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  • Combatir las narrativas conspirativas, las fake news y el discurso de odio en la educación y a través de ella en las sociedades posdigitales

    Combatir las narrativas conspirativas, las fake news y el discurso de odio en la educación y a través de ella en las sociedades posdigitales

    Por Fabian Virchow

    Las teorías de la conspiración (TC) han sido examinadas desde varias disciplinas académicas, cada una de las cuales ofrece perspectivas y metodologías únicas. En psicología, los investigadores estudian los procesos cognitivos y los rasgos de personalidad que llevan a las personas a creer en TC. Esto incluye examinar los sesgos cognitivos, como el sesgo confirmativo y la necesidad de cierre.[i] La sociología aborda la dinámica social y los comportamientos grupales asociados con las creencias conspirativas, incluida la forma en que la identidad social y la pertenencia a un grupo influyen en las percepciones de las conspiraciones.[ii] Los estudiosos de la ciencia política analizan el papel de las TC en contextos políticos, incluido su impacto en la opinión pública, el comportamiento político y la gobernanza. La relación entre el poder, la autoridad y las narrativas conspirativas es un enfoque clave.[iii] En el campo de los estudios de comunicación, la atención se centra en cómo las TC se propagan a través de los medios de comunicación, incluidas las redes sociales. Analizan el papel de la desinformación y el encuadre de las TC en el discurso público.[iv] Los investigadores en estudios culturales examinan el significado cultural de las TC, incluida su representación en la cultura popular y su papel en la configuración de las narrativas colectivas. Los historiadores estudian las teorías conspirativas del pasado y sus consecuencias, examinando cómo se han interpretado los acontecimientos históricos a través de una lente conspirativa y el impacto social de esas narrativas. Los antropólogos pueden explorar cómo se manifiestan las teorías conspirativas en diferentes culturas y sociedades, analizando sus significados y funciones dentro de contextos culturales específicos. Los filósofos discuten los problemas epistemológicos que rodean a las TC, incluidas las cuestiones sobre el conocimiento, creencia y naturaleza de la verdad. En conjunto, estos enfoques interdisciplinares contribuyen a una comprensión más completa de las complejidades que rodean a las TC, su impacto en la sociedad y su propagación.

    Algunos ejemplos podrían ilustrar que la creencia en teorías de la conspiración no es un fenómeno periférico. Jabkowski et al. [v] han demostrado que, en muchos países europeos, entre el 20 y el 30% de la población cree en teorías conspirativas relacionadas con la COVID-19. La teoría conspirativa QAnon se ha extendido rápidamente por varios países tras originarse en EE.UU.[vi] Además, hay varias TC sobre la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. La más destacada de las cuales es que esta fue el resultado de demoliciones controladas, en lugar de un colapso estructural debido al impacto y al fuego.[vii] Finalmente, cabe recordar que la teoría conspirativa antisemita en torno al texto falsificado Los protocolos de los sabios de Sion siguen teniendo resonancia en todo el mundo.[viii]

    Si bien las teorías de la conspiración incluyen regularmente desinformación y noticias falsas, estas últimas también tienen lugar sin estar integradas en las TC. Aunque el término «información errónea» debe aplicarse a la información falsa o engañosa que se difunde sin mala intención, la desinformación es información deliberadamente falsa que se crea y difunde para engañar o manipular la opinión pública. A menudo se utiliza con fines políticos, por ejemplo, para sembrar desórdenes públicos o para socavar la confianza en las instituciones políticas.[ix] Desde 2016, tras la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y a partir de sus métodos de comunicación, el término fake news se ha vuelto mayoritario.[x] En este contexto, fake (falso) significa «superchería», «falsificación” o simplemente «invención». En consecuencia, las fake news son noticias falsas disfrazadas de noticias reales.

    Las fake news y las teorías de la conspiración a menudo van de la mano con los discursos de odio.[xi] Hoy en día, los actos de incitación al odio tienen un alcance mucho mayor gracias a la extensión de la esfera virtual.[xii] Los discursos de odio plantean varios peligros significativos, entre ellos:

    1. Incitación a la violencia: Los discursos de odio pueden provocar que individuos o grupos cometan actos de violencia contra comunidades previamente señaladas.
    2. Normalización de los prejuicios: Pueden legitimar actitudes y comportamientos discriminatorios, facilitando la propagación de la intolerancia.
    3. División social: Los discursos de odio fomentan la división dentro de la sociedad, lo que conduce a una mentalidad de «nosotros contra ellos» y exacerba los conflictos.
    4. Daño psicológico: Las víctimas de discursos de odio pueden experimentar traumas, ansiedad y depresión, lo que afecta a su bienestar mental.[xiii]
    5. Supresión de la libertad de expresión: En entornos donde los discursos de odio circulan sin control, las personas pueden sentirse inseguras para expresar sus opiniones, lo que constriñe el diálogo constructivo.
    6. Marginación: Los grupos señalados como blanco pueden quedar aún más marginados, lo que lleva a una disminución de su representación social y política.
    7. Repercusiones legales: Los discursos de odio pueden dar lugar a desafíos legales complejos, ya que las leyes varían ampliamente según la jurisdicción y pueden conducir a un uso indebido o extralimitado.

    Abordar los discursos de odio requiere un cuidadoso equilibrio entre la protección de la libertad de expresión y la prevención de daños a las personas y las comunidades.

    Rechazar los discursos de odio requiere un esfuerzo colectivo a múltiples niveles. Las estrategias efectivas incluyen que las organizaciones, las escuelas y las plataformas establezcan políticas claras contra los discursos de odio y las hagan cumplir, y que describan los comportamientos inaceptables y sus consecuencias. Asimismo, habría que implementar formas accesibles para que las personas denuncien los discursos de odio, garantizando que las quejas sean tomadas en serio y abordadas con prontitud. También podría ser útil alentar a las personas y a las comunidades a responder a los discursos de odio con contradiscursos constructivos[xiv] promoviendo la tolerancia y la comprensión, al tiempo que se ofrecen recursos y apoyo a las personas afectadas por los discursos de odio, fomentando un sentido de comunidad y resiliencia. En cuanto a las medidas legales, las leyes que penalizan los discursos de odio y equilibran los derechos a la libertad de expresión, según el contexto y la jurisdicción, también son una contribución útil.

    Respecto a la lucha contra las TC y las noticias falsas, un enfoque multifacético que asuma la responsabilidad de una amplia gama de actores debería incluir que los gobiernos y las instituciones se comuniquen de forma transparente y coherente, especialmente durante las crisis, para generar confianza y reducir el atractivo de las teorías conspirativas. Las plataformas de redes sociales pueden implementar políticas más estrictas para reducir la difusión de la información falsa y, al mismo tiempo, equilibrar las consideraciones sobre la libertad de expresión. También podría ser útil que las comunidades locales organizasen talleres para abordar temores y preocupaciones específicos, fomentando la resiliencia contra la desinformación. Dichos enfoques deben promover el recurso a organizaciones de verificación de datos con buena reputación y alentar a las personas a verificar la información antes de compartirla. Además, se debe poner de relieve a los expertos y fuentes confiables capaces de contrarrestar la desinformación de manera efectiva, haciendo que sus mensajes sean más accesibles y cercanos.

    Por supuesto, las escuelas y el sector educativo tienen un papel esencial que desempeñar, especialmente en lo que respecta a los jóvenes[xv], dada la intensidad con la que estos utilizan las redes sociales.[xvi] En general, se trata de fortalecer la alfabetización mediática (informativos) y la alfabetización digital.[xvii] Si nos centramos en el papel de las escuelas y los docentes, habría que mencionar seis elementos clave:

    1. Alfabetización mediática: Enseñar habilidades de pensamiento crítico y alfabetización mediática en las escuelas para ayudar a las personas a evaluar las fuentes, comprender los prejuicios e identificar la información errónea, como la que vehiculan las teorías conspirativas.
    2. Educación y concienciación: Promover programas que eduquen a las personas sobre el impacto de los discursos de odio, fomentando la empatía y la comprensión entre diversos grupos.
    3. Diálogo abierto: Crear espacios seguros para las conversaciones sobre los discursos de odio y sus consecuencias, permitiendo que las personas compartan experiencias y perspectivas.
    4. Espacios más seguros: Los lugares, plazas y espacios seguros son importantes para que muchos grupos marginados se protejan de la discriminación e intercambien ideas.
    5. Ser conscientes de la propagación y la profundidad de la desconfianza hacia los medios de comunicación y hacia los actores políticos establecidos.[xviii]
    6. Formar a los docentes: Los docentes no son inmunes a los discursos de odio ni a las noticias falsas; rara vez están por delante de los estudiantes en cuanto a conocimientos y seguridad en la aplicación de las últimas tecnologías mediáticas. También hay incertidumbre al tratar los temas mencionados en este artículo.[xix]

    Definiciones como «alfabetización mediática o digital», entendidas como la capacidad de acceder, analizar, evaluar, crear y comunicar de manera efectiva utilizando diversos medios digitales, así como de comprender cómo se construyen los mensajes de estos medios, el propósito que hay tras ellos y cómo influyen en la audiencia, de reconocer su sesgo, distinguir entre información confiable y falsa, para convertirse en un consumidor y creador de medios informado y responsable, pueden dar una idea sobre el objetivo perseguido, pero no son necesariamente útiles en clase.

    Por ejemplo, hay una diferencia entre un/a profesor/a que se enfrenta de repente a un alumno que expone narrativas conspirativas y un/a profesor/a que hace de las teorías conspirativas un tema de clase motu proprio. En el primer caso, hay que tener claro que el problema está en clase. Por lo tanto, no conviene ignorarlo. Con respecto a su reacción como profesor/a, primero verifique si tiene el conocimiento para abordar directamente esa TC en particular. De lo contrario, no la aborde, ya que abriría un espacio para especulaciones que no podría corregir ni contextualizar. En cambio, puede preguntar a los estudiantes cuál es la fuente a la que se refieren y por qué están interesados en ella. Como profesor/a, puede explicar el nivel de su conocimiento o desconocimiento con respecto a esa TC en particular y prepararse bien para lidiar con el problema la próxima vez que se reúna con sus estudiantes. Si tiene la seguridad de que la TC se menciona solo con el propósito de provocar, abórdela como tal e ignórela.

    En el segundo caso, seleccione un tema de interés general para el que haya disponibles fuentes y material suficientes. Los casos históricos del siglo XVIII al XX son más fáciles que los más recientes, como por ejemplo el Nuevo Orden Mundial o el 11-S. El objetivo de abordar el problema no es refutar las muchas TC que circulan, sino educar a los estudiantes sobre cómo se estructuran las TC, por qué atraen el interés de las personas y cómo pueden identificarlas como infundios. Probablemente pueda agregar ejemplos de conspiraciones reales para identificar claramente la diferencia. Comience con los hechos históricos, no con la TC.[xx] De manera más general, trate de averiguar qué tan profundamente la persona a la que se dirige está ya inmersa en el pensamiento conspirativo. Esto marcará la diferencia a la hora de lidiar con la TC.[xxi]

    Los discursos de odio son el otro gran problema. Se podría agregar aquí una cita más larga de una publicación reciente que refleja algunas de las reflexiones anteriores: «1. Abordar el problema (¡no ignorarlo!): Con demasiada frecuencia, cuando los docentes escuchan discursos de odio, tienden a ignorarlos porque no están seguros de cómo abordarlos. Los profesores pueden pensar: ‘No estoy seguro de qué decir’ o […] ‘No es mi problema’. Siempre que escuchen discursos de odio, maestros y líderes deben posicionarse inmediatamente en contra de ellos, decirles a los estudiantes que tales discursos y acciones no serán tolerados y ser firmes en tal postura. El silencio sobre estos asuntos es complicidad, no protege a los estudiantes y solo da pie a que el lenguaje de odio sea más utilizado en el aula o en el patio de la escuela. 2. Investigue el tema o el lenguaje ofensivo: Cuando el lenguaje de odio le coja por sorpresa, úselo como un momento de aprendizaje para usted y para sus alumnos. Pero siempre hay que tener en cuenta que no podemos enseñar lo que no sabemos. Si no conocemos la historia del lenguaje de odio utilizado para degradar a diferentes grupos raciales/étnicos, mujeres, personas LGBTQ+, personas de orígenes religiosos particulares o personas que nacieron en otro país, entonces tenemos que aprender. Es responsabilidad de los maestros educarse y estudiar sobre unos temas, problemas y lenguajes que son divisivos o incitan al odio. […] 3. Mejore su propia alfabetización racial: […] La demografía racial, étnica y lingüística de nuestro país está cambiando rápidamente. Por lo tanto, los maestros necesitan aumentar su alfabetización racial para comprender, conectarse y enseñar mejor a los estudiantes de hoy. Los delitos de odio basados en la raza siguen siendo el tipo número uno de delitos de odio […]. El odio se aprende, y todos los adultos deben hablar sobre él. […]. 4. Examinar el contenido del currículo: Con frecuencia, el contenido y el currículo escolar pueden contener lenguaje, ejemplos o imágenes que transmiten implícita o explícitamente mensajes de odio. Los maestros deben ser diligentes al examinar cualquier cosa que pueda ser controvertida en los libros de texto, la literatura o los vídeos compartidos en el aula. Dicho contenido debe excluirse de lo que se les enseña a los estudiantes, pero los maestros capacitados pueden optar por tener discusiones educativas sobre por qué se usa cierto lenguaje en el contenido y por qué debe eliminarse. 5. Genere un debate en su clase sobre el lenguaje de odio: Independientemente del nivel o la materia, los profesores deben tener conversaciones tempranas y frecuentes sobre la tolerancia cero para el discurso de odio en sus aulas y en toda la escuela. Introduzca conceptos y lecciones sobre la historia de ciertas palabras y cómo se usaron para deshumanizar a las personas. […] 6. Traer oradores invitados: Uno de los enfoques más poderosos que los maestros pueden adoptar para ayudar a los estudiantes a aprender sobre la diversidad es escuchar de primera mano a personas de diferentes grupos que pueden hablar sobre prácticas culturales, experiencias vividas o eventos históricos que sean apropiados para su edad y estén vinculados a un tema en particular».[xxii]

    Combatir la desinformación, los discursos de odio y las teorías conspirativas en las aulas sigue siendo una tarea desafiante pero esencial que requiere dedicación y perseverancia.

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    [i] Véase, por ejemplo, Ted Goertzel (1999): Belief in Conspiracy Theories. Political Psychology 15(4): 731-742; Jan-Willem van Prooijen (2022): Psychological benefits of believing conspiracy theories. Current Opinion in Psychology 47: 101352.

    [ii] Véase, por ejemplo, Michael Barkun (2013): A Culture of Conspiracy: Apocalyptic Visions in Contemporary America. Berkeley: University of California Press; Hayagreeva Rao & Henrich R. Greve (2024): The Plot Thickens: A Sociology of Conspiracy Theories. Annual Review of Sociology 50: 191-207.

    [iii] Véase, por ejemplo, Roland Imhoff y Martin Bruder (2014): Speaking (un-)truth to power: Conspiracy mentality as a generalised political attitude. European Journal of Personality 28(1): 25-43; Julien Giry & Pranvera Tika (2020): Conspiracy Theories in Political Science and Political Theory. In: Michael Butter & Peter Knight (eds.) Handbook of Conspiracy Theories. London: Routledge, pp. 108-120.

    [iv] Véase, por ejemplo, Adam M. Enders et al. (2024): The Relationship Between Social Media Use and Beliefs in Conspiracy Theories and Misinformation. Political Behavior 45: 781-804; Matteo Cinelli (2022): Conspiracy theories and social media platforms. Current Opinion in Psychology 47: 101407.

    [v] Véase Piotr Jabkowski et al. (2023): Exploring COVID‑19 conspiracy theories: education, religiosity, trust in scientists, and political orientation in 26 European countries. Scientific Reports 13(1): 18116.

    [vi] Véase CeMAS – Center für Monitoring, Analyse und Strategie (2022): Q VADIS? The Spread of QAnon in the German-Speaking World. Berlin: CeMAS.

    [vii] Véase Carl Stempel et al. (2007): Media Use, Social Structure, and Belief in 9/11 Conspiracy Theories. Journalism & Mass Communication Quarterly 84(2): 353-272.

    [viii] Véase Esther Webman (ed.): The Global Impact of the Protocols of the Elders of Zion. London: Routledge.

    [ix] Véase Parlamento Europeo/Subcomisión DROI (2021): The impact of disinformation on democratic processes and human rights in the world. Brussels. https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2021/653635/EXPO_STU(2021)653635_EN.pdf

    [x] Véase Andrew S. Ross y Damian J. Rivers (2018): Discursive Deflection: Accusation of “Fake News” and the Spread of Mis- and Disinformation in the Tweets of President Trump. Social Media + Society 4(2): https://doi.org/10.1177/2056305118776010

    [xi] Véase Mika Hietanen y Johan Eddebo (2023): Towards a Definition of Hate Speech – With a Focus on Online Contexts. Journal of Communication Inquiry 47(4): 440-458.

    [xii] Véase Naganna Chetty y Sreejith Alathur (2018): Hate speech review in the context of online social networks. Aggression and Violent Behavior 40: 108-118.

    [xiii] Véase Jeremy Waldron (2012): The Harm in hate Speech. London/Cambridge, MA: Harvard University Press.

    [xiv] Véase Rachel Fraser (2023): How to talk back: hate speech, misinformation, and the limits of salience. Politics, Philosophy & Economics 22(3): 315-335.

    [xv] Véase UNESCO (2023): Combatir el discurso de odio a través de la educación. París. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000390977.locale=es

    [xvi] Véase Heidi Mercenier et al. (2021): Teens, Social Media, and Fake News. In: Guillermo Lopez-Garcia et al. (eds.) Politics of Disinformation. Hoboken: Wiley-Blackwell, pp. 161-172.

    [xvii] Véase Stephanie Craft et al. (2017): News media literacy and conspiracy endorsement. Communication and the Public 2(4): 388-401; Florence Namasinga Selnes (2024): Fake news on social media: Understanding teens’ (Dis)engagement with news. Media, Culture & Society 46(2): 376-392.

    [xviii] Véase Ana Pérez-Escoda et al. (2021): Fake News Reaching Young People on Social Networks: Distrust Challenging Media Literacy. Publications 9: http://doi.org/10.3390/publications9020024

    [xix] Maihemuti Dil Dilimulatia et al. (2024): Talking about violent extremism: Experiences of Canadian secondary school teachers in four metropolitan areas. Journal of Deradicalization 40: 72-113; Ludwig Bilz et al. (2024): Teachers’ intervention strategies for handling hate-speech incidents in schools. Social Psychology of Education online first: http://doi.org/10.1007/s11218-024-09929-9

    [xx] Para una guía más detallada, consulte Jeremy Hayward y Gemma Gronland (2021): Conspiracy Theories in the Classroom Guidance for teachers. London: UCL.

    [xxi] Véase también para más material Comisión Europea: Identifying conspiracy theories online via https://commission.europa.eu/strategy-and-policy/coronovirus-response/fighting-disinformation/identifying-conspiracy-theories_en

    [xxii] Citado de Tyrone C. Howard (2024): Equity Now. Justice, Repair, and Belonging in Schools. Thousand Oaks, CA: Corwin.

  • Combating Conspiracy Narratives, Fake News, and Hate Speech in and through Education in Post-Digital Societies

    Combating Conspiracy Narratives, Fake News, and Hate Speech in and through Education in Post-Digital Societies

    By Fabian Virchow of the Hochschule Düsseldorf, HSD

    Conspiracy theories (CT) have been examined across several academic disciplines, each offering unique perspectives and methodologies. In psychology, researchers study the cognitive processes and personality traits that lead individuals to believe in conspiracy theories. This includes examining cognitive biases, such as confirmation bias and the need for closure.[i] Sociology addresses the social dynamics and group behaviours associated with conspiracy beliefs, including how social identity and group membership influence perceptions of conspiracies.[ii] Scholars in political science analyse the role of conspiracy theories in political contexts, including their impact on public opinion, political behaviour, and governance. The relationship between power, authority, and conspiracy narratives is a key focus.[iii] In the field of communication studies, the focus is on how conspiracy theories spread through media, including social media platforms. It looks at the role of misinformation and the framing of conspiracy theories in public discourse.[iv] Researchers in cultural studies examine the cultural significance of conspiracy theories, including their representation in popular culture and their role in shaping collective narratives. Historians study past conspiracy theories and their consequences, examining how historical events have been interpreted through a conspiratorial lens and the societal impact of those narratives. Anthropologists may explore how conspiracy theories manifest in different cultures and societies, analyzing their meanings and functions within specific cultural contexts. Philosophers discuss the epistemological issues surrounding conspiracy theories, including questions of knowledge, belief, and the nature of truth. Taken together, these interdisciplinary approaches contribute to a more comprehensive understanding of the complexities surrounding conspiracy theories, their impact on society and how they spread.

    A few examples might illustrate that belief in conspiracy theories is not a peripheral phenomenon. Jabkowski et al.[v] have shown that in many European countries between 20% to 30% of the population believe in COVID-19 related conspiracy theories.The Qanon CT has spread rapidly in several countries after it originated in the U.S.[vi] Also, there are several CTs around the destruction of the Twin Towers at 9/11 in New York City, the most prominent one being that it has been the result of controlled demolitions rather than structural failure due to impact and fire.[vii] Finally, it should be remembered that the antisemitic CT around the forged script The Protocols of the Elders of Zion finds resonance around the world.[viii]

    While CTs regularly include disinformation and fake news, the latter also occur without being embedded in CT. While the term misinformation should be applied to false or misleading information which is spread without malignant intention, disinformation is deliberately false information that is created and disseminated to deceive or manipulate public opinion. It is often used for political purposes, e.g. to sow public disorder or to undermine trust in political institutions.[ix] Since 2016, the term fake news has become mainstream following Donald Trump’s election as U.S. president and his modes of communication.[x] In this context, fake means hoax, forgery or simply invented issues. Accordingly, fake news isfake news dressed up as real news.

    Fake news and conspiracy theories often go along with hate speech.[xi] Nowadays, acts of hate speech have a much larger outreach thanks to the extension of the virtual sphere.[xii] Hate speech poses several significant dangers, including:

    1. Incitement to Violence: Hate speech can provoke individuals or groups to commit acts of violence against targeted communities.
    2. Normalization of Prejudice: It can legitimize discriminatory attitudes and behaviors, making it easier for intolerance to spread.
    3. Social Division: Hate speech fosters division within society, leading to an “us vs. them” mentality and exacerbating conflicts.
    4. Psychological Harm: Victims of hate speech may experience trauma, anxiety, and depression, affecting their mental well-being.[xiii]
    5. Suppression of Free Expression: In environments where hate speech is rampant, individuals may feel unsafe to express their opinions, stifling constructive dialogue.
    6. Marginalization: Targeted groups can become further marginalized, leading to decreased social and political representation.
    7. Legal Repercussions: Hate speech can lead to complex legal challenges, as laws vary widely by jurisdiction and can lead to misuse or overreach.

    Addressing hate speech requires a careful balance between protecting free expression and preventing harm to individuals and communities.

    Rejecting hate speech requires a collective effort at multiple levels. Effective strategies include that organizations, schools, and platforms should establish and enforce clear anti-hate speech policies, outlining unacceptable behaviors and consequences. Implement accessible ways for individuals to report hate speech, ensuring that complaints are taken seriously and addressed promptly. It might be useful to encourage individuals and communities to respond to hate speech with constructive counter-speech[xiv], promoting tolerance and understanding while offering resources and support for those affected by hate speech, fostering a sense of community and resilience. Regarding legal measures laws that penalize hate speech while balancing free expression rights, depending on the context and jurisdiction, are a helpful contribution as well.

    Regarding tackling CTs and fake news a multi-faceted approach that takes responsibility for a wide range of actors should include that governments and institutions should communicate transparently and consistently, especially during crises, to build trust and reduce the appeal of conspiracy theories. Social media platforms can implement stricter policies to reduce the spread of false information while balancing free speech considerations. It might also be useful, if local communities hold workshops to address specific fears and concerns, building resilience against misinformation. Such approaches should promote the use of reputable fact-checking organizations and encourage people to verify information before sharing it. In addition, credible experts and sources who can counter misinformation effectively should be highlighted, making their messages more accessible and relatable.

    Of course, schools and the education sector have a special role to play, especially with regard to young people[xv] given the intensity with which teens use social media.[xvi] Generally, this is about strengthening (news) media literacy and digital literacy.[xvii] Focusing on the role of schools and teachers, six elements are key:

    1. Media Literacy Education: Teach critical thinking and media literacy skills in schools to help individuals evaluate sources, understand bias, and identify misinformation such as those in CTs.
    2. Education and Awareness: Promote programs that educate individuals about the impact of hate speech, encouraging empathy and understanding among diverse groups.
    3. Open Dialogue: Create safe spaces for conversations about hate speech and its consequences, allowing people to share experiences and perspectives.
    4. Safer Spaces: Safe places, squares and spaces are important for many marginalized groups to protect themselves from discrimination and to exchange ideas.
    5. Be aware of the spread and depth of mistrust towards established media and political actors.[xviii]
    6. Educating the Teachers: Teachers are not immune to hate speech and fake news; they are rarely ahead of the students in terms of knowledge and application security of the latest media technologies. There is also uncertainty in dealing with the topics mentioned in this article.[xix]

    Definitions such as media/digital literacy being the ability to access, analyze, evaluate, create, and effectively communicate using various forms of (digital) media and to understand how media messages are constructed, the purpose behind them, and how they influence audiences as well as recognizing bias, distinguishing between credible and false information, and becoming an informed and responsible consumer and creator of media give some idea about the desired achievement, but are not necessarily directly helpful in class.

    For example, it makes a difference if a teacher is suddenly confronted with a student presenting conspiracy narratives or if the teacher makes CTs a subject in class by him*/her*self. In the first case, be clear that the issue is in class. Therefore, do not ignore it. Regarding your reaction as a teacher, first check if you have knowledge to address that particular CT directly. If not, do not deal with the CT, as it would open space for speculations you cannot correct or contextualize. Instead, the student(s) can be asked what the source is they refer to, request why they are interested in it. As a teacher you can explain the level of your (non-)knowledge regarding that particular CT and prepare well for dealing with the issue next time you meet the students. If you are sure that the CT is brought up for the purpose of provocation only, address it as such and ignore it.

    In the second case, select a case of general interest of which sufficient sources and material is easily available. Historical cases from the 18th to the 20th century are more easy than more recent ones as e.g. New World Order or 9/11. The aim of addressing the issue is not to refute the many CTs that are vagabonding but to educate students on how CTs are structured, why they attract the interest of people, and how they can be identified as legends. Probably add examples of real conspiracies to clearly identify the difference. Start with the historical facts, not with the CT.[xx] More generally, try to find out how deep the individual who are talking to is already inclined into CT thinking. This makes a difference in how to deal with it.[xxi]

    Hate speech is the other big issue. A longer quote might be added here from a recent publication that mirrors some of the reflections above: “1. Address the issue (do not ignore it!): Far too often, when teachers hear hate speech, there is a tendency to ignore it because they are not sure how to address it. Teachers might think, ‘I am not sure what to say’ or […] ‘It wasn’t my issue.’ Whenever hearing hate speech, teachers and leaders should immediately speak out against it, tell students that such talk and actions will not be tolerated, and be firm in such a stance. Silence on these matters is complicity, does not protect students and only gives license for more hateful language to be used in the classroom or schoolyard. 2. Research the topic or the offensive language: When caught off guard with hate language, use it as a teachable moment, for yourself and for your students. But always keep in mind that we cannot teach what we do not know. If we do not know the history of hateful language used to demean different racial/ethnic groups, women, LGBTQ+ members, people of particular religious backgrounds or people who are born in another country, then we need to learn. It is incumbent for teachers to educate themselves and study about topics, issues and language that are divisive or hateful. […] 3. Increase your own racial literacy: […] Our country’s racial, ethnic and linguistic demography is changing rapidly. Thus, teachers need to increase their racial literacy to better understand, connect with and teach today’s learners. Race-based hate crimes remain the number-one type of hate crime […]. Hate is learned, and all adults must speak out about it. […]. 4. Examine content in the curriculum: Frequently, school content and curriculum can have language, examples or images that implicitly or explicitly convey hateful messages. Teachers must be diligent in examining anything that could be controversial in textbooks, literature or videos shared in the classroom. Such content should be excluded from what students are being taught, but skilled teachers may choose to have educative discussions about why certain language is used in content and why it should be removed. 5. Generate discussion in your class around hate language: No matter the grade level or subject matter, teachers need to have conversations early and often about the zero tolerance for hate speech in their classrooms and across the school. Introduce concepts and lessons about the history of certain words and how they were used to dehumanize people. […] 6. Bring in guest speakers: One of the more powerful approaches that teachers can take to help students learn about diversity is to hear first hand from people from different groups who can talk about cultural practices, lived experiences or historical events that are age appropriate and tied to particular subject matter.“[xxii]

    Combating misinformation, hate speech, and conspiracy theories in classrooms remains a challenging but essential task that requires dedication and perseverance.


    [i] See e.g. Ted Goertzel (1999): Belief in Conspiracy Theories. Political Psychology 15(4): 731-742; Jan-Willem van Prooijen (2022): Psychological benefits of believing conspiracy theories. Current Opinion in Psychology 47: 101352.

    [ii] See e.g. Michael Barkun (2013): A Culture of Conspiracy: Apocalyptic Visions in Contemporary America. Berkeley: University of California Press; Hayagreeva Rao & Henrich R. Greve (2024): The Plot Thickens: A Sociology of Conspiracy Theories. Annual Review of Sociology 50: 191-207.

    [iii] See e.g. Roland Imhoff & Martin Bruder (2014): Speaking (un-)truth to power: Conspiracy mentality as a generalised political attitude. European Journal of Personality 28(1): 25-43; Julien Giry & Pranvera Tika (2020): Conspiracy Theories in Political Science and Political Theory. In: Michael Butter & Peter Knight (eds.) Handbook of Conspiracy Theories. London: Routledge, pp. 108-120.

    [iv] See e.g. Adam M. Enders et al. (2024): The Relationship Between Social Media Use and Beliefs in Conspiracy Theories and Misinformation. Political Behavior 45: 781-804; Matteo Cinelli (2022): Conspiracy theories and social media platforms. Current Opinion in Psychology 47: 101407.

    [v] See Piotr Jabkowski et al. (2023): Exploring COVID‑19 conspiracy theories: education, religiosity, trust in scientists, and political orientation in 26 European countries. Scientific Reports 13(1): 18116.

    [vi] See CeMAS – Center für Monitoring, Analyse und Strategie (2022): Q VADIS? The Spread of QAnon in the German-Speaking World. Berlin: CeMAS.

    [vii] See Carl Stempel et al. (2007): Media Use, Social Structure, and Belief in 9/11 Conspiracy Theories. Journalism & Mass Communication Quarterly 84(2): 353-272.

    [viii] See Esther Webman (ed.): The Global Impact of the Protocols of the Elders of Zion. London: Routledge.

    [ix] See European Parliament/DROI Subcommittee (2021): The impact of disinformation on democratic processes and human rights in the world. Brussels.

    [x] See Andrew S. Ross & Damian J. Rivers (2018): Discursive Deflection: Accusation of “Fake News” and the Spread of Mis- and Disinformation in the Tweets of President Trump. Social Media + Society 4(2): https://doi.org/10.1177/2056305118776010.

    [xi] See Mika Hietanen & Johan Eddebo (2023): Towards a Definition of Hate Speech – With a Focus on Online Contexts. Journal of Communication Inquiry 47(4): 440-458.

    [xii] See Naganna Chetty & Sreejith Alathur (2018): Hate speech review in the context of online social networks. Aggression and Violent Behavior 40: 108-118.

    [xiii] See Jeremy Waldron (2012): The Harm in hate Speech. London/Cambridge, MA: Harvard University Press.

    [xiv] See Rachel Fraser (2023): How to talk back: hate speech, misinformation, and the limits of salience. Politics, Philosophy & Economics 22(3): 315-335.

    [xv] See UNESCO (2023): Addressing hate speech through education. Paris.

    [xvi] See Heidi Mercenier et al. (2021): Teens, Social Media, and Fake News. In: Guillermo Lopez-Garcia et al. (eds.) Politics of Disinformation. Hoboken: Wiley-Blackwell, pp. 161-172.

    [xvii] See Stephanie Craft et al. (2017): News media literacy and conspiracy endorsement. Communication and the Public 2(4): 388-401; Florence Namasinga Selnes (2024): Fake news on social media: Understanding teens’ (Dis)engagement with news. Media, Culture & Society 46(2): 376-392.

    [xviii] See Ana Pérez-Escoda et al. (2021): Fake News Reaching Young People on Social Networks: Distrust Challenging Media Literacy. Publications 9: doi.org/10.3390/publications9020024.

    [xix] Maihemuti Dil Dilimulatia et al. (2024): Talking about violent extremism: Experiences of Canadian secondary school teachers in four metropolitan areas. Journal of Deradicalization 40: 72-113; Ludwig Bilz et al. (2024): Teachers’ intervention strategies for handling hate-speech incidents in schools. Social Psychology of Education online first: doi.org/10.1007/s11218-024-09929-9

    [xx] For more detailed guidance see Jeremy Hayward & Gemma Gronland (2021): Conspiracy Theories in the Classroom Guidance for teachers. London: UCL.

    [xxi] See also for more material Europan Commission: Identifying conspiracy theories online via https://commission.europa.eu/strategy-and-policy/coronovirus-response/fighting-disinformation/identifying-conspiracy-theories_en

    [xxii] Quoted from Tyrone C. Howard (2024): Equity Now. Justice, Repair, and Belonging in Schools. Thousand Oaks, CA: Corwin.

  • Disseny de Projectes Pilot Locals: una pedra angular del projecte Democrat

    Disseny de Projectes Pilot Locals: una pedra angular del projecte Democrat

    Introducció

    El disseny de projectes pilot locals (LPP, per les seves sigles en anglès), un dels eixos del projecte Democrat, se centra en la creació d’intervencions educatives que enforteixin les competències cíviques democràtiques. Aquests pilots són crucials perquè tenen com a objectiu capacitar estudiants i educadors de sis països de la UE (Estònia, Finlàndia, Alemanya, Irlanda, Polònia i Espanya) perquè participin activament en processos democràtics. En el marc més ampli de l’ educació per a la democràcia, aquests projectes pilot ofereixen solucions pràctiques i escalables per millorar l’ educació cívica. Mitjançant la incorporació de pràctiques democràtiques a les escoles, el resultat busca tancar la bretxa entre la teoria i la pràctica, fomentant una nova generació de ciutadans i ciutadanes democràtics responsables.

    Desenvolupament i implementació de projectes pilot locals

    Els LPP estan dissenyats per crear intervencions educatives en el món real que promoguin l’agència democràtica. Cada país participant té la tasca de desenvolupar diverses intervencions, adaptades a les necessitats específiques dels seus sistemes educatius. Els pilots impliquen a una gran varietat d’actors, entre els quals, professorat, estudiants, pares i mares, ONG i funcionaris públics, per garantir una àmplia base de suport i perspectives diverses.

    Els components clau del disseny dels LPP inclouen:

    • Xarxes específiques de cada país: cada projecte pilot requereix el desenvolupament d’una xarxa local, que reuneixi les parts interessades que col·laboraran per a dissenyar i implementar les intervencions.
    • Selecció i desenvolupament d’intervencions: els projectes pilot se seleccionen en funció de la seva rellevància per al context específic del país i les competències descrites en el marc conceptual del projecte Democrat. Aquestes competències se centren en la ciutadania democràtica responsable, la participació solidària, la deliberació, el judici crític i la resiliència democràtica.
    • Avaluació i ampliació: cada intervenció s’avalua en funció de la seva eficàcia per a desenvolupar competències cíviques, i els projectes pilot reeixits estan dissenyats per a poder ampliar-se per a la seva implementació en tota la UE.

     

    Competències bàsiques i nivells educatius

    Els projectes pilot estan dirigits a estudiants d’entre 8 i 16 anys, però alguns projectes pilot es poden estendre a estudiants més joves o grans, segons les necessitats del país. Les intervencions s’ emmarquen al voltant de competències democràtiques clau:

    • Participació solidària: encoratjar l’alumnat a participar en processos democràtics i advocar per la inclusió de grups marginats
    • Deliberació: desenvolupar la capacitat de participar en un diàleg reflexiu i respectuós sobre qüestions polítiques i socials.
    • Judici: cultivar habilitats de pensament crític per valorar la credibilitat de la informació, especialment en l’era digital.
    • Resiliència democràtica: desenvolupar la capacitat de respondre als desafiaments sense abandonar les normes i valors democràtics, especialment en temps de crisis.

    Aquestes competències són fonamentals per formar ciutadans responsables que puguin desenvolupar-se i contribuir als sistemes democràtics de manera eficaç. Els projectes pilot fomenten enfocaments educatius innovadors, com ara l’aprenentatge en acció i els mètodes creatius del sector cultural, inclosos el multimèdia i el teatre.

    Marc d’avaluació i valoració

    L’avaluació té un paper crucial en l’èxit dels LPP. El procés d’avaluació és multifacètic, centrant-se en:

    • Desenvolupament de les competències dels estudiants: el professorat avalua el progrés de l’alumnat en el desenvolupament de les competències democràtiques específiques. Les avaluacions prèvies i posteriors a la intervenció mesuren l’eficàcia de les intervencions..
    • Eficàcia de la intervenció: els professorat i els equips nacionals col·laboren per avaluar l’èxit global de la intervenció, incloent-hi la seva rellevància, mètodes i recepció dels estudiants.
    • Reflexió docent: els educadors també avaluen les seves pròpies pràctiques, identificant àrees per al desenvolupament i la formació.

    Els resultats d’aquestes avaluacions alimenten una anàlisi més àmplia, que ajuda a refinar les intervencions i orientar els futurs esforços d’ampliació. Es recomanen les avaluacions basades en grups de control, que proporcionen una visió comparativa de l’impacte de les intervencions.

    Conclusió

    El disseny de projectes pilot locals és una pedra angular del projecte Democrat, que ofereix un enfocament estructurat per integrar l’educació per a la democràcia en els diferents sistemes educatius de la UE. En centrar-se en competències democràtiques fonamentals, com la participació solidària, el pensament crític i la resiliència, els LPP proporcionen un marc pràctic per generar ciutadans responsables. El procés d’ avaluació i valoració integral garanteix que les intervencions reeixides es puguin adaptar i escalar, reforçant els valors democràtics en tot Europa. A mesura que el projecte Democrat avanci, aquests projectes pilot exerciran un paper fonamental en la configuració del futur de l’educació cívica i empoderament de la pròxima generació de ciutadans democràtics.

    Vol saber-ne més? Consulti el document 5.1

  • Diseño de Proyectos Piloto Locales: una piedra angular del proyecto Democrat

    Diseño de Proyectos Piloto Locales: una piedra angular del proyecto Democrat

    Introducción

    El diseño de proyectos piloto locales (LPP, por sus siglas en inglés), un resultado fundamental del proyecto Democrat, se centra en la creación de intervenciones educativas que fortalezcan las competencias cívicas democráticas. Estos proyectos piloto son cruciales, ya que tienen como objetivo empoderar a los estudiantes y educadores de seis países de la UE (Estonia, Finlandia, Alemania, Irlanda, Polonia y España) para que participen activamente en los procesos democráticos. En el marco más amplio de la educación para la democracia, estos proyectos piloto ofrecen soluciones prácticas y escalables para mejorar la educación cívica. Al incorporar prácticas democráticas en las escuelas, el resultado busca cerrar la brecha entre la teoría y la práctica, fomentando una nueva generación de ciudadanos democráticos responsables.

    Desarrollo e implementación de proyectos piloto locales

    Los LPP están diseñados para crear intervenciones educativas reales que promuevan la acción democrática. Cada país participante tiene la tarea de desarrollar varias intervenciones, adaptadas a las necesidades específicas de sus sistemas educativos. Los proyectos piloto involucran a una variedad de partes interesadas, incluidos maestros, estudiantes, padres, ONG y funcionarios públicos, para garantizar una amplia base de apoyo y perspectivas diversas.

    Los componentes clave del diseño de los LPP incluyen:

    • Redes específicas de cada país: cada proyecto piloto requiere el desarrollo de una red local, que reúna a las partes interesadas que colaborarán para diseñar e implementar las intervenciones.
    • Selección y desarrollo de intervenciones: los proyectos piloto se seleccionan en función de su relevancia para el contexto específico del país y las competencias descritas en el marco conceptual del proyecto Democrat. Estas competencias se centran en la ciudadanía democrática responsable, la participación solidaria, la deliberación, el juicio crítico y la resiliencia democrática.
    • Evaluación y ampliación: cada intervención se evalúa en función de su eficacia para desarrollar competencias cívicas, y los proyectos piloto exitosos están diseñados para poder ampliarse para su implementación en toda la UE.

    Competencias básicas y niveles educativos:

    Los proyectos piloto están dirigidos a estudiantes de entre 8 y 16 años, pero algunos proyectos piloto pueden extenderse a estudiantes más jóvenes o mayores, según las necesidades del país. Las intervenciones se enmarcan en torno a competencias democráticas clave:

    • Participación solidaria: alentar a los estudiantes a participar en procesos democráticos y abogar por la inclusión de grupos marginados.
    • Deliberación: desarrollar la capacidad de participar en un diálogo reflexivo y respetuoso sobre cuestiones políticas y sociales.
    • Juicio: cultivar habilidades de pensamiento crítico para evaluar la credibilidad de la información, en particular en la era digital.
    • Resiliencia democrática: desarrollar la capacidad de responder a los desafíos sin abandonar las normas y valores democráticos, especialmente en tiempos de crisis.

    Estas competencias son fundamentales para formar ciudadanos responsables que puedan desenvolverse y contribuir a los sistemas democráticos de manera eficaz. Los proyectos piloto fomentan enfoques educativos innovadores, como el aprendizaje en acción y los métodos creativos del sector cultural, incluidos el multimedia y el teatro.

    Marco de evaluación y valoración

    La evaluación desempeña un papel crucial en el éxito de los LPP. El proceso de evaluación es multifacético y se centra en:

    • Desarrollo de competencias de los estudiantes: los docentes evalúan el progreso de los estudiantes en el desarrollo de las competencias democráticas previstas. Las evaluaciones previas y posteriores a la intervención miden la eficacia de las intervenciones.
    • Eficacia de la intervención: los docentes y los equipos nacionales colaboran para evaluar el éxito general de la intervención, incluida su relevancia, métodos y recepción por parte de los estudiantes.
    • Reflexión de los docentes: los educadores también evalúan sus propias prácticas, identificando áreas para un mayor desarrollo y capacitación.

    Los resultados de estas evaluaciones alimentan un análisis más amplio, que ayuda a refinar las intervenciones y orientar los futuros esfuerzos de ampliación. Se recomiendan encarecidamente las evaluaciones basadas en grupos de control, que proporcionan información comparativa sobre el impacto de las intervenciones.

    Conclusión

    El diseño de proyectos piloto locales es una piedra angular del proyecto Democrat, que ofrece un enfoque estructurado para integrar la educación para la democracia en los distintos sistemas educativos de la UE. Al centrarse en competencias democráticas fundamentales, como la participación solidaria, el pensamiento crítico y la resiliencia, los LPP proporcionan un marco práctico para generar ciudadanos responsables. El proceso de evaluación y valoración integral garantiza que las intervenciones exitosas puedan adaptarse y ampliarse, reforzando los valores democráticos en toda Europa. A medida que avance el proyecto Democrat, estos proyectos piloto desempeñarán un papel fundamental a la hora de dar forma al futuro de la educación cívica y empoderar a la próxima generación de ciudadanos democráticos.

    ¿Quiere saber más? Consulte el documento 5.1

  • Un bon inici pel projecte “Read Right-Read Rights”

    Un bon inici pel projecte “Read Right-Read Rights”

    Per Clàudia Soler i Laborda (∗)

    Tranquil·litat, bon temps i verdor un 6 de juny de 2024, dins el All Hallows de la Dublin City University. En hores, allà reviuríem una autèntica Àgora grega, amb intercanvi d’idees, dubtes, coneixements, experiències, projectes, fraternitat i saviesa vingudes d’arreu d’Europa. Vaig aguditzar els sentits al llarg de tots els moments viscuts. Una companya de l’equip impulsor em va recomanar que no em perdés cap detall de la vivència, i així ho vaig intentar fer. Per a mi era un repte i una responsabilitat defensar el projecte de l’escola, a l’hora que fer vincles amb centres educatius d’arreu d’Europa. Les persones de l’equip Notus-Spain van ser autèntics ambaixadors de la trobada, facilitant al màxim que els tres mestres-professors de Catalunya que presentàvem projecte ens sentíssim partícips en tot moment del que s’anava esdevenint. Moltes gràcies Karsten, Daniel, Joan Antoni i Alba. I moltes gràcies a tot l’equip Democrat de Dublín, organitzador de l’event: Ben, Justin, John, Ebru.

    Després de la benvinguda inicial, tocava el torn als livinglabs en petit format. Vaig tenir el plaer de compartir temps i projectes amb Polònia, Estònia i Irlanda, així com també de les valuoses aportacions de la Carme i la Maria de l’equip Eucen, entre d’altres. Deu minuts d’explicació de projecte i deu minuts més de debat amb els presents per la millora de certs aspectes del projecte. Aquí és on es posava de relleu tots els punts forts i les potencialitats del projecte “Read Right-Read Rights”: sorgeix d’un projecte comú d’escola on tothom hi participa, està vinculat amb el Pla Lector de l’escola, el nou currículum i les aportacions de la Xarxa de Comprensió Lectora del Departament d’Educació de Catalunya, promou xarxa a través d’escola-família-entorn,….

    La posada en comú en gran grup, on s’hi va afegir Finlàndia, Holanda, Grècia, Portugal, Quebec…  va ajudar a refermar la finalitat de la trobada: que ens coneguéssim un xic més, i refinar tots els projectes exposats. La cloenda amb les dues conferències va donar altíssima rellevància al Workshop. Et senties partícip de quelcom molt valuós a nivell educatiu, cada aportació ajudava a ampliar mirades i a visibilitzar nous horitzons. Sacsejada democràtica. Una nova Àgora havia nascut per a mi i per a l’Escola Carrilet.

    (∗) Clàudia Soler i Laborda és directora de l’Escola Carrilet de Palafrugell, Catalunya

  • Un buen inicio del proyecto “Read Right-Read Rights”

    Un buen inicio del proyecto “Read Right-Read Rights”

    Por Clàudia Soler i Laborda (∗)

    Tranquilidad, buen tiempo y verdor un 6 de junio de 2024, frente al All Hallows de la Dublin City University. En unas horas, allí reviviríamos una auténtica Ágora griega, con intercambio de ideas, dudas, conocimientos, experiencias, proyectos, fraternidad y sabiduría venidas de toda Europa. Agudicé los sentidos a lo largo de todos los momentos vividos. Una compañera del equipo impulsor me recomendó que no me perdiera ningún detalle de la vivencia, y así lo intenté hacer. Para mí era un reto y una responsabilidad defender el proyecto de la escuela, a la vez que crear vínculos con centros educativos de toda Europa. Las personas del equipo Notus-España fueron auténticos embajadores del encuentro, facilitando al máximo que los tres maestros-profesores de Cataluña que presentábamos proyecto nos sintiéramos partícipes en todo momento de lo que iba aconteciendo. Muchas gracias, Karsten, Daniel, Joan Antoni y Alba. Y muchas gracias a todo el equipo Democrat de Dublín, organizador del evento: Ben, Justin, John, Ebru.

    Después de la bienvenida inicial, le tocaba el turno a los living labs en pequeño formato. Tuve el placer de compartir tiempo y proyectos con Polonia, Estonia e Irlanda, así como también las valiosas aportaciones de Carme y Maria del equipo Eucen, entre otros. Diez minutos de explicación de proyecto y otros diez minutos de debate con los presentes por la mejora de ciertos aspectos del proyecto. Aquí es donde se ponían de relieve todos los puntos fuertes y las potencialidades del proyecto Read Right-Read Rights: surge de un proyecto común de escuela en el que todo el mundo participa, está vinculado con el Plan Lector de la escuela, el nuevo currículum y las aportaciones de la Red de Comprensión Lectora del Departamento de Educación de Cataluña, promueve red a través de escuela-familia-entorno…

    La puesta en común en gran grupo, a la que se sumaron Finlandia, Holanda, Grecia, Portugal, Quebec… ayudó a afianzar la finalidad del encuentro: que nos conociéramos un poco más y afinar todos los proyectos expuestos. La clausura con ambas conferencias dio altísima relevancia al Workshop. Te sentías partícipe de algo muy valioso en el plano educativo, cada aportación ayudaba a ampliar miradas y visibilizar nuevos horizontes. Sacudida democrática. Una nueva Ágora había nacido para mí y para la Escuela Carrilet.

    (∗) Clàudia Soler i Laborda es directora de la Escuela Carrilet de Palafrugell, Cataluña

  • Democracy Talks 9 Challenging Fake News and Conspiracy Theories in Education

    Democracy Talks 9 Challenging Fake News and Conspiracy Theories in Education

    Hello everyone! Welcome back to the ninth Democracy Forum!

    Last week, on Wednesday, September 18, we had the honor of hosting Fabian Virchow from the Hochschule Düsseldorf (HSD). Fabian led an engaging and thought-provoking discussion on “Challenging Fake News and Conspiracy Theories in Education.”

    During his presentation, Fabian explored several critical themes. He highlighted how conspiracy theories and fake news impact democracy and presented a compelling overview of the structure of conspiracy narratives. Fabian emphasized that such narratives often thrive in times of crisis, offering simple explanations for complex problems, thus appealing to those feeling uncertain or anxious. He also discussed the importance of developing digital literacy and fostering critical thinking as key tools in combating misinformation within the classroom.

    We invite you to rewatch the talk here and reflect on the following questions or share your thoughts on any related aspects discussed by Fabian:

    • What are some effective strategies for helping students critically engage with fake news and conspiracy theories in educational settings?
    • How can educators balance the need to counter misinformation with the importance of upholding freedom of speech and encouraging open dialogue?
    • What role should schools play in fostering resilience against the fear and uncertainty that can make individuals more susceptible to conspiracy theories?

    We look forward to your insights and comments!

    Stay tuned for our next Democracy Talk in October, where Diana Trevino will be hosting the 10th forum. We will have a conversation with Clàudia Soler Laborda and her colleagues of the Escola Carrilet Palagrufell, Catalonia. They will speak about the project “Read Right-Read Rights: A School Project Using Children’s Rights to Develop Democratic Thinking in the Educational Community”. 

    You can subscribe to all our future talks on our YouTube page.

    Fabian has also published a blog further detailing his presentation which you can read on the Agora here. See you in a week!

  • Educación para la Democracia: calidad de la educación y evaluación

     Por Karsten Krüger

    En los debates sobre la gobernanza del sistema educativo nacional o regional, la calidad de la educación es una palabra clave que, como muchas otras palabras clave utilizadas en los debates y estrategias políticas, sigue sin explicarse bien.

    En la mayoría de los casos, la calidad de la educación está relacionada con indicadores cuantitativos como el número de docentes, la proporción de docentes por alumno, la financiación y la financiación por parte de los alumnos como factores de entrada, la cantidad de tiempo de instrucción directa, el grado de aprendizaje activo como indicadores de proceso o puntuación de exámenes, las tasas de graduación como indicadores de productos y la inserción en el mercado laboral como indicadores de resultados (véase Chapman,  D. y Adams, D. 2002).[1] Se supone que los indicadores cuantitativos tienen algo que decir sobre la calidad de la educación. Este es el supuesto básico del enfoque de clasificación, especialmente en la educación superior. Sin entrar en el debate sobre si los indicadores cuantitativos podrían utilizarse para medir la calidad, lo importante es la definición subyacente de calidad. Esto requiere aclarar primero, ¿qué significa calidad de la educación?

    Según la UNESCO, la educación de calidad empodera al individuo, pero no existe una definición unificada de la misma. «La educación de calidad es un concepto dinámico que cambia y evoluciona con el tiempo y los cambios en los contextos sociales, económicos y ambientales del lugar, pero un denominador común es que la educación “debe equipar a todas las personas, mujeres y hombres, para que participen plenamente en sus propias comunidades y también sean ciudadanos del mundo”».

    El primer paso es preguntarse por el nivel para el cual se define la calidad de la educación: por ejemplo, el sistema educativo en su conjunto, el contexto concreto de aprendizaje de los alumnos (las escuelas) o el impacto en los individuos. Este último se define actualmente a través de resultados de aprendizaje (véase la Figura 1).

    Los resultados del aprendizaje se miden y evalúan generalmente en términos de alfabetización, matemática y conocimientos de otras disciplinas escolares, como, por ejemplo, en el estudio PISA. Pero dicha evaluación no cubre los aspectos principales que se mencionan en la definición de la UNESCO: la plena participación en sus comunidades y como ciudadanos en el mundo. Tampoco cubre una amplia gama de competencias para la vida, incluidas las actitudes y los valores. Este es el desafío abierto de la medición de la calidad de la educación.

    Esta falta de medición de la calidad de la educación en términos de empoderamiento afecta directamente a la educación cívica y a la educación para la democracia. Emerge la cuestión de cómo se puede evaluar la ciudadanía democrática responsable y cuáles podrían ser los indicadores para medir la calidad de la educación en las áreas de educación democrática o cívica a nivel del contexto de aprendizaje y del sistema educativo. Aquí entra en juego el concepto de «competencia».

    Figura 1: Factores que influyen en la calidad educativa

    En las últimas décadas, la competencia se ha convertido en la palabra clave para el diseño de estrategias educativas internacionales y europeas. De acuerdo con Telling y Seapioni (2019), este proceso se inició a principios de la década de 1970 con la fase fundacional, que finalizó a finales de la década de 1990. La segunda fase de consolidación como término clave para las políticas educativas se inició en la década de 2000 con el impulso de la OCDE a su estudio PISA y en la UE con la aprobación de la llamada Estrategia de Lisboa y el desarrollo del Marco Europeo de Cualificaciones, y en Europa con la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, con la llamada Estrategia de Bolonia en su centro. En particular, la Estrategia de Lisboa hizo más hincapié en el valor económico de la educación, con el aprendizaje basado en competencias en su centro (CEDEFOP 2009a). La tercera fase comenzó en la UE tras la crisis financiera y económica de 2009, ampliando su ámbito de aplicación, introduciendo en el debate nuevos objetivos, como la cohesión social. Interculturalidad y habilidades sociales.

    El origen conceptual del concepto competencia es doble. Uno se encuentra en el trabajo psicológico de White (1959) y más tarde de McClelland (1973), que fue utilizado por Boyatzis (1982) para elaborar un enfoque de competencias para la gestión de recursos humanos en las empresas. Otro origen es la idea de Chomsky de las competencias lingüísticas y de un hablante ideal que domina perfectamente una lengua. De acuerdo con Telling y Serapioni (2019), el cambio de competencias en la gestión de recursos humanos fue uno de los impulsores de su adaptación a las políticas educativas en el primer período. Roegiers (2016) mencionó como un motor importante hacia el enfoque competencial, el enfoque de enseñanza por objetivos que propone tomar como referencia para el diseño curricular «lo que el alumno debe dominar, sobre la base de una división en objetivos operativos» (Roegiers 2019: 10). A pesar de su creciente relevancia para las políticas educativas, o probablemente su creciente relevancia política, su comprensión sigue siendo objeto de controversia, pero existe una comprensión central como resultado de un proceso de aprendizaje y un atributo individual que se revela en el desempeño (véase Telling y Seapioni, 2019).

    La aplicación del enfoque por competencias en la política educativa europea en la década de 1990, a pesar de que la UE no tiene competencia política en este ámbito, se produjo a través de la percepción de que la educación es un motor de crecimiento y empleo y el cambio hacia la concepción del aprendizaje permanente, delegando la responsabilidad a los ciudadanos en sus trayectorias profesionales, siendo la empleabilidad la segunda palabra clave (véase CE 1996).[2] Implica que la visión de la educación y la formación se extienda a todas las etapas de la vida, pero también a otros ámbitos del aprendizaje como el aprendizaje no formal e informal. El Libro Blanco sobre Educación y Formación (CE 1995) de la Comisión Europea, que allanó el camino para el enfoque del aprendizaje permanente, sigue utilizando el término «conocimiento» como referencia. Cinco años más tarde, enmarcado en la llamada Estrategia de Lisboa, el documento estratégico Hacer realidad un espacio europeo de aprendizaje permanente utilizaba el término «competencia» como referencia clave, pero aún combinado con «conocimiento».[3] También se habla de «competencias» en la Declaración de Bolonia del año 1999, que es el punto de partida de la creación del Espacio Europeo de Educación Superior y que se convirtió en su punto de referencia en los años siguientes para el esbozo del Marco de Cualificaciones para el Espacio Europeo de Educación Superior y el diseño de los planes de estudios de educación superior [4], y más tarde del Marco Europeo de Cualificaciones y de todo el sistema educativo europeo.

    La implementación del enfoque de competencias dio lugar al desarrollo de una amplia gama de competencias clave, que se consideran «necesarias para todos para la realización y el desarrollo personal, la empleabilidad, la inclusión social y la ciudadanía activa». La principal propuesta de competencias clave es el marco con ocho competencias: 1) competencia en lectoescritura; 2) competencia multilingüe; 3) competencia matemática y competencia en ciencia, tecnología e ingeniería; 4) competencia digital; 5) competencia personal, social y de aprender a aprender; 6) competencia ciudadana; 7) competencia emprendedora; y 8) competencia en conciencia y expresión culturales.

    Como señalaron Gordon et al. (2009), las tres primeras competencias pueden vincularse a las asignaturas escolares e integrarse en sus planes de estudio. Las otras cinco competencias son transversales, ya que no se pueden vincular fácilmente a una sola asignatura, lo que implica diferentes aspectos como el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la empatía, y la gestión de las emociones. Es decir, se deben implementar de manera transversal en todas las áreas temáticas. Sin embargo, la práctica escolar indica que a menudo se les asignan áreas temáticas específicas, tomando el ejemplo de las competencias ciudadanas y su vinculación con las áreas temáticas de ciencias sociales. En cualquier caso, como argumentamos a continuación, tomar en serio el enfoque competencial implica repensar los métodos de evaluación.

    Se asume que la implementación del enfoque competencial implica una ruptura con las estrategias centradas en el profesor poniendo el foco en los alumnos y los estudiantes, lo que implica un cambio de la enseñanza al aprendizaje. Este cambio debería tener implicaciones para la enseñanza misma y el papel de los docentes, lo cual queda reflejado en el creciente debate sobre el aprendizaje colaborativo[5], o aprendizaje cooperativo[6], como el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje por desafíos y el aprendizaje contextual, entre otros.[7]

    Lo que probablemente sea aún más importante es que los procedimientos de evaluación también se adapten al enfoque de competencias. Para ello, es necesario aclarar primero qué significa el término «competencia». Utilizamos aquí una comprensión holística de la competencia, lo que significa, en primera instancia, un compromiso con el objetivo general de la educación de apoyar los procesos de aprendizaje individuales para empoderar a las personas. Posteriormente, se relaciona con un área específica de la vida o del trabajo. Las personas competentes son aquellas que pueden actuar adecuadamente en situaciones concretas dando respuesta a la expectativa de los demás aplicando sus conocimientos, habilidades y actitudes aprendidas en entornos formales, no formales e informales para un área social específica.[8]

    La competencia es un potencial, que solo puede ser observado en un desempeño concreto y evaluado por un observador externo.[9] Esta complementariedad de competencia y desempeño no ha recibido suficiente atención en el debate sobre competencias, pero la evaluación de competencias depende necesariamente de los resultados. La evaluación de la idoneidad de una acción o de una competencia presupone siempre tener una idea de lo que debe evaluarse. Para ello es necesario establecer criterios de lo que se considera una acción adecuada, que en los sistemas educativos son fijados por evaluadores expertos (véase Pfadenhauer, 2014: 45) definiendo los resultados de aprendizaje esperados[10].

    A través de la definición de resultados de aprendizaje o criterios similares para la evaluación de la acción adecuada, el individuo se enfrenta a un esquema normativo de acción competente según el campo de acción, por ejemplo, un ciclo de formación profesional o una asignatura escolar. El individuo cuya competencia se evalúa, no tiene ninguna influencia ni en la definición de los criterios ni de la situación, que se ha preparado por su evaluación. Se trata de estándares de competencia que permiten concluir a partir del rendimiento el grado de competencia que ha alcanzado el alumno.

    Por esta razón, en el campo de la educación cívica el debate sobre la buena ciudadanía cobró relevancia preguntando qué tipo de ciudadanía esperamos. Sin embargo, como señalamos en el documento Conceptual Framework and Vision: Responsible Democratic Citizenship and Education for Democracy, del Proyecto DEMOCRAT, la ciudadanía es una figura que se encuentra en cualquier Estado-nación, sea democrático o no. Por esta razón, es importante definir qué significa el comportamiento democrático, definir los criterios de evaluación, ampliarlos para su evaluación en las escuelas y determinar cómo evaluar.

    Figura 2: Modelo del aprendizaje de competencias de ciudadanía democrática responsable

    La Figura 2 muestra un modelo básico de cómo una persona aprende (o no) a convertirse en un ciudadano democrático responsable, que incluye también a las personas que no son consideradas por el Estado como ciudadanos o sus hijos. Se basa en un modelo de trabajo propuesto por Hoskins et al (2008).

    La tercera columna representa las competencias de una ciudadanía responsable y democrática, que se conceptualizan, siguiendo el Marco Europeo de Cualificaciones, como conocimientos, capacidades y actitudes fácticas. El aprendizaje de estas competencias depende del entorno de aprendizaje formal, no formal e informal de las personas. Con entorno de aprendizaje formal nos referimos aquí al sistema de educación formal con educación primaria, secundaria y terciaria, a lo que añadimos aquí la posibilidad de experimentar la democracia en la vida cotidiana, incluido el sistema político, y los medios de comunicación masivos y sociales que informan a los ciudadanos sobre lo que sucede en la sociedad. Las oportunidades de aprendizaje, como es bien sabido, dependen en gran medida de los antecedentes socioeconómicos y culturales del alumno.

    Las competencias adquiridas por los alumnos determinan, como ya se ha explicado, únicamente el potencial de actuar democráticamente. Las competencias deben demostrarse en las prácticas. Existen barreras sociales, lo que facilita el ejercicio de las competencias o lo dificulta. Esto influye en el proceso de aprendizaje posterior, pero también en el proceso de aprendizaje de los hijos de los alumnos.

    Solo a través de la actuación, es posible observar si las personas actúan de manera competente aplicando sus conocimientos, habilidades y actitudes en situaciones dadas. El grado de idoneidad de una actuación no depende únicamente de las competencias y otros recursos personales de la persona que actúa, sino también de los recursos externos disponibles. Esto se puede ilustrar con el ejemplo de los consumidores que quieren comprar (o consumir) de forma sostenible. Para ello, los consumidores necesitan la información necesaria sobre los productos y servicios (como la huella ecológica u otras etiquetas ecológicas) para poder compararlos. Además, también necesitarían información sobre los certificados. Es decir, qué es lo que realmente está certificado y si el organismo de certificación es fiable.

    Una situación de desempeño está compuesta por la situación misma, por ejemplo, ser elegido delegado de clase y la expectativa social, cómo actuar apropiadamente como delegado de clase; por los recursos personales, en el ejemplo del delegado de clase se puede mencionar las competencias para actuar democráticamente, los recursos externos disponibles para la actuación y la situación personal de las personas.

    Según Le Boterf (2010), los actores necesitan saber: por un lado, cómo combinar y movilizar un conjunto de recursos personales y recursos externos adicionales disponibles en el entorno; y, por otro lado, cómo actuar en la práctica y gestionar adecuadamente situaciones concretas (véase la figura 3). Desde esta perspectiva, la competencia de las personas se basa en un conjunto de recursos personales/externos y en su capacidad para utilizar estos recursos en situaciones concretas, así como para buscar y utilizar recursos adicionales relevantes para hacer frente a la situación o a un conjunto de situaciones. También la situación personal del actor influye en la interpretación. Un ejemplo sencillo de esto es que una persona que, por alguna razón, no durmió la noche anterior, probablemente no se desempeñará de la misma manera que si hubiera descansado adecuadamente.

    Figura 3: Performance de la Competencia

    Para una evaluación de las competencias dentro del sistema de educación formal, no es suficiente un estándar general de adecuación. Una de las principales funciones del sistema educativo formal es, según el sociólogo alemán N. Luhmann, la selección para hacer posible el diseño de una vida o carrera profesional. Esto implica que cada competencia debe ser mapeada en una escala de adecuación con el fin de seguir el desarrollo de la competencia y tener la base para un procedimiento de selección detallado. Es decir, que el proceso de evaluación no solo debe determinar la idoneidad de la acción, sino también los diferentes grados de idoneidad. Por lo tanto, la evaluación de competencias siempre implica competencia. No se trata solo de actuar adecuadamente, sino también hacerlo mejor que los demás.

    En otras palabras, la evaluación de la competencia para una ciudadanía democrática responsable es un proceso muy complejo, que comienza con la creación de un ideal de ciudadano democrático responsable, pasa por determinar qué competencias se requieren y escalar el grado de adecuación en situaciones estándar, para luego diseñar situaciones de prueba estandar en la que se pueda observar y evaluar la aplicación de las competencias a través del desempeño. Dado que el desempeño democrático es, por naturaleza, la interacción social con otros actores y procesos en el tiempo, es difícil crear una situación de prueba. Una forma alternativa es una evaluación continua del desempeño. Por ejemplo, en el caso de los delegados de una clase, cómo actúan durante un período determinado. Esto también se puede aplicar al comportamiento democrático como transversal a las disciplinas, por ejemplo, en el curso del aprendizaje colaborativo o cooperativo.

    ¿Qué significa esto para la medición de la calidad de la educación en una escuela o en todo el sistema educativo? Indica que el enfoque de competencias dificulta la medición de la calidad de una escuela o de un sistema educativo, si nos tomamos en serio el concepto de competencia. Nuestro argumento era que las competencias como tales existen solo como un potencial y deben ser evaluadas por el desempeño. Esto es difícil en el caso de las competencias transversales, como explicamos aquí con el ejemplo de la competencia para una ciudadanía democrática responsable. Solo pueden ser observados a través de una performance, lo que: a) implica interacción social con otros actores, b) necesita tener una duración en el tiempo. Y su eficiencia a menudo no se produce en el mismo momento de la actuación, sino en una etapa posterior de la vida de los alumnos en forma de partidismo, votación, participación formal e informal. Como indica nuestro modelo de trabajo, la participación política está muy influenciada por la sociedad y el contorno de lo político, más concretamente por la capacidad de respuesta (percibida) del sistema político en combinación con la percepción individual de la posibilidad de influir en la decisión política en los diferentes niveles políticos, pero también en otros ámbitos sociales como la escuela. Por lo tanto, resulta difícil de medir la calidad de un sistema educativo en relación con las competencias transversales como la competencia para una ciudadanía democrática con las herramientas que se aplica, por ejemplo, en los estudios PISA.

    [1] Chapman, D. W., & Adams, D. K. (2002). La calidad de la educación: dimensiones y estrategias. Hong Kong: Banco Asiático de Desarrollo.

    [2] CE (1996) Libro Blanco sobre Educación y Formación. Enseñanza y aprendizaje. Hacia la sociedad del aprendizaje.

    [3] En el glosario del documento en inglés, la competencia se define como «la capacidad de utilizar eficazmente la experiencia, los conocimientos y las cualificaciones» (CE 2001: 31).

    [4] Véase, por ejemplo, el proyecto Tuning (https://www.unideusto.org/tuningeu), que se inicia en el año 2000 como un proyecto del programa Erasmus para impulsar el proceso de Bolonia y, posteriormente, para promover los objetivos del Proceso de Lisboa en la enseñanza superior.

    [5] «… collaborative learning was founded by humanity educators in higher education, based on theories of constructivism (Piaget and Vygotsky) and critical pedagogy (Freire), with the goal of shifting the structure of authority in education». (Yang, X. 2023: 719) A Historical Review of Collaborative Learning and Cooperative Learning. TechTrends (2023) 67:718–728 https://doi.org/10.1007/s11528-022-00823-9

    [6] «… cooperative learning was established by social psychologists and STEM educators to improve K-12 education in a culture of competition and individualism, based on theories of social interdependence (Lewin and Deutsch), constructivism (Piaget and Vygotsky), and behaviorist learning theories (Skinner and Bandura)». (Ibidem 719)

    [7] Ambos enfoques surgieron en la década de 1960, convirtiéndose en el campo de los estudios académicos en la década de 1970 y haciéndose más popular en las décadas de 1980 y 1990.

    [8] Se puede esperar que un mecánico de automóviles tenga las competencias para reparar un automóvil y actuar adecuadamente para resolver un problema del motor. No se puede esperar lo mismo de un trabajador social, de quien se puede esperar que actúe adecuadamente para resolver problemas sociales, por ejemplo, en las familias. Tanto el mecánico de automóviles como el trabajador social necesitan competencias holísticas en su campo de trabajo. No se puede esperar una acción apropiada en una situación dada si una persona solo ha aprendido un aspecto específico de la supuesta competencia.

    [9] También pueden ser los propios actores, quienes toman la posición de un observador y evalúan su propia actuación.

    [10] La referencia para la evaluación de competencias es el concepto de resultados de aprendizaje que, como se ha mostrado anteriormente, es clave para la Estrategia Europea de Educación y Cualificaciones.

  • Educació per a la Democràcia: Qualitat de l’educació i avaluació

    Per Karsten Krüger

     

    En els debats sobre la governança del sistema educatiu nacional o regional, la qualitat de l’educació és una paraula clau, que com moltes altres paraules clau utilitzades en els debats i estratègies polítiques, continua sense explicar-se bé.

    En la majoria dels casos, la qualitat de l’educació està relacionada amb indicadors quantitatius com el nombre de docents, la proporció de docents per alumnes, el finançament i el finançament per part dels alumnes com a factors d’ entrada, la quantitat de temps d’instrucció directa, el grau d’aprenentatge actiu com a indicadors de procés o puntuació d’exàmens,  les taxes de graduació com a indicadors de productes i la inserció en el mercat laboral com a indicadors de resultats (vegeu Chapman, D. i Adams, D. 2002).[1] Se suposa que els indicadors quantitatius tenen alguna cosa a dir sobre la qualitat de l’educació. Aquest és el supòsit bàsic de l’enfocament de classificació, especialment en l’educació superior. Sense entrar en el debat sobre si els indicadors quantitatius podrien utilitzar-se per mesurar la qualitat, l’important és la definició subjacent de qualitat. Això requereix aclarir primer, què significa qualitat de l’educació?

    Segons la UNESCO[2], l’educació de qualitat empodera a l’individu, però no hi ha una definició unificada d’aquesta. «L’educació de qualitat és un concepte dinàmic que canvia i evoluciona amb el temps i els canvis en els contextos socials, econòmics i ambientals del lloc”, però un denominador comú és que l’educació “ha d’equipar totes les persones, dones i homes, perquè participin plenament en les seves pròpies comunitats i també siguin ciutadans del món.»

    El primer pas és preguntar-se pel nivell per al qual es defineix la qualitat de l’educació: per exemple, el sistema educatiu en el seu conjunt, el context concret d’aprenentatge dels alumnes (les escoles) o l’impacte en els individus. Aquest últim es defineix actualment a través de resultats d’aprenentatge (vegeu la Figura 1).

    Els resultats de l’aprenentatge es mesuren i avaluen generalment en termes d’alfabetització, matemàtica i coneixements d’altres disciplines escolars, com, per exemple, a l’estudi PISA. Però aquesta avaluació no cobreix els aspectes principals, que s’esmenten en la definició de la UNESCO: la plena participació en les seves comunitats i com a ciutadans al món. Tampoc cobreix una àmplia gamma de competències per a la vida, incloses les actituds i els valors. Aquest és el desafiament obert del mesurament de la qualitat de l’educació.

    Aquesta manca de mesurament de la qualitat de l’ educació en termes d’apoderament afecta directament l’educació cívica i l’ educació per a la democràcia, i sorgeix la qüestió de com es pot avaluar la ciutadania democràtica responsable i quins podrien ser indicadors per mesurar la qualitat de l’educació en les àrees d’educació democràtica o cívica a nivell del context d’aprenentatge i del sistema educatiu. Aquí entra en joc el concepte de competència.

    Figura 1: Factors que influeixen en la qualitat educativa

    En les darreres dècades, competència ha esdevingut la paraula clau per al disseny d’estratègies educatives internacionals i europees. D’acord amb Telling i Seapioni (2019) [3], aquest procés es va iniciar a principis de la dècada de 1970 amb la fase fundacional, que va finalitzar a finals de la dècada de 1990. La segona fase de consolidació com a terme clau per a les polítiques educatives es va iniciar en la dècada del 2000 amb l’ impuls de l’OCDE al seu estudi PISA i a la UE amb l’aprovació de l’anomenada Estratègia de Lisboa i el desenvolupament del Marc Europeu de Qualificacions, i a Europa amb la creació de l’Espai Europeu d’Educació Superior,  amb l’anomenada Estratègia de Bolonya al seu centre. En particular, l’Estratègia de Lisboa va fer posar més l’accent en el valor econòmic de l’educació, amb l’aprenentatge basat en competències en el seu centre (CEDEFOP 2009a). La tercera fase va començar a la UE després de la crisi financera i econòmica del 2009, ampliant el seu àmbit d’aplicació, introduint en el debat nous objectius, com la cohesió social, interculturalitat i habilitats socials.

    L’ origen conceptual del concepte competència és doble. Un es troba en el treball psicològic de White (1959)[4] i més tard de McClelland (1973)[5], que va ser utilitzat per Boyatzis (1982)[6] per elaborar un enfocament de competències per a la gestió de recursos humans a les empreses. Un altre origen és la idea de Chomsky de les competències lingüístiques i d’un parlant ideal que domina perfectament una llengua. D’acord amb Telling i Serapioni (2019), el canvi de competències en la gestió de recursos humans va ser un dels impulsors de la seva adaptació a les polítiques educatives en el primer període. Roegiers (2016)[7] va esmentar com un motor important cap a l’enfocament competencial, l’enfocament d’ensenyament per objectius que proposa prendre com a referència per al disseny curricular “el que l’alumne ha de dominar, sobre la base d’una divisió en objectius operatius” (Roegiers 2019: 10). Malgrat la seva creixent rellevància per a les polítiques educatives, o probablement la seva creixent rellevància política, la seva comprensió continua sent objecte de controvèrsia, però existeix una comprensió central com a resultat d’un procés d’aprenentatge i un atribut individual que es revela en l’acompliment (vegeu Telling i Seapioni 2019).

    L’ aplicació de l’ enfocament per competències en la política educativa europea en la dècada de 1990, tot i que la UE no té competència política en aquest àmbit, es va produir a través de la percepció que l’ educació és un motor de creixement i ocupació i el canvi cap a la concepció de l’aprenentatge permanent, delegant la responsabilitat als ciutadans en les seves trajectòries professionals, sent l’ocupabilitat la segona paraula clau (vegeu CE 1996).[8] Implica que la visió de l’educació i la formació s’ estengui a totes les etapes de la vida, però també a altres àmbits de l’educació com l’aprenentatge no formal i informal. El Llibre Blanc sobre Educació i Formació (CE 1995) de la Comissió Europea, que va aplanar el camí per a l’enfocament de l’aprenentatge permanent, continua utilitzant el terme ‘coneixement’ com a referència. Cinc anys més tard, emmarcat en l’anomenada Estratègia de Lisboa, el document estratègic “Fer realitat un espai europeu d’aprenentatge permanent” utilitzava el terme com a referència clau, però encara combinat amb el coneixement.[9] També en la Declaració de Bolonya de l’any 1999, que és el punt de partida de la creació de l’Espai Europeu d’Educació Superior, es parla de competències, que es va convertir en el seu punt de referència en els anys següents per a l’esbós del Marc de Qualificacions per a l’Espai Europeu d’ Educació Superior i el disseny dels plans d’estudis d’educació superior[10], i més tard del Marc Europeu de Qualificacions i de tot el sistema educatiu europeu.

    La implementació de l’enfocament de competències va donar lloc al desenvolupament d’una àmplia gamma de competències clau, que es consideren «necessàries per a tothom per a la realització i el desenvolupament personal, l’ocupabilitat, la inclusió social i la ciutadania activa». La principal proposta de competències clau és el marc amb 8 competències: 1) competència en lectoescriptura; 2) competència multilingüe; 3) competència matemàtica i competència en ciència, tecnologia i enginyeria; 4) competència digital; 5) competència personal, social i d’aprendre a aprendre; 6) competència ciutadana; 7) competència emprenedora; i 8) competència en consciència i expressió culturals.

    Com van assenyalar Gordon et al. (2009) [11], les tres primeres competències poden vincular-se a les assignatures escolars i integrar-se en els seus plans d’estudi. Les altres cinc competències són transversals, ja que no es poden vincular fàcilment a una sola assignatura, la qual cosa implica diferents aspectes com el pensament crític, la creativitat, la resolució de problemes, l’empatia, i la gestió de les emocions. És a dir, s’han d’implementar de manera transversal en totes les àrees temàtiques. No obstant això, la pràctica escolar indica que sovint se’ls assignen àrees temàtiques específiques, prenent l’exemple de les competències ciutadanes i la seva vinculació amb les àrees temàtiques de ciències socials. En qualsevol cas, com argumentem a continuació, prendre de debò l’enfocament competencial implica repensar els mètodes d’avaluació.

    S’ assumeix que la implementació de l’enfocament competencial implica un trencament amb les estratègies centrades en el professor posant el focus en l’alumnat i els estudiants, la qual cosa implica un canvi de l’ensenyament a l’aprenentatge. Aquest canvi hauria de tenir implicacions per a l’ensenyament mateix i el paper dels docents, la qual cosa queda reflectida en el creixent debat sobre l’aprenentatge col·laboratiu[12] o aprenentatge cooperatiu[13] com l’aprenentatge basat en problemes, l’aprenentatge basat en projectes, l’aprenentatge per desafiaments i l’aprenentatge contextual entre d’altres.[14]

    El que probablement sigui encara més important és que els procediments d’avaluació també s’adaptin a l’enfocament de competències. Per a això, cal aclarir primer què significa competències. Utilitzem aquí una comprensió holística de la competència, la qual cosa significa, en primera instància, un compromís amb l’objectiu general de l’educació de donar suport als processos d’aprenentatge individuals per empoderar les persones. En el segon cas, es relaciona amb una àrea específica de la vida o del treball. Les persones competents són aquelles que poden actuar adequadament en situacions concretes donant resposta a l’expectativa dels altres aplicant els seus coneixements, habilitats i actituds apreses en entorns formals, no formals i informals per a una àrea social específica.[15]

    La competència és un potencial, que només pot ser observat en un acompliment concret i avaluat per un observador extern.[16] Aquesta complementarietat de competència i acompliment no ha rebut prou atenció en el debat sobre competències, però l’avaluació de competències depèn necessàriament dels resultats. L’avaluació de la idoneïtat d’una acció o d’una competència pressuposa sempre tenir una idea del que s’ha d’avaluar. Per a això és necessari establir criteris del que es considera una acció adequada, que en els sistemes educatius són fixats per avaluadors experts (vegeu Pfadenhauer 2014: 45) [17] definint els resultats d’aprenentatge esperats[18].

    A través de la definició de resultats d’aprenentatge o criteris similars per a l’avaluació de l’acció adequada, l’individu s’enfronta a un esquema normatiu d’acció competent segons el camp d’acció -per exemple, un cicle de formació professional o una assignatura escolar. L’individu les competències del qual s’ avalua, no té cap influència ni en la definició dels criteris ni de la situació, que s’ha preparat per la seva avaluació. Es tracta d’estàndards de competència que permeten concloure a partir del rendiment el grau de competència que ha assolit l’alumne.

    Figura 2: Model de l’aprenentatge de competències de ciutadania democràtica responsable

    Per aquesta raó, en el camp de l’educació cívica el debat sobre la bona ciutadania va cobrar rellevància preguntant quin tipus de ciutadania esperem. Tanmateix, com assenyalem en el document “Visió per a una educació la democràcia del Projecte DEMOCRAT”, la ciutadania és una figura que es troba en qualsevol Estat-nació, sigui democràtic o no. Per aquesta raó, és important definir què significa el comportament democràtic, definir els criteris d’avaluació, ampliar-los per a la seva avaluació a les escoles i determinar com avaluar.

    La Figura 2 mostra un model bàsic, de com una persona aprèn (o no) a convertir-se en un ciutadà democràtic responsable, que inclou també les persones que no són considerades per l’Estat com a ciutadans o els seus fills. Es basa en un model de treball proposat per Hoskins et al (2008) [19].

    La tercera columna representa les competències d’una ciutadania responsable i democràtica, que es conceptualitzen, seguint el Marc Europeu de Qualificacions, com coneixements, capacitats i actituds fàctiques. L’ aprenentatge d’ aquestes competències depèn de l’ entorn d’ aprenentatge formal, no formal i informal de les persones. Amb entorn d’aprenentatge formal ens referim aquí al sistema d’educació formal amb educació primària, secundària i terciària, al que afegim aquí la possibilitat d’ experimentar la democràcia en la vida quotidiana, inclòs el sistema polític, i els mitjans de comunicació massius i socials que informen la ciutadania sobre el que succeeix en la societat. Les oportunitats d’aprenentatge, com és ben sabut, depenen en gran mesura dels antecedents socioeconòmics i culturals de l’alumne.

    Les competències adquirides pels alumnes determinen, com ja s’ha explicat, únicament el potencial d’actuar democràticament. Les competències s’han de demostrar en les pràctiques. Hi ha barreres socials, cosa que facilita l’exercici de les competències o ho dificulta. Això influeix en el procés d’aprenentatge posterior, però també en el procés d’aprenentatge dels fills de l’alumnat.

    Només a través de l’actuació, és possible observar si les persones actuen de manera competent aplicant els seus coneixements, habilitats i actituds en situacions donades. El grau d idoneïtat d’una actuació no depèn únicament de les competències i altres recursos personals de la persona que actua, sinó també dels recursos externs disponibles. Això es pot il·lustrar amb l’exemple dels consumidors que volen comprar (o consumir) de forma sostenible. Per a això, els consumidors necessiten la informació necessària sobre els productes i serveis (com la petjada ecològica o altres etiquetes ecològiques) per poder comparar-los. A més, també necessitarien informació sobre els certificats. És a dir, què és el que realment està certificat i si l’organisme de certificació és confiable.

    Una situació d’acompliment està composta per la situació mateixa, per exemple, ser elegit com a delegat de classe i l’expectativa social, com actuar apropiadament com a delegat de classe; pels recursos personals, en l’exemple de la classe delegar les competències per actuar democràticament entre d’altres, els recursos externs disponibles per a l’actuació, la situació personal de les persones.

    Segons Le Boterf (2010) [20], els actors necessiten saber: d’una banda, com combinar i mobilitzar un conjunt de recursos personals i recursos externs addicionals disponibles en l’entorn; i, d’altra banda, com actuar a la pràctica i gestionar adequadament situacions concretes (vegeu la figura 3). Des d’aquesta perspectiva, la competència de les persones es basa en un conjunt de recursos personals/externs i en la seva capacitat per utilitzar aquests recursos en situacions concretes, així com per buscar i utilitzar recursos addicionals rellevants per fer front a la situació o a un conjunt de situacions. També la situació personal de l’actor influeix en la interpretació. Un exemple senzill d’això és que una persona que, per alguna raó, no va dormir la nit anterior, probablement no s’exercirà de la mateixa manera que si hagués descansat adequadament.

    Figura 3: Performance de la Competència

    Per a una avaluació de les competències dins del sistema d’educació formal, no és suficient un estàndard general d’adequació. Una de les principals funcions del sistema educatiu formal és, segons el sociòleg alemany N. Luhmann, la selecció per fer possible el disseny d’una vida o carrera professional. Això implica que cada competència ha de ser mapada en una escala d’adequació per tal de seguir el desenvolupament de la competència i tenir la base per a un procediment de selecció detallat. En altres paraules, el procés d’avaluació no només ha de determinar la idoneïtat de l’acció, sinó també els diferents graus d’idoneïtat. Per tant, l’avaluació de competències sempre implica competència. No es tracta només d’actuar adequadament, sinó també fer-ho millor que els altres.

    S’ha de tenir en compte que, l’avaluació de la competència per a una ciutadania democràtica responsable és un procés molt complex, que comença amb la creació d’un ideal de ciutadà democràtic responsable. Determinar quines competències es requereixen i escalar el grau d’adequació en situacions estàndard. Dissenyar una situació de prova en la qual es pugui observar i avaluar l’aplicació de les competències a través de l’acompliment. Atès que l’acompliment democràtic és, per naturalesa, la interacció social amb altres actors i processos en el temps, és difícil crear una situació de prova. Una forma alternativa és una avaluació contínua de l’acompliment. Per exemple, en el cas dels delegats d’una classe, com actuen durant un període determinat. Això també es pot aplicar al comportament democràtic com a transversal a les disciplines, per exemple, en el curs de l’aprenentatge col·laboratiu o cooperatiu.

    Què significa això per al mesurament de la qualitat de l’educació en una escola o en tot el sistema educatiu? Indica que l’enfocament de competències dificulta el mesurament de la qualitat d’una escola o d’un sistema educatiu, si ens prenem seriosament el concepte de competència. El nostre argument era que les competències com a tals existeixen només com un potencial i han de ser avaluades per l’acompliment. Això és difícil en el cas de les competències toves o transversals, com expliquem aquí amb l’exemple de la competència per a una ciutadania democràtica responsable. Només poden ser observats a través d’una performance , cosa que a) implica interacció social amb altres actors, b) necessita tenir una durada en el temps; I la seva eficiència sovint no es produeix en el mateix moment de l’actuació, sinó en una etapa posterior de la vida dels alumnes en forma de partidisme, votació, participació formal i informal. Com indica el nostre model de treball, la participació política està molt influenciada per la societat i el contorn del d’allò que és polític, més concretament de la capacitat de resposta (percebuda) del sistema polític en combinació amb la percepció individual de la possibilitat d’influir en la decisió política en els diferents nivells polítics, però també en altres àmbits socials com l’escola.

    [1] Chapman, D. W., & Adams, D. K. (2002). La qualitat de l’ educació: dimensions i estratègies. Hong Kong: Banc Asiàtic de Desenvolupament.

    [2] UNESCO (2005) Contributing to a more sustainable future: quality education, life skills and education for sustainable development. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000141019

    [3] Telling, K. & Serapioni, M. (2019) The rise and change of competence strategy: refelections on twenty-fice years of skills policies in the EU. In European Educational Research Journal 2019, Vol. 18(4) 387–406.

    [4]  White, R. W. (1959). Motivation reconsidered: the concept of competence. Psychological review, 66(5), 297

    [5] McClelland, D. C. (1973). Testing for competence rather than for” intelligence.”. American psychologist, 28(1), 1.

    [6] Boyatzis, R. E. (1982). The competent manager: A model for effective performance. Nueva York.

    [7] Boyatzis, R. E. (1982). The competent manager: A model for effective performance. Nueva York.

    [8] CE (1996) Llibre Blanc sobre Educació i Formació. Ensenyament i aprenentatge. Cap a la societat de l’aprenentatge.

    [9] En el glossari del document en anglès, la competència es defineix com “la capacitat d’utilitzar eficaçment l’experiència, els coneixements i les qualificacions” (CE 2001: 31)

    [10] Vegeu, per exemple, el projecte Tuning (https://www.unideusto.org/tuningeu), que s’inicia l’any 2000 com un projecte del programa Erasmus per impulsar el procés de Bolonya i, posteriorment, per promoure els objectius del Procés de Lisboa en l’ensenyament superior.

    [11] Gordon, J. et al. (2009) : Key competences in Europe: Opening doors for lifelong learners across the school curriculum and teacher education, CASE Network Reports, No. 87, Center for Social and Economic Research (CASE), Warsaw

    [12] «Collaborative learning was founded by humanity educators in higher education, based on theories of constructivism (Piaget and Vygotsky) and critical pedagogy (Freire).» (Yang, X. 2022: 719) Una revisió històrica de l’aprenentatge col·laboratiu i l’aprenentatge cooperatiu.

    [13] «Cooperative learning was established by social psychologists and STEM educators to improve K-12 education in a culture of competition and individualism, based on theories of social interdependence (Lewin and Deutsch), constructivism (Piaget and Vygotsky), and behaviorist learning theories (Skinner and Bandura).» (Ibidem 719)

    [14] Ambdós enfocaments van sorgir en la dècada de 1960, convertint-se en el camp dels estudis acadèmics en la dècada de 1970. fent-se més popular en les dècades de 1980 i 1990

    [15] Es pot esperar que un mecànic d’ automòbils tingui les competències per reparar un automòbil i actuar adequadament per resoldre un problema del motor. No es pot esperar el mateix d’un treballador social, de qui es pot esperar que actuï adequadament per resoldre problemes socials, per exemple, en les famílies. Tant el mecànic d’automòbils com el treballador social necessiten competències holístiques en el seu camp de treball. No es pot esperar una acció apropiada en una situació donada si una persona només ha après un aspecte específic de la suposada competència.

    [16] També poden ser els mateixos actors, els quals prenen la posició d’un observador i avaluen la seva pròpia actuació.

    [17] Pfadenhauer, M. (2014). Der Kompetenzstreit um ‚Kompetenz ‘–Ein umkämpftes Konstrukt in wissens-und professionssoziologischer Perspektive. In Faas, S.; Bauer, P. & Treptow. R. (Hrsgs.) Kompetenz, Performanz, soziale Teilhabe.Wiesbaden. 41-50

    [18] La referència per a l’avaluació de competències és el concepte de resultats d’aprenentatge que, com s’ha mostrat anteriorment, és clau per a l’ Estrategia Europea d’ Educació i Qualificacions.

    [19] Hoskins et al (2008) Measuring Civic Competences in Europe. Luxembourg.

    [20] Le Boterf (2010 Repenser la compétence. Paris

  • Educación para la Democracia: Formando a ciudadanos conscientes y participativos

    Educación para la Democracia: Formando a ciudadanos conscientes y participativos

    Por Equipo Escuela Josep Nin

    En un mundo en constante cambio, donde la información circula rápidamente y las decisiones políticas afectan cada vez a más aspectos de nuestra vida cotidiana, la educación para la democracia se presenta como una herramienta esencial para el desarrollo de sociedades justas y equitativas. La educación para la democracia no trata solo de enseñar a los estudiantes los sistemas políticos y los procesos electorales, sino de inculcar valores fundamentales como la tolerancia, la responsabilidad y la participación activa.

    Uno de los pilares de la educación democrática es la formación de ciudadanos críticos y bien informados. En las aulas, los estudiantes deben ser animados a cuestionar, debatir y analizar diferentes perspectivas. Esto no solo enriquece su comprensión de los temas, sino que también les permite desarrollar habilidades de pensamiento crítico necesarias para evaluar la información y tomar decisiones informadas. En este sentido, el papel del docente es crucial, puesto que debe facilitar un ambiente de diálogo abierto y respetuoso, donde todas las voces puedan ser escuchadas.

    Además, la educación para la democracia fomenta la participación activa de los estudiantes en su comunidad. Esto puede conseguirse mediante proyectos que aborden problemas locales, involucrando a los alumnos en la búsqueda de soluciones y en la implementación de iniciativas comunitarias. Estas experiencias prácticas no sólo refuerzan los conocimientos adquiridos en el aula, sino que también ayudan a los jóvenes a entender la importancia de su papel en la sociedad y desarrollar un sentido de responsabilidad social.