia. Estos talleres brindan una plataforma para que los expertos identifiquen desafíos, desarrollen soluciones y realicen investigaciones para la creación de un marco conceptual de educación para la democracia. El laboratorio viviente irlandés involucra a diversas partes, incluidos docentes, formadores de docentes, investigadores, responsables políticos y jóvenes. Este enfoque inclusivo fomenta la colaboración y la cocreación, promoviendo un sentido de propiedad y responsabilidad colectiva.

    El núcleo de la iniciativa laboratorios vivientes es la creación conjunta de un marco conceptual de educación para la democracia que abarque conceptos como “democracia”, “participación política”, “desarrollo sostenible” y “ciudadanía responsable”. A través de la colaboración multidisciplinaria, las partes interesadas desarrollarán un sólido marco conceptual que oriente el diseño curricular y las prácticas de enseñanza. Además, los laboratorios vivientes servirán como plataforma de investigación para comprender las experiencias de los participantes y el impacto de las iniciativas de educación democrática. Esta investigación definirá estrategias efectivas para promover los valores democráticos y el compromiso cívico entre los jóvenes. Además de la investigación, los laboratorios vivientes pondrán en marcha proyectos piloto locales, que permitirán a los estudiantes participar en actividades prácticas que promuevan los valores democráticos y la ciudadanía activa. Estos proyectos adaptarán el plan de estudios a los contextos locales e incorporarán métodos de enseñanza innovadores.

    En conclusión, los laboratorios vivientes ofrecen un enfoque prometedor para la educación democrática, proporcionando una plataforma para la colaboración y la innovación. A través de la participación y la investigación inclusivas, estos laboratorios tienen el potencial de dar forma al futuro de la educación democrática, empoderando a los jóvenes para que sean ciudadanos activos y comprometidos en sus comunidades y más allá de ellas.